Energía, el nexo sano con Argentina

Hermandad energética. Uruguay y Argentina crean Comisión Mixta por la planta de regasificación | El gas natural es la futura matriz energética del país | Es hoy el combustible barato

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ALEJANDRO NOGUEIRA

La energía es hoy el único nexo no contaminado entre Uruguay y Argentina y un buen punto de partida para el reencuentro. En el peor momento, ambos países crearon una comisión mixta para administrar el gas. Les va en ello el futuro.

La planta de regasificación que Argentina y Uruguay planean instalar en territorio nacional -muy probablemente en el extremo Oeste de la bahía de Montevideo- no sólo es una inversión mayor a la de la irritativa Botnia. Es una necesidad para ambos países que expresa, también, lo que la geografía y la geopolítica británica heredaron al Río de la Plata. Uruguay tiene el puerto y Argentina las necesidades, no sólo las de buenas playas, sino de gas para su sistema residencial e industrial. Y para Uruguay, la definición de una matriz energética de largo plazo que le asegure el suministro que acompaña el crecimiento es más vital que la reducción de unos miles de argentinos en el verano. Mientras ambos países intercambian notas de protesta, reproches, juicios en La Haya y desplantes varios, "se ha instalado una Comisión Mixta con representantes del Miem, Ancap y UTE por parte de Uruguay, y con representantes de la Secretaría de Energía de Argentina", informó a El País, el presidente de Ancap, Daniel Martínez.

La comisión no administra un recurso común como el río Uruguay, sino una necesidad común: la interdependencia energética que la historia previa de recursos escasos (o nulos, como en el caso de Uruguay) ha generado en una región cuyo crecimiento industrial y de consumo demanda a los respectivos gobiernos respuestas de largo plazo que no puedan ser alcanzadas por las veleidades políticas o ambientalistas.

"Esta planta se construirá totalmente en territorio uruguayo, pero otorgando todas las facilidades tanto físicas como legales y reglamentarias para que parte del fluido pueda ser inyectado en el anillo de Buenos Aires", señaló.

Martínez (lo mismo que otras fuentes consultadas por El País en el gobierno), descartan que la interconexión energética entre Uruguay y Argentina se vea afectada por el actual distanciamiento diplomático.

"Argentina ha asegurado en todo momento el suministro de gas natural a los consumos ininterrumpibles (residenciales) y eso se ha cumplido aún en las peores condiciones operativas del anillo que alimenta Buenos Aires", recuerda el presidente de Ancap. "Lo que no se dispone durante todo el año es de suministro industrial, y esto es una de las dificultades que este proyecto apunta a subsanar", agrega.

Y Martínez mantiene el optimismo que se funda en la lógica económica y empresarial que es distinta a la lógica política. "No esperamos problemas", asegura. "De acuerdo a los antecedentes de muchos años, las relaciones a nivel energético, tanto a nivel eléctrico como gasífero han sido excelentes entre los dos países y no se vislumbra que esto pueda modificarse. Este plan se está llevando adelante con mucho entusiasmo por ambas partes", apunta.

DE LA PLANTA. Incluso, el proyecto común de una planta de regasificación de gas licuado -la única alternativa de Uruguay a la definición de una matriz energética posible (excluyendo lo nuclear)- es también de prioridad extrema para Argentina, cuyo gobierno viene estrangulando las inversiones en este sector por las demandas políticas de corto plazo.

Además de la Comisión Mixta, "se ha nombrado una Subcomisión Mixta con representantes de Enarsa, UTE y Ancap", señaló Martínez. "Está pronto un proyecto de Memorando de Entendimiento entre las partes", informa Martínez.

La planta de regasificación no sólo es un proyecto casi faraónico para estas latitudes. Demanda entre tres y cuatro años su construcción. Por eso hay un plan gradual que incluye el uso de buques metaneros, las nuevas estrellas del mercado gasífero mundial. Estos buques no sólo transportan el gas licuado desde los países productores (y demandan un calado de entre 12 y 14 metros). También están los que son, en sí mismos, plantas de regasificación, es decir, que transforman nuevamente el gas licuado en gas natural (ver infografía). Por eso el plan binacional es, definido el emplazamiento, iniciar las construcciones de los tanques de almacenamiento (un año de obras), y de la infraestructura adicional.

PRIVADOS. El proyecto de la planta de regasificación no es solamente el costo de una planta, estimado en el orden de US$ 800 millones. También hay que hacer un canal que una el acceso al puerto de Montevideo con el posible emplazamiento de la planta (y mantenerlo) y construir un gasoducto entre esa planta y el Gasoducto Cruz del Sur, cuyas estivaciones llegan hoy a la Central Batlle y (en construcción) a la de Puntas del Tigre. El conjunto de obras supera la inversión de la pastera de Fray Bentos.

El Gasoducto Cruz del Sur, construido para traer gas desde Argentina (hoy casi inútil), será la carretera por la que el gas llegará a Buenos Aires.

No hay piquetes que puedan cortar este