CESAR BIANCHI
Los exiliados de los años setenta, más los inmigrantes de la década del 00 que eligieron España como nuevo destino suman unos 40.000. Sólo en la capital española estaría la mitad de la gran colonia uruguaya en la Madre Patria. Mientras algunos uruguayos son rechazados en el Aeropuerto de Barajas de manera frecuente, y otros tantos meditan sumarse a la ola migratoria con el nuevo gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, un grupo de compatriotas ya establecidos en Madrid se juntó para defender la "celeste" en un Mundial de Fútbol de Inmigrantes. No les fue nada mal: llegaron a la final.
A mediados de marzo la Federación de Fútbol de Madrid avisó a casi 20 embajadas en la capital de la organización del "Mundialito" para inmigrantes. El comunicado llegó a la Casa de Uruguay en Madrid y al Centro Uruguayo de la misma ciudad. Un centenar de orientales —en su mayoría residentes legales— sacó de adentro el futbolista-frustrado-que-llevamos-dentro, y fueron a entrenar.
PROCESO. Por las noches del año 2001 era muy común que Leonardo, Adrián, Pablo y Alejandro fueran a tomar algo y comer muzzarellas a la pizzería que atendía Fernando Balda en Garzón y General Hornos. La barra de amigos, que también compartía Balda (director técnico durante el día) se fue desintegrando conforme los amigos se iban yendo a trabajar a Madrid.
Adrián Carreño fue el primero en irse porque "tenía el dato" que le podía ir bien si se sumaba al negocio inmobiliario. Allá comprobó que le habían dado una muy buena información: hoy tiene cuatro oficinas inmobiliarias.
Su amigo Alejandro Márquez —ex jugador de selección uruguaya— le siguió los pasos, luego de "colgar los botines" tras un frustrado pase al Albacete español, por no haber podido acceder a la documentación legal. En el 2002 le llegó el turno a Leonardo Pérez (ex jugador de Cerro y Frontera Rivera) de partir desde Carrasco hacia Madrid. Hoy tiene su propia inmobiliaria. Pablo Lanzotti, también ex futbolista profesional, abrió la suya en Valencia.
Sólo faltaba convencer a Balda, el encargado de la pizzería. Después de dirigir a Villa Teresa, ayudar a Miguel Puppo en Fénix, y conducir con éxito a Alianza en la segunda división, el 2003 lo encontró desocupado. Los amigos de la barra, incluido el futbolista Diego Alonso —ex Valencia, Racing de Santander y Málaga— lo alentaron a subirse a la rentabilidad de los negocios inmobiliarios en Madrid, y así completar el grupo en la capital española.
Balda llegó el 2 de febrero de este año, con la facilidad que le brinda ser nieto de españoles para tramitar la nacionalidad europea. Con el visado de trabajo y la residencia legal por un año (con contrato), espera el pasaporte definitivo. También espera dedicarse a dirigir algún equipo menor de provincia, como le sugirió Alonso. Y espera que en setiembre viaje su señora Mónica, con sus tres hijas.
TORNEO. Ernesto Maidana, presidente del Centro Uruguayo en Madrid, hizo correr la noticia. Cuando Balda y compañía se enteraron del Mundialito de fútbol para Inmigrantes se sintieron "en su salsa". El ex DT de Nacional y la selección, Héctor "Pichón" Núñez comenzó dirigiendo el proceso de los inmigrantes orientales en Madrid, pero otras tareas y algunos viajes le permitieron al propio Balda hacerse cargo de la conducción del equipo.
"Vinieron de todos los barrios de Madrid e inclusive tres jugadores venían desde Valencia a jugar. Eran cien pero de a poco fue quedando el plantel de 20 futbolistas", dice. El campeonato comenzó el 5 de junio con el lanzamiento oficial y el domingo 6 la celeste debutó perdiendo ante el campeón del año pasado, Rumania. "A los dos minutos nos hicieron un gol en un corner. Los otros 88 minutos estuvimos en su cancha, pero no pudimos empatar", dice el DT.
