BUENOS AIRES. - El presidente Néstor Kirchner logró este viernes disciplinar a los delegados provinciales al congreso del gobernante peronismo, que debe elegir una nueva conducción fiel a su liderazgo, pese al malestar que les causó ser marginados del acto central por el aniversario del golpe de Estado de 1976.
Los congresales aprobaron la designación como presidente del Partido Justicialista (PJ, peronista) a Eduardo Fellner, gobernador de Jujuy (norte), al frente de un cuerpo ejecutivo que mostró un equilibrio entre las diferentes líneas internas.
Pero numerosos representantes abuchearon a la primera dama y senadora peronista Cristina Fernández de Kirchner en el momento en que comenzaba su discurso después de la nominación de Fellner, dirigente alineado con el primer mandatario.
"No es el primer congreso en el que no me dejan hablar, pero tal vez sea el último en el cual podamos encontrarnos", dijo en forma enérgica la legisladora, considerada uno de los cerebros del sector progresista que comanda su marido.
Fuentes partidarias no descartaron que Kirchner, de 53 años, tomará en el futuro más distancia de las desprestigiadas pero aún poderosas estructuras del PJ, luego de haber declarado el jueves que no asistiría a las deliberaciones.
"Tengo preocupaciones más importantes" que el congreso del PJ, había declarado Kirchner, quien se rehusó a presidir el primer congreso partidario desde que asumió el poder el 25 de mayo pasado.
El jefe del Gabinete, Alberto Fernández, había estimado por la mañana que el congreso que sesionó la tarde del viernes en el centro de recreación Parque Norte de la capital argentina "se desarrollará normalmente", pese a recientes críticas de influyentes gobernadores provinciales.
En declaraciones radiales, Fernández dijo que el normal desarrollo del foro ocurriría más allá del malestar de "algún gobernador", en alusión al de Córdoba (centro, segunda provincia), José Manuel de la Sota, y otros influyentes mandatarios provinciales del peronismo.
"Debemos respaldar al Gobierno pero se debe respetar la libertad de pensamiento y disenso", dijo De la Sota al hablar en el congreso en la sala de conferencias de un parque recreativo de la zona norte de la capital argentina.
Los primeros roces entre Kirchner y cinco gobernadores se registraron el miércoles cuando dijeron sentirse discriminados y no asistieron a un histórico acto en el que el presidente traspasó un predio donde funcionó el centro de detención y torturas de la ESMA durante la dictadura (1976-83) para erigir un memorial para los desaparecidos.
Aunque los gobernadores de Buenos Aires, Felipe Solá, de Santa Fe, Jorge Obeid (primera y tercera provincias); de Entre Ríos, Jorge Busti, y de La Pampa, Carlos Verna, bajaron luego el tono de la disputa, De la Sota criticó la política de derechos humanos del gobierno.
El gobernador de Salta (norte), Juan Carlos Romero, uno de los pocos aliados del acérrimo enemigo de Kirchner, el ex presidente Carlos Menem (1989-99), anticipó el clima del encuentro al señalar que el peronismo "debe acompañar al gobierno nacional".
Eduardo Duhalde, ex primer mandatario provisional entre enero de 2002 y mayo de 2003, además de presidente del comité de representantes del Mercosur, envió desde Uruguay una carta de respaldo a su ex delfín.
La diputada Hilda González de Duhalde, se erigió como vocera de su marido, y defendió ante los congresales a la senadora Fernández de Kirchner frente a los abucheos al considerar "lamentable lo que está pasando aquí".
No obstante, lanzó una dura advertencia al reclamar que el congreso partidario no deje "ninguna puerta abierta para que ningún compañero trasnochado piense que puede tener un proyecto por fuera del justicialismo".
Los congresales duhaldistas de la provincia de Buenos Aires, la más poblada y bastión histórico del peronismo, fueron el principal sostén de las propuestas de Kirchner al congreso.
AFP