Firma uruguaya diseña dispositivos para investigación de enfermedades

Ciencia y tecnología. Se usan para experimentar en animales y humanos

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DÉBORAH FRIEDMANN

Una empresa uruguaya diseña dispositivos médicos implantables por encargo de otras compañías. Ahora, negocia con una firma estadounidense para desarrollar un sistema que ayude a combatir el reflujo gástrico.

La historia de la firma CCC se remonta a 1960, cuando en Uruguay los médicos Orestes Fiandra y Roberto Rubio realizaron el primer implante exitoso de un marcapasos a un ser humano a nivel mundial. La paciente tenía 40 años y padecía de un bloqueo aurículo ventricular. El dispositivo había sido desarrollado en Suecia y funcionó por nueve meses, hasta que la mujer falleció.

En la década del `60, se efectuaron en el país contados implantes de marcapasos, debido al alto costo de importarlos. En 1969 Fiandra fundó el Centro de Construcción de Cardioestimuladores del Uruguay (CCC), que comenzó con la producción local de marcapasos.

La firma se dedicó a la producción de marcapasos hasta que a fines de la década del `90 comenzó también a diseñar y producir dispositivos médicos implantables para terceros, explicó a El País su gerente general, Julio Arzuaga.

Para investigar curas o mejora en la calidad de vida de personas que padecen enfermedades como la insuficiencia cardíaca, hipertensión, diabetes, apnea del sueño o incontinencia urinaria se utilizan estos dispositivos. Investigadores y compañías piensan en un aparato que pueda hacer tal o cual cosa. "Nos contratan para que diseñemos el dispositivo y las unidades para efectuar la experimentación, tanto en animales como en humanos", especificó Arzuaga.

Por varios años, CCC mantuvo ambas líneas de negocio: la producción de marcapasos y la de dispositivos médicos implantables. Luego, la limitada capacidad de producción de la fábrica y la pérdida de competitividad por el valor del dólar, hicieron que decidieran reducir paulatinamente la producción de marcapasos, hasta suprimirla a fines de 2009.

CCC es ahora prácticamente la única compañía a nivel mundial dedicada únicamente a este rubro. De todos modos, el mercado es sumamente pequeño y unas pocas firmas en Europa y Estados Unidos concentran más del 90% de la facturación en ese rubro.

La empresa tiene unos 15 clientes y emplea a 150 personas, entre ellas más de 50 ingenieros. Diseñan los dispositivos por contrato. El precio depende de la complejidad del dispositivo y del uso que se le quiera dar. Los aparatos o sistemas para experimentar con animales requieren de menos testeos de calidad y documentación que cuando se van a probar en humanos.

El diseño de un sistema completo se comercializa entre US$ 600.000 y US$ 1.300.000. "El dueño del sistema pasa a ser la empresa. Le vendemos el diseño", explicó el gerente. Cada unidad implantable se vende luego a entre US$ 2.000 y US$ 3.000 y un sistema sale en el entorno de los US$ 4.000.

Los procesos de investigación son extensos en el tiempo. "Desde que a alguien se le ocurre una idea hasta que puede llegar a comercializarse pasan 10 o 12 años. Nosotros estamos diseñando desde 1997 o 1998. Tenemos varios clientes que tienen para implantar y vender los aparatos, pero todavía no llegaron a la posición de vender masivamente", explicó el gerente de la firma. Sí se han vendido partidas de 1.000 a 1.500 unidades de algunos de los dispositivos que diseñan.

Las posibilidades de que un dispositivo de este tipo llegue a convertirse en una terapia masiva son muy bajas. En los últimos 50 años, contó Arzuaga, los que llegaron a ese nivel fueron el marcapasos, el desfibrilador implantable y los neuroestimuladores para el dolor y para el Mal de Parkinson.

La compañía uruguaya, además de diseñar dispositivos por encargo, produjo aparatos genéricos, que son utilizados para investigaciones. "Tienen un funcionamiento bastante flexible para que se hagan los primeros experimentos", comentó Arzuaga.

GÁSTRICO. En estos días, CCC negocia con Endostim, una firma radicada en Saint Louis, Estados Unidos, para diseñar un dispositivo con el fin de tratar el reflujo gástrico. Esa empresa ya les ha comprado dispositivos genéricos, dijo Arzuaga.

El emprendimiento fue abordado el 18 de abril pasado por el columnista del "The New York Times", Thomas Friedman.

La idea para crear un dispositivo para combatir el reflujo gástrico, contó Friedman, surgió cuando Raúl Pérez, director de Endostim, ginecólogo y obstetra e inmigrante cubano, sufrió esa dolencia y fue a tratarse a la Clínica Mayo de Arizona. En ese centro lo atendió un médico hindú-estadounidense, VK Sharma.

Durante su seguimiento, le dijo: "Tengo una idea. Usa un dispositivo similar a un marcapasos para controlar el músculo y ahogar al reflujo gástrico".

Friedman puso a Endostim como ejemplo de emprendedores. "Es el arquetipo del nuevo tipo de emprendimientos que necesitamos para impulsar nuestra economía: una mezcla de nuevos inmigrantes, utilizando dinero viejo para innovar en un mundo chato", señaló el periodista estadounidense.

Endostim fue inspirada por inmigrantes cubanos e hindúes en Estados Unidos. Friedman señaló que el prototipo del dispositivo médico implantable para tratar el reflujo gástrico estaba siendo desarrollado en Uruguay, por una firma especializada en marcapasos, con el apoyo de ingenieros israelíes y retroalimentación con doctores de India y Chile.

"Y el CEO es un sudafricano, educado en la Sorbonne, que reside en Missouri y California y su oficina central es básicamente un blackberry", sostuvo el columnista.

Diario de EE.UU. destacó el modelo de negocio de uno de los clientes de la empresa.

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