Cada una de las 16 selecciones tenía derecho a invitar hasta tres españoles, pero Uruguay sólo contó con un locatario. Precisamente, el madrileño Javier Blásquez le dio la victoria a la selección ante Camerún una semana después del debut. La celeste volvió a vencer el domingo 20 de junio: le ganó 3-1 a Guinea Bissau con goles de Blásquez, Pablo Rotundo (hermano del ex aurinegro Nicolás Rotundo) y Carreño.
El 27 de junio fue la semifinal ante los también africanos de Cabo Verde, la sensación del Mundial, y Uruguay logró el pasaje a la final por definición de penales. Después del 2-2, el arquero Alejandro Grandi —ex Bella Vista y Nacional, entre otros— atajó un remate y definió la serie pateando otro. Para no ser menos, Grandi también atiende una inmobiliaria en Madrid.
La final fue el 11 de julio ante Nigeria. A los 8 minutos abrieron el tanteador y con el 1-0 terminó el partido. "Uruguay preparó el partido a la uruguaya: motivación y acción. El primer factor se da en el vestuario. Un radiocassete se encarga de que la murga típica del país suene a buen volumen para enardecer el ánimo patriótico", escribió el diario deportivo As, que cubrió el certamen.
La gran colonia de uruguayos en la capital de España se hizo sentir en las tribunas. El público fiel llegaba a los mil con mate y termo, cifra triplicada en la final. Los tamboriles piano, repique y chico también se hacían sentir. Después de cada partido, el plantel se iba a comer un buen asado a la parrillada del uruguayo Walter Patrón.
Balda admite que no todos los jugadores eran inmigrantes "con papeles": "tres o cuatro jugaron con carné cambiado", confiesa. Cree que casi todos los seleccionados tuvieron intrusos. "El juez les preguntó a los nigerianos si sabían español, y decían que no", ilustra.
Más allá del vicecampeonato mundial (en un torneo en el que no participó Argentina y Brasil no pasó la primera fase), Balda confirma que el fútbol es una mera excusa para sentirse parte del país, a miles de kilómetros. Es una suerte de refugio, como la rambla o el dulce de leche.
El asado y los clásicos
La Casa de Uruguay en Madrid reúne a unos 200 nostálgicos y el Centro Uruguayo a otros tantos. El Centro nació por iniciativa de Ernesto Maidana, quien entendía que en la Casa de Uruguay "se metía de por medio la política", según confió Fernando Balda, socio del Centro Uruguayo. Ambas organizaciones tienen actividades paralelas para los compatriotas en suelo madrileño. Sin embargo, se juntaron para alentar a la celeste en el Mundalito de junio y julio.
El gran encuentro entre todos los socios del Centro Uruguayo se da cada 1º de mayo, ocasión ideal para compartir un enorme asado con cuero. Los partidos de la selección uruguaya o los clásicos importantes también son convocantes. "De todas maneras, debería haber más actividades o un boletín informativo que nos llegue a todos por mail", dice Balda, quien se entera periódicamente de nuevos deportados en España "por los informativos o el boca a boca entre los que estamos acá".
Según Balda, el Centro Uruguayo oficia de integrador social para todos los uruguayos que llegan a Madrid. "Siempre los ampara, incluso si no tienen papeles. Se les da asesoría, y en algunos casos hasta se les consigue trabajo", dice Balda. "Ojo, no siempre", aclara.
Datos
Daniel Caserta, presidente de la Casa de Uruguay en Madrid, dijo estar al tanto de las continuas deportaciones de uruguayos en España. "Sigue habiendo un problema al llegar al aeropuerto de Barajas: piden una carta de algún residente español que los hospede o determinado dinero por día (entre 70 y 80 euros). Esto pasa con todos los sudamericanos y en todas las aerolíneas".
Según Caserta, con el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero "puede que haya algún perdón para los que hace tres años que trabajan ilegalmente con un mismo patrón. Si el patrón le firma un contrato por un año, le regularizan la situación. Los que tenemos papeles y legalidad sabemos que es muy difícil que alguien se mantenga tres años ilegal en un puesto", dijo.
Ernesto Maidana, titular del Centro Uruguayo en Madrid, dice que el rechazo de uruguayos en Barajas "es un punto que no se pudo solucionar". "Las autoridades aseguraron que no se iba a deportar a los que ya estaban, pero la Guardia Civil podría rechazar a los que están llegando y despiertan sospechas", sostuvo.