La reina de los mares en Montevideo

| Con muchos pasajeros jóvenes, y un servicio de lujo, es un símbolo de la navegación. Vuelve el 30 de marzo

CUBIERTA. Reposeras de madera en un estilo que busca apegarse a la tradición inglesa. 200x140
CUBIERTA. Reposeras de madera en un estilo que busca apegarse a la tradición inglesa.
El País

Con su estampa clásica —casco negro, y no blanco como el común de los cruceros— el Queen Mary II se paseó ayer al mediodía frente a las playas de Montevideo antes de depositar sus 150.000 toneladas en la dársena 1 del puerto de Montevideo.

El barco más grande del mundo, el crucero más lujoso del presente, pasó el domingo en Uruguay (partió a las 2 de la mañana rumbo a Ushuaia) y regresará el 30 de marzo, en el viaje de regreso a Londres desde Los Angeles.

Ronald W. Warwick, capitán de la nave, protagonizó el tradicional intercambio de placas que se realiza cada vez que un barco llega a un puerto por primera vez.

El ministro de Turismo Héctor Lescano representó al gobierno en esta ceremonia protocolar que se celebró en medio de un cóctel a bordo para un centenar de invitados.

Mientras el grueso de los 2.600 pasajeros del barco recorría la Ciudad Vieja o realizaba tours a Punta del Este, Colonia y una estancia turística, un grupo de operadores turísticos, periodistas y otros invitados recorrían el imponente barco.

El paseo incluyó desde el Golden Lion —típico pub inglés— al refinado restaurante Todd English, en una de las cubiertas superiores, donde luego se celebró una cena de gala para los invitados. Además, se les ofreció un espectáculo a cargo de la compañia teatral del barco en el imponente teatro para 1.200 espectadores que habitualmente realiza dos funciones diarias para los pasajeros.

Con pasillos anchos, ascensores panorámicos y una cubierta de madera a la antigua, el Queen Mary II es un barco especial. En su construcción se tuvieron en cuenta homenajes a la industria naviera de pasajeros como los detalles del principal restaurante, el Britannia, en honor al Normandie. En sus 14 niveles, la nave tiene un spa, un jardín de invierno, una galería comercial de firmas de lujo, varias piscinas, dos teatros (uno de ellos con un planetario), un champagne bar y galería de arte.

VIVIR A BORDO. Grant y Valerie, dos pasajeros británicos que viven en Grecia, pidieron un medio y medio en L’Amittie, uno de los restaurantes del Mercado del Puerto. Prefirieron eso a cualquiera de las opciones que proponía el canal de televisión que anuncia las actividades en el próximo puerto.

"Todo fue fabuloso, el servicio ha sido impecable y hubo una fiesta increíble cuando cruzamos el Ecuador", contaron. Los huéspedes del cinco estrellas flotante que constituye el Queen Mary II desestimaron las quejas de un grupo de pasajeros por la cancelación de las escalas en Saint Kitts, Barbados y Salvador de Bahia. Dijeron que sólo fueron unos pocos pasajeros los que amenazaron con hacer una "sentada" ya que entendían que el reembolso ofrecido por la compañía Cunard no era suficiente. "No es más que la cultura estadounidense de la queja, del devuélvanme la plata o les hago juicio", relativizaron, cancheros, mientras huían del calor.

Otros pasajeros comentaron que se tomaron el barco en Rio, luego de volar desde Londres u otras ciudades, y que la pierna que aguardaban con más expectativa es el cruce del Cabo de Hornos y la visita a los fiordos chilenos.

Con un día insoportable, mejor quedarse en alguna de las piscinas del barco, aunque no eran muchos quienes se encontraban allí.

En la galería de arte Acatras, en la calle Yacaré, uno de los encargados envolvía para viaje una frágil escultura de una muñeca de respetable tamaño: valió la pena abrir el domingo.

"Por suerte prefirió esto y no el gauchito, el mate y el cuero", comentó el hombre, mientras otros turistas entraban al negocio.

"Debería haber sido tamborilero", comentó en inglés un señor después de probar las lonjas de una serie de tamboriles frente al local de Hecho Acá.

