Robert S. McNamara, cerebral secretario de Defensa que fue vilipendiado por encauzar la guerra más controversial de Estados Unidos y quien después se dedicó a ayudar a las naciones más pobres del mundo, falleció ayer a los 93 años de edad. Murió a las 5.30 de la madrugada en su casa, dijo su esposa Diana, y comentó que McNamara había estado enfermo desde hacía algún tiempo, y que se había resentido notablemente el año pasado después de sufrir una caída en la cual se fracturó una vértebra.
A pesar de todos sus esfuerzos para borrar su imagen negativa, McNamara fue asociado fundamentalmente a la Guerra de Vietnam al grado de que se la mencionaba como "la guerra de McNamara", la cruzada más desastrosa, la única guerra estadounidense que terminó con una retirada abyecta en lugar de una victoria.
En el pentágono. En el año 1961, McNamara era el exitoso presidente de la compañía Ford Motor Company cuando fue reclutado por el presidente John F. Kennedy para que manejara el Pentágono. Entonces era conocido como un gran estratega político con una predilección por el análisis estadístico. En ese cargo permaneció durante siete años, el período más largo desde su creación en 1947.
Su vínculo con Vietnam se volvió intensamente personal. Incluso su hijo, un estudiante de la Universidad de Stanford, protestó contra la guerra mientras su padre la estaba llevando a cabo.
En Harvard, McNamara tuvo en una ocasión que escapar de una turba de estudiantes a través de túneles subterráneos de servicios. Sus críticos se burlaron de él despiadadamente; incluso aprovechando el hecho de que su segundo nombre era "Strange" (Extraño).
Al borde de un colapso nervioso, McNamara dejó el Pentágono para asumir como presidente del Banco Mundial, cargo que ocupó entre 1968 y 1981. En este nuevo puesto dedicó su ímpetu evangélico a mejorar la vida de las comunidades rurales de los países en vías de desarrollo, convencido de que era un camino más prometedor hacia la paz. Y logró su cometido porque cuando llegó al Banco Mundial en 1968, el organismo sólo prestaba 1.000 millones de dólares anuales a los países del Tercer Mundo y para el año fiscal que terminó el 30 de junio de 1981, su último día en el cargo, prestaba 11.500 millones.
McNamara cuidaba mucho su privacidad, y por esa razón rechazó durante mucho años distintas propuestas que recibió para escribir sus memorias, establecer su punto de vista sobre la guerra y hablar sobre sus altercados con sus generales. Sin embargo, a principios de la década de 1990 comenzó a abrirse, y en 1991 confesó a la revista Time que él no creía que iba a funcionar el bombardeo a Vietnam del Norte -la mayor campaña de bombardeos de la historia hasta nuestros tiempos-, pero que lo secundó "porque queríamos probar en primer lugar que no funcionaría y (porque) otras personas pensaban que funcionaría".
Finalmente en 1993, al término de la Guerra Fría, escribió sus memorias porque entendió que algunas de las lecciones de Vietnam eran aplicables al período posterior a la Guerra Fría, según dijo. (Basado En Agencias)
Las once lecciones
McNamara fue el protagonista del documental "Fog of War" (Rumores de Guerra), de Errol Morris, que fue galardonado con un Oscar en 2003.
En ese film, el ex secretario de Defensa de Estados Unidos comparte las que considera las 11 lecciones que aprendió durante su prolongada y polémica carrera. Ellas son las siguientes:
1) Empatiza con tu enemigo.
2) La racionalidad no va a salvarnos.
3) Hay algo más allá de uno mismo.
4) Maximiza la eficiencia.
5) La proporcionalidad debe ser una directriz en la guerra.
6) Obtén el dato.
7) Lo que ves y lo que crees con frecuencia está errado.
8) Debes estar preparado para reexaminar tus razonamientos.
9) Para hacer el bien, puedes tener que involucrarte en el mal.
10) Nunca digas nunca.
11) No puedes cambiar la naturaleza humana.