La inseguridad y la política

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Martín Aguirre

"La sociedad uruguaya se ha latinoamericanizado. Hace unos años estábamos más cerca del estilo europeo. La violencia hoy parece ser incontenible". (Juez penal, N. Valetti )

Es el tema del verano. Al calor de las insólitas cifras de homicidios, (18 en los primeros 8 días del 2012) el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, fue convocado al Parlamento para dar explicaciones sobre la situación de violencia social. El llamado, que se sabía no tendría consecuencias drásticas ya que el gobierno tiene mayoría legislativa propia, generó un choque casi folklórico entre dirigentes de la oposición, dejó en evidencia diferencias ideológicas que hacen difícil encarar políticas en común, pero sobre todo mostró que nadie tiene demasiado claro qué hacer para enfrentar el problema.

"Es el mejor ministro del Interior que tuvo el Frente Amplio". Las palabras del senador Larrañaga fueron como echar combustible sobre el fuego desatado por la ola de delitos violentos que azotó el bucólico inicio de año en Uruguay. Las mismas generaron la respuesta de su colega colorado Pedro Bordaberry, que venía acusando a Bonomi de falta de reacción ante la inusual cadena de hechos violentos. "Está en la playa en vez de estar atendiendo la situación de crisis. Bonomi es tan malo como Díaz y Tourné", replicó.

Por encima de estos chispazos políticos, la interpelación volvió a poner sobre el tapete las cifras sobre delincuencia en el país, y los diferentes enfoques sobre el tema. En relación con los homicidios, los números parecen dar la razón a quienes buscan poner paños fríos a la situación. Pese a lo insólito de lo ocurrido en los primeros días del año, las muertes violentas se mantienen estables o incluso han tenido un leve descenso en los últimos años, en una tasa que llega a los 6 homicidios anuales cada 100 mil habitantes. Cifra exigua comparada al promedio regional que es de 8,4 (Honduras tiene el récord mundial con 160) pero que parece grave si se compara con el 1,2 de Japón.

Pero donde no hay duda que la "sensación" popular tiene mayor sustento es en el tema de los delitos violentos contra la propiedad. En 2011 las rapiñas en Montevideo crecieron 6%, con lo cual la capital presenta una cifra de casi 12 mil denuncias anuales por este tipo de crimen. Además, en general, las cifras de delitos han tenido un aumento explosivo en la última década, ya que en 2001 se denunciaron 49.193 delitos, mientras que en 2011 fueron 87.364. En el mismo período se duplicaron los crímenes contra las personas (de 3.778 pasaron a 6.360). Y un tema que es difícil de cuantificar es el aumento de la violencia en los delitos, algo que reconocía hace poco el juez penal Néstor Valetti, que sostenía que "la sociedad uruguaya es cada vez más violenta".

Tal vez uno de los aspectos que pone en tela de juicio muchas de las estructuras ideológicas con que se han enfrentado estos temas, es que este aumento de la violencia en la sociedad uruguaya ocurre en un período de bonanza histórica. "Hoy nadie roba por hambre" decía hace poco el sociólogo Gustavo Leal, agregando que "el discurso de la izquierda de que la delincuencia es producto del sistema, ya no se sostiene". Algo en lo que coincidía el publicista Esteban Valenti al señalar que "la simplificación de considerar que la pobreza es la causa única del delito es una aberración".

Otros datos de la realidad ayudan a comprender un poco mejor la situación actual. Por ejemplo que el principal aumento de las rapiñas y delitos violentos se da en los barrios más pobres de la capital, mientras que los mismos caen en las áreas más acomodadas (donde hay seguridad privada). Esto de la mano de un proceso de segregación social, en el cual desaparece el antiguo sistema de barrios habitados por gente de diversos estratos económicos. Según Leal hoy "el trabajador que logra cierto éxito económico, se va de esos barrios". ¿Dos señales de ineficacia de las políticas públicas?

El otro gran tema de debate ha sido el tratamiento mediático. Muchos dirigentes oficialistas vienen impulsando la teoría de que son los medios quienes operan dando excesiva relevancia a las noticias policiales. Teoría que tanto las cifras de aumento del delito, como una mirada realista de los medios uruguayos (bastante atomizados y diversos) en los cuales "reina" el presidente Mujica, hacen difícil de sostener.

¿Qué conclusiones pueden sacarse de este debate veraniego sobre la delincuencia? Primero, que hay un hecho innegable que es el aumento de la violencia entre los uruguayos. Que es todavía menor que en muchos países de la región, pero que es notoriamente mayor que en países más similares a Uruguay en cuanto a su integración social. Y lo que es peor, que la tendencia es hacia un empeoramiento.

Segundo que, más allá de las críticas, la gestión de Bonomi ha marcado un quiebre con el enfoque que habían tenido los anteriores ministros del ramo de la era frenteamplista. Desde los "megaoperativos" por más mediáticos que estos fueran, hasta los cambios de estructura de la Policía, pasando por un enfoque menos ideológico del tema, hay diferencias apreciables con sus predecesores. Aunque ciertas denuncias de Bonomi sobre "complots" internos en la Policía siguen mostrando un nivel problemático de relación entre la dirigencia frentista y las jerarquías policiales, algo que los entendidos han marcado como esencial para comprender los problemas que ha tenido ese partido para gestionar la seguridad pública.

Pero por sobre todo que, ubicado entre los extremos ideológicos para abordar el tema, marcados en una punta por el "enfoque Bordaberry" de mano dura y en el otro el "enfoque Díaz-Tourné" de casi "ninguneo" del tema, hay un porcentaje creciente de uruguayos que tiene a la seguridad como su máxima preocupación actual. Que aguardan soluciones prácticas. Y que, en la medida que no las perciban, empezarán a mirar con menos recelo las propuestas más duras y radicales.

La frase I

Las cifras muestran un aumento de los delitos violentos, bajos aún en comparación con la región, pero con una tendencia preocupante.

La frase II

"Hoy nadie roba por hambre, el discurso histórico de la izquierda de que la delincuencia es producto del sistema, hoy ya no se sostiene". (Sociólogo Gustavo Leal)

El dato

En diez años las denuncias por delitos se duplicaron en Montevideo. En 2011 las rapiñas aumentaron un 6%, mientras que entre 2009 y 2011 habían crecido un 23%.

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