CANELONES | PATRICIA MANGO
La prescripción adquisitiva de un padrón del balneario Jaureguiberry en favor de una nieta del fundador del lugar, viene siendo recurrida por los vecinos, que creen que con ella se pierde injustamente un valioso espacio público. Solamente falta cumplir con un informe del fiscal para que la Justicia dé la última palabra en lo que ya es un largo juicio que inició la Intendencia de Canelones por la propiedad de un terreno lindero al arroyo Solís Grande, declarado de "Interés Departamental" en 1994. Ese fue el primero de tres pronunciamientos de la Junta sobre el asunto.
DISCUTIDO. El debate en torno a la propiedad de este terreno se volvió público luego de una sentencia de prescripción del Juzgado de 3er. turno de Pando en favor de Amelia Mackinnon Jaureguiberry. Cuando en 1993 la Justicia le dio la propiedad de un terreno a la nieta del fundador del lugar, la Liga de Fomento local interpuso un recurso contra los testigos del caso. Posteriormente, la intendencia de Canelones se presentó ante la Justicia sosteniendo la propiedad municipal de los terrenos reconocidos a la nieta de Jaureguiberry. A ella se sumó la propia Liga como "terceristas coadyuvantes" (mecanismo que permite integrar a instituciones o personas por razones de interés general en el tema que se ventila).
Amelia Mackinnon Jaureguiberry, que no pudo ser contactada por este diario, había presentado planos de mensura, deslinde y amojonamiento realizados por un agrimensor —ex funcionario de Catastro— que hizo constar que el terreno que reclamaba era "resto del padrón rural" que había fraccionado su abuelo. Sus oponentes dicen que esto es cierto pero que fue dejado "como playa" y no como padrón rural. "Debió acreditar además que durante 30 años hizo actos de dominio, como edificar, cercar, pagar la contribución" dijo Jorge Trigo, abogado de los vecinos llamado Defensores de los Espacios Públicos, que funciona dentro de la Liga de Fomento.
LOS 30 AñOS. Mackinnon presentó cuatro testigos que aseguraron que había vivido en una casilla en el terreno. Los vecinos argumentaron que no era posible, ya que se trata de una construcción de tres metros por tres, sin baño, luz ni agua. Tambien sostuvieron en el juicio que debió pagar 30 años de contribución, pero "pagó un año únicamente, 1991".
Silo Piedra Cueva, integrante de la Liga de fomento, dijo que en un principio la Intendencia hizo un informe jurídico "sosteniendo que no le pertenecía el terreno". Pero, ante eso, "los vecinos se presentaron para demostrar lo contrario con cientos de testigos".
Trigo apunta debilidades del proceso de prescripción como el no emplazamiento a linderos. ‘Piedra Cueva dice que el trámite de prescripción duró menos de un año cuando en realidad duran entre tres y cuatro.La idea de los reclamantes es que la justicia "revea y haga caer" la sentencia inicial a favor de Mackinnon y devuelva la propiedad al municipio.
El grupo de vecinos alega que prescribir a favor equivale a "conceder la Playa Pocitos" a un particular. Y en favor de no pasar el predio en cuestión a propiedad privada dicen que allí hay muelles, calles, una plaza de deportes, una playa, un embarcadero y un cangrejal que es reserva ecológica.
Un largoderrotero
Mediante la ley 14.530 de 1976, los espacios públicos pasaron a ser propiedad del municipio, con la obligación de dejar espacios libres para escuelas y comisarías, subrayó Jorge Trigo, patrocinante del grupo de vecinos de Jaureguiberry. El fraccionamiento de éste (y tres terrenos más) del balneario Jaureguiberry, data de octubre de 1937, donde figura como "playa" ya que están ubicados en la Costa del arroyo Solís Grande.
El balneario que surgió del arenal
Miguel Jaureguiberry Recayte nació en 1872 y murió en 1952. Silo Piedra Cueva define a Jaureguiberry, a la postre epónimo del popular balneario, en una minibiografía como un hombre "tan culto como el que más y tan paisano de a caballo como el mejor criollo". Hijo de vascos franceses, escribió cuatro libros y varios folletos. Jaureguiberry "sabía que la literatura no bastaba para transformar la sociedad" y acompañó al marido de su hermana en diversos cargos públicos. Piedra Cueva dice que Jaureguiberry fue muy golpeado por la muerte temprana de su hermano político y asumió compromisos con los sobrinos huérfanos. También se volcó a poblar, forestar, modernizar la rústica vida de los campos: fundó el balneario Solís, forestó el Parque Andresito en La Paloma, plantó miles de árboles en Florida y en el litoral y fue encomendado por el Consejo presidido por Batlle y Ordóñez para promover la modernización rural. En años de intensa actividad recorrió la mayor parte del país, estimuló entre los agentes del Estado y los profesionales universitarios, una acción mancomunada para desarrollar proyectos: la enseñanza, la acción de agrónomos y veterinarios, médicos y policías para abatir la pobreza en las inmensas estancias tradicionales.
En 1936, cumplió 64 años quebrado económicamente, pero con el entrañable apoyo de su esposa, tres hijos y numerosos amigos. Pobre, inició la aventura de comprar un desierto de arena, 1.018 hectáreas, instalarse en una cabaña de juncos junto a media docena de peones y un botero. Había nacido lo que hoy es un lugar de residencia permanente para 400 personas y balneario para otras 1.500.