DEBORAH FRIEDMANN
A un año de la desaparición y muerte de Natalia Martínez la familia sigue aferrada a la idea de que el caso se va a resolver. Fue removedor. Tanto que los jóvenes que veranean en Piriápolis dicen que toman más precuaciones a la hora de salir.
"A un año de la muerte el balance es espantoso. Natalia asesinada, su padre muerto, una familia reducida a dos personas. Mantenemos la esperanza de que se haga una mínima justicia", afirma a El País Ignacio Berti, el abogado de la familia Martínez.
La situación vivida por Claudia y Magdalena, hermana y madre de Natalia, "no es fácil de digerir en el corto plazo", dice Berti. "La actitud de ellas frente a la vida es una actitud tremendamente positiva. Están saliendo adelante", agrega.
La familia de Natalia y Berti no pueden concebir "que no se aclare" el homicidio. "Esa es una hipótesis que no manejamos. Estamos convencidos de que se va a resolver", asegura.
Tanto el profesional como la familia de Natalia están por estos días "bastante más optimistas" que un tiempo atrás, cuando hubo una "cierta quietud en la investigación".
"La investigación no está a fojas cero como se ha dicho. La Policía está trabajando. Ahora estamos a la espera de pruebas científicas, sin perjuicio de que hay otras líneas de investigación que se están siguiendo", dice Berti.
La Policía solicitó a la Justicia la realización de 20 exámenes de ADN a personas que eventualmente podrían tener alguna relación con el crimen. Hasta ahora, señala Berti, se realizaron 10, la mitad. Esos 10 arrojaron en un principio "resultados negativos", aunque según el abogado "no se puede descartar la hipótesis de la pluriparticipación"
"El 50% de los análisis está pendiente y eso nos permite mantener una mínima esperanza. Lo importante es lo que falta por hacer. La Policía tiene fundadas esperanzas de que en esos exámenes que faltan pueda surgir alguna novedad", expresa Berti.
La familia de Natalia agradece, dice el abogado, "todo lo que se ha hecho" para intentar resolver el caso, pero a la vez espera que en un "corto plazo" la Justicia diligencie a la brevedad las 10 pruebas restantes de ADN solicitadas por la Policía. "Eso sería muy importante", dice Berti. Y agrega: "Realmente somos muy optimistas y tenemos mucha fe en que en esta etapa se pueda llegar a un resultado".
Un cambio positivo en los últimos meses es que se consiguió un mejor relacionamiento entre la Policía y el Poder Judicial, que contribuye en la investigación, asegura el abogado. "Es que antes hubo cosas que se pudieron haber hecho y no se hicieron. Ahora pensamos más en positivo. Nos estimula que la Policía esté trabajando mejor y que tenga otro vínculo con el Poder Judicial y otra receptividad en los pedidos que hace".
ALERTAS. Un año después, en Piriápolis no hay carteles que pidan Justicia ni decenas de jóvenes en la puerta de la comisaría como el verano pasado, cuando la buscaban una y otra vez. Sin embargo, el drama permanece en el imaginario colectivo y en las medidas que muchas jóvenes toman a la hora de salir por la noche en el balneario.
Fernanda y Florencia (ambas de 17 años) caminan por la rambla. Dicen que ir a bailar en Piriápolis no es lo mismo desde el caso Natalia. Al menos para ellas.
"Estás con mucho más cuidado. A toda la gurisada el homicidio de Natalia nos afectó y nos pegó fuerte. Además, nuestros padres nos insisten en que nos cuidemos", cuentan.
A pocos metros de ellas, dos adolescentes, Johanna y Daniela, dicen que siguen saliendo, igual que otros veranos, pero que por ahora no se animaron a volver a La Rinconada, el lugar donde Natalia, de 19 años, salió con sus amigas por la noche del 19 de enero, cuando desapareció.
"Lo que hacemos es tener mucho más recaudo a la hora de hablar con alguien y mucho más cuando te vas del boliche. No salimos con gente que no conocemos", dicen.
Otras jóvenes, Christine, Fabiana, Mariela y Sofía, son mucho más contundentes. "Estamos con miedo en Piriápolis", afirman. Ya pasaron las épocas de aceptar un trago de un chico que parece simpático pero que no vieron antes. O de decir que sí a un ofrecimiento cuando se van del baile.
Sus padres, cuentan, se "preocupan mucho más que antes" del caso Natalia cuando salen. "Y si se enteran de que vamos caminando a bailar, nos matan", señalan.
Silvia tiene una hija, Fiorella, de casi 19 años y está pendiente cada vez que sale de noche. "Estoy con más cuidado que nunca. Les pido que salgan en barra, que no se separen y que no conversen con desconocidos. Además, mi hija lleva encendido su teléfono celular para que pueda comunicarme con ella", dice.
Fiorella, por su parte, no tiene miedo. Cree que puede verse en un problema si habla o sale con alguien que no conoce. "Para mí la clave está en no regalarse", dice.
En la comisaría, Raúl Eula asegura que no le llegaron comentarios de que el caso Natalia haya tenido consecuencias directas en la movida nocturna del balneario.
"No dejaron de salir. Esto ha estado colmado, tanto La Rinconada, como Orange y La Casona. Ahora, no dudo que el tema esté en el imaginario colectivo de la gente".
"Nadie se ha olvidado del hecho. Yo tengo hijas y puedo estar pensando que les puede pasar lo mismo. De todos modos, la sociedad no se paralizó", señala Eula.
El comisario de Piriápolis sostiene que la investigación depende en gran medida de los "medios técnicos y de las pruebas científicas". Pero aclara: "Salvo que viniera un testigo o alguien que no ha sido investigado y que aportara datos de la escena".
Es que el comisario, al igual que el verano pasado cuando desapareció Natalia, está convencido de que hay personas que "vieron algo" y por temor, por no comprometerse o haber recibido eventuales amenazas, optaron por no dar su testimonio ante la Policía.
Cronología
El viernes 19 de enero a las 5 de la mañana, Natalia salió del boliche La Rinconada de Piriápolis. En el camino se detuvo a hablar con dos hombres. La investigación comenzó al día siguiente.
El lunes 22, en el kilómetro 6 de Camino de Los Arrayanes, un peón encontró su cartera. Tres días después apareció la cédula, una sandalia y el monedero.
Se ordenó el análisis de un cabello encontrado en el auto de un empresario que conversó con ella a la salida del boliche. No era de ella.
El 30 de enero, amigos de Natalia marcharon en 18 de Julio.
El 10 de febrero jóvenes que acampaban en Laguna del Sauce encontraron el cuerpo sin vida de Natalia.
El 15 de julio, el Día del Padre, el padre de Natalia se quitó la vida.