El mundo es un pañuelo, y Montevideo puede llegar a ser el ombligo del mundo. En un español dificultoso, un aficionado a la fotografía que resultó ser trompetista de a bordo en el Queen Mary II le pidió al fotógrafo de El País detalles sobre su equipo. Un joven que comía un entrecot en un restaurante le dijo en inglés: "Yo a vos te conozco". Habían trabajado juntos en otro barco, en el Caribe. El trompetista confesó que no la está pasando bien y que no ve la hora de volver a la compañía Carnival, rival de Cunard.

A simple vista, el promedio de edad de los huéspedes del Queen Mary II es menor al habitual en los cruceros. Muchos pasajeros jóvenes entraron y salieron del barco en Montevideo.

Para los tripulantes, la escala en Montevideo sirve como una parada técnica. Muchos de los empleados de a bordo volvían al barco con jabón de lavar ropa y de tocador, botellas —vodka, vino— mermeladas y curiosidades (un mate, bombilla y hasta yerba). Para otros fue tiempo de recreo. Un inglés de canilleras volvía al barco orgulloso y transpirado porque había hecho el gol en la hora para el empate en el partido que acababan de disputar dos equipos de tripulantes.

Temporada con 32 escalas más

Más de 30 escalas programadas hasta el mes de abril prolongarán la temporada de cruceros en Uruguay, que comenzó a fines de octubre.

El ministro de Turismo Héctor Lescano hizo referencia a que el Ministerio de Obras Públicas considera la posibilidad de habilitar un muelle especial para cruceros de grandes dimensiones.

Según Lescano, el turismo de cruceros, es "uno de los puntos fuertes de una política nacional de turismo".

En la temporada 2004-2005 se registraron en Montevideo y Punta del Este 77 escalas de barcos de pasajeros en este régimen, con unos 58.000 pasajeros.

Para la actual temporada se esperan 109 arribos. Punta del Este figura en los itinerarios de 33 viajes de estos barcos de gran porte.

El año pasado el balneario había recibido 15 escalas con 18.000 visitantes y este verano tuvo más de una vez dos cruceros en el mismo día.

De acuerdo a los cálculos del Ministerio de Turismo cada pasajero deja unos U$S 100 en el país, que en gran medida pasan por los operadores que organizan los tours programados.

Por otro lado, los pasajeros tienen otra alternativa ni bien tocan tierra: anfitriones de casas de cuero como Casa Mario y Uruguay Leather les ofrecen paseos gratuitos que culminan con visitas a sus locales. La estrategia parece dar resultado, a juzgar por las bolsas de compras que traen varios de los turistas cuando regresan.

Prendas de lana y cuero, artesanías y piezas de arte son algunas de las compras típicas de estos turistas. No es lo más habitual que coman en el Mercado del Puerto, a pesar de que está frente a la salida del puerto: "Comen en el barco, acá vienen a tomar algo", comentó un parrillero.

Intimidades

PUB. En el pub Golden Lions se puede comer especialidades populares británicas como "fish & chips" y jugar torneos de dardos.

EXTRA. El restaurante Todd English es el más sofisticado del Queen Mary II y el recargo es de U$S 20 en el almuerzo o U$S 30 la cena por persona.

CURSO. Uno de los buffet está abierto a toda hora, con comidas dulces y saladas, e integra cuatro especialidades: cocina italiana, asiática, británica y otro en el que un cheff lleva adelante un curso para sólo 36 personas.

SUBASTA. Para hoy los pasajeros tienen agendado un remate de obras de arte, entre las que se incluyen fotografías originales de Frank Sinatra y Greta Garbo, así como las pinturas que se exhiben en una galería.

FAMOSOS. H. G. Wells, Ella Fitzgerald, Walt Disney y Duke Ellington son algunos de los pasajeros de la compañía homenajeados con retratos en uno de los rincones del barco.

SALUD. Un plan odontológico a bordo del Queen Mary II (el viaje actual dura seis semanas) puede costar U$S 12.000, y un tratamiento completo de acupuntura U$S 7.600.

CHARLAS. Entre las actividades del viaje se incluyen charlas y conferencias. El comediante John Cleese (Monty Python) es uno de los habitués.

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