La pobreza de antes y la miseria de hoy

DIEGO FISCHER

Es una historia de vida que parece salida de una novela. Hasta su nombre tiene tintes literarios: Fausta. Pero muy lejos está de ser un personaje de ficción y -creo- que muchos uruguayos se verían representados en ella si la conocieran. Fausta nació en el campo muy cerca de Minas. Conoció la pobreza; una pobreza que lindaba con la miseria, pero también los valores que le trasmitieron su padre picapedrero que trabajaba en una cantera de la zona y su madre, doméstica en una estancia. A veces había solo unos pocos panes y leche en su casa como única comida; pero eso no fue nunca obstáculo para que Fausta y sus hermanos recorrieran todos los días cuatro kilómetros a pie para ir a la escuela. Ni bien se hizo adolescente trabajó en las labores del campo al igual que sus hermanos; hasta que un día pudo cursar magisterio y recibirse de maestra. Se mudó a Minas, se casó, tuvo tres hijos y dio clases en la escuela pública durante cuarenta años. Sabe muy bien lo que es la pobreza; la padeció durante mucho tiempo; pero también es una convencida de que la única manera de salir de ese mundo de necesidades y privaciones es teniendo ganas de superar la adversidad. Con orgullo cuenta que sus tres hijos son profesionales: uno enfermero, otro agrónomo y la mujer maestra.

Hoy Fausta está jubilada, pero no puede con su genio y ayuda en un colegio privado de la ciudad. También no se pierde ningún concierto, ni obra de teatro o conferencia que se dé en Minas. Se aflige cuando ve gente joven mendigando o viviendo de la caridad o la asistencia del Estado. "Así nunca van a salir de donde están", comenta y reflexiona: "¿sabe cuál es la diferencia entre la pobreza de mi niñez y juventud y la de ahora? Que en mi época había dignidad y si me apura hasta cierto orgullo bien entendido de que uno no podía esperar que otros les dieran hasta la comida. Había que trabajar y obviamente estudiar." Fausta y su marido lo aplicaron como lema de vida y criaron a tres hijos que a su vez han formado sus respectivas familias, trabajando. "No les regalamos nada, solo les exigimos que estudiaran para que ellos mismo se abrieran camino en la vida".

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