Hace cuarenta años empezó la dictadura

Hace exactamente cuarenta años gobernaba Uruguay el Consejo de Gobierno, una especie de mini-Senado con un presidente rotativo que a la sazón era Daniel Fernández Crespo. Discurría el segundo gobierno blanco y, en ese colegiado de inspiración suiza, a fines de julio de 1963, Washington Beltrán y Luis Giannatasio polemizaban sobre políticas de empleo con dos de sus oponentes colorados, Amílcar Vasconcellos y Oscar D. Gestido. En Casa de Gobierno, periodistas de todas las tendencias tenían libre acceso a los consejeros. Se vendían unos 250.000 periódicos por día.

Las sucesivas devaluaciones eran un problema en cuyo vórtice estaba el ministro de Hacienda, Salvador Ferrer Serra, criticado porque la inflación acumulada a julio había pasado del 10% . En efecto, había presiones de ganaderos para devaluar el peso, según reportaba el ministro de Ganadería, Wilson Ferreira Aldunate, quien escribía un plan de reforma agraria que suscitaba expectativas. El ministro de Instrucción Pública, Juan Pivel Devoto, pedía acortar las vacaciones de julio para evitar "la dispersión" del alumnado, en tanto un novel economista, Enrique Iglesias, montaba una Comisión de Inversión y Desarrollo(CIDE) llamada a hacer historia.

El país tenía dificultades, aunque no tan graves si se lo comparaba con otros de Latinoamérica. El agro se recobraba mientras el producto industrial crecía en 1963 por primera vez en un lustro. En 1962 se había firmado un acuerdo con el FMI cuyos términos se cumplían a pesar del escepticismo de ciertos economistas de la Universidad. Desde allí se denunciaba "la concentración de la tierra en pocas manos", aunque la tasa de radicación en el medio rural, el 20% de la población del país, podía reputarse satisfactoria (hoy es menos del 10%). Es cierto que había poca inversión, frecuentes paros y huelgas, y una burocracia estatal en ascenso, pero la mayoría de los ciudadanos confiaba en que el sistema democrático sería capaz de purgar esos males.

En aquellos días invernales, tiendas San Francisco vendían trajes de sarga Campomar desde 250 pesos, unos 15 dólares al cambio de la época. Montevideo, "la ciudad de casas sin rejas", se jactaba de ser "la capital más segura de América del Sur", según cifras de Interpol. La esperanza de vida de los uruguayos era de "nivel europeo": 73 años. El cardenal Antonio María Barbieri, con apoyo de la grey católica, anunciaba la reapertura del diario "El Bien Público" al tiempo que una conferencia de obispos deploraba la "expansión de los cantegriles" y el desempleo que rondaba el 8%.

Cuando se cumplen cuarenta años vale la pena hacer un alto, reflexionar y recordar que así eran el Uruguay y sus protagonistas el 31 de julio de 1963, en el momento en que un grupito de iluminados hurtó dos docenas de fusiles de un club de tiro en Nueva Helvecia para armar una guerrilla castrista y alzarse con el gobierno del país. Fue el primer golpe de los tupamaros que ese día, en nombre de una revolución utópica, empezaron a tirar la democracia uruguaya al despeñadero y a pavimentar el camino hacia la dictadura que llegaría diez años después. Entonces, su lema favorito era: "un revólver 38 tiene más poder que la Constitución de la República". Así les fue, así nos fue.

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