Historias de rescates que superaron lo imaginable

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Personajes épicos

De forma inesperada, la tragedia irrumpió en sus vidas. Un hecho extraordinario los convirtió en protagonistas de epopeyas que tuvieron en vilo al mundo entero. Se los dio por muertos, por heridos, por desaparecidos. Algunos regresaron sanos y salvos; otros no tuvieron la misma suerte. Pero desde el Milagro de los Andes, pasando por una beba de 18 meses que sobrevivió luego de estar 58 horas en un pozo, hasta los mineros de Chile, todos fueron protagonistas de historias reales que ninguna ficción se atrevería a superar.

IGNACIO COLÓ | LA NACIÓN

El 14 de octubre de 1987, un pozo de agua abandonado de la pequeña ciudad de Midland, Texas, se convirtió en el centro de la atención mundial. Fue ahí donde Jessica McClure, una beba de sólo 18 meses, cayó cuando su madre se distrajo unos instantes para atender el teléfono.

A partir de ese momento, los equipos de socorro y los medios de comunicación se abalanzaron sobre la casa de los McClure, al igual que lo hicieron millones de espectadores sobre sus televisores para seguir el rescate en tiempo real. Después de 58 horas de angustia, la pequeña Jessica fue rescatada y, con intervenciones médicas mediante, logró recuperarse de las heridas provocadas por la caída y por el tiempo que sobrevivió bajo tierra. Peor destino tuvieron los que la ayudaron a salir.

El paramédico Robert O`Donnell, que descendió al pozo para rescatarla, se suicidó en 1995, profundamente deprimido por la pérdida de la fama tan súbita como fugaz que ganó después de ser el héroe de esta epopeya. El otro héroe del rescate, el policía William Andrew Glasscock, fue condenado en 2005 a 15 años de prisión por explotación sexual de un menor y almacenaje ilegal de explosivos.

A diferencia de Jessica, el destino fue más cruel con el pequeño Alfredo Rampi, "Alfredino", como lo llamaba toda Italia, luego de que pasó más de dos días en un pozo a 60 metros de profundidad. Alrededor de 21 millones de italianos y decenas de millones de personas en el mundo entero siguieron de forma ininterrumpida la transmisión de la RAI, que concluyó con el fracaso de los equipos de rescate, después de 55 horas de esfuerzos.

Tal vez porque también fue Chile el escenario, el caso más recordado en los últimos días fue el llamado Milagro de los Andes, que sucedió en 1972, cuando se estrelló en la cordillera un avión con un equipo de rugby uruguayo. Sólo 16 de las 45 personas a bordo sobrevivieron a la tragedia, después de sufrir el frío y el hambre durante 72 días. En este caso, el épico rescate no estuvo a cargo de socorristas, sino de los protagonistas de la catástrofe: dos de ellos atravesaron las montañas durante diez días hasta dar con un arriero, que por fin alertó a las autoridades.

MINAS PELIGROSAS. En China, país que registra el triste récord de accidentes mineros del mundo (en promedio siete de ellos mueren por día en tragedias de este tipo), 114 trabajadores que quedaron atrapados bajo tierra en abril pasado lograron eludir las estadísticas gracias a los rescatistas y, sobre todo, a su propio ingenio.

Sucedió en la mina Wangjialing, en el norte de China, donde un túnel subterráneo semiconstruido se inundó y dejó escasos centímetros de aire a los 153 mineros que se encontraban ahí.

Una semana más tarde, buzos y rescatistas en balsas encontraron a 114 de ellos con vida. Algunos de los sobrevivientes contaron que cuando el agua inundó el túnel se ataron a las paredes con sus propios cinturones para no ahogarse si se quedaban dormidos. Resistieron así durante tres noches, hasta que lograron treparse a una madera que pasaba flotando.

Otros mineros contaron que, en su afán por sobrevivir, comieron tierra y corteza de los pilotes de pino que servían de sostén. Además, bebieron el agua turbia, a pesar del temor a que estuviera contaminada.

Una de las más recordadas odiseas bajo el agua fue la que protagonizaron los marineros del submarino ruso K-141 Kursk, que tras unas maniobras militares fallidas sucumbió el 12 de agosto de 2000.

El Kremlin, que en un primer momento intentó silenciar el incidente, no pudo evitar que los reclamos de los familiares de los 118 tripulantes llegaran a la prensa y atrajeran la atención del mundo entero.

Pese a intentos de rescate de los equipos rusos, británicos y noruegos, el Kursk no pudo esquivar su destino de convertirse en una tumba de acero bajo el mar que recién fue reflotada un año más tarde, en octubre de 2001.

racionando oxígeno. Más suerte tuvieron los tripulantes del submarino ruso AS 28, que en agosto de 2005 se enredó con los cables marítimos de una antena de vigilancia y quedó completamente aislado. Cinco días pasaron sus siete tripulantes a 170 metros de profundidad, racionando el oxígeno y a temperaturas cercanas a los 0 grados.

Cuando apenas quedaban dos horas de oxígeno, los rescatistas lograron salvar a la tripulación, atravesando in extremis esa delgada línea que en estos casos separa a la tragedia de las gestas triunfales.

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