Eduardo Casanova
Médico de UCM
El ácido acetil-salicílico (aspirina), descubierto en la segunda mitad del siglo XIX, su uso como analgésico, antitérmico y antiinflamatorio se extendió rápidamente, sin embargo su utilización como anticoagulante fue más reciente. A fines de la década de 1960 se descubrió su efecto anti-agregador de plaquetas, células sanguíneas que forman el trombo, coágulo (tapón) que detiene el sangrado.
La tendencia al sangrado observada en los consumidores de aspirina durante la cirugía resultó útil para prevenir patologías provenientes de las trombosis arteriales y venosas. Recientemente se describió un efecto complementario, fibrinolítico, destructor de la malla de fibrina, proteína que forma la malla del trombo, que atrapa a las plaquetas cuando éstas se adhieren entre sí.
La aspirina, al inhibir la enzima ciclooxigenasa, impide la formación de una sustancia, el tromboxano, que es la que activa en las plaquetas el mecanismo por el que estas células se adhieren entre sí. Al mismo tiempo, en la pared de los vasos, la aspirina inhibe la prostaciclina, impidiendo la formación del trombo a ese nivel. Existen otros fármacos de acción similar, anti-inflamatorios no esteroideos (AINE), como la sulfinpirazona, el triflusal y el ditiazol.
Una dosis única de aspirina de 325 mg produce una inactivación del 90% de la ciclooxigenasa durante todo el tiempo de vida de la plaqueta que es de 4 a 7 días. Luego se comprobó que efectos similares se conseguían con dosis de 50 mg.; sin embargo el efecto sobre la pared vascular requería dosis diarias más altas, variables según el tipo de efecto que se procure.
El mecanismo fibrinolítico del ácido acetil salicílico se debe a la liberación desde los glóbulos blancos, una sustancia que destruye la fibrina que es fundamental para la formación del coágulo. Es a este efecto al que se adjudica la mayor responsabilidad al riesgo de sangrado de heridas, quirúrgicas o no, en quienes consumieron aspirina en los 4 o 5 días previos.
Las dosis.
Según los efectos que se procuren, pueden usarse desde 30 a 1500 mg diarios de aspirina. La tendencia actual es iniciar el tratamiento con 325 mg., para seguir luego con dosis que van de 75 a 325 mg. El inconveniente de utilizar dosis altas y prolongadas.
Las indicaciones.
Entre 75 y 100 mg. diarios mejoran la evolución de la angina de pecho, el infarto miocárdico, la enfermedad arterial de miembros inferiores, la isquemia cerebral transitoria y la muerte súbita por infarto cerebral. También previene trombosis y embolias en dosis de 100 mg diarios.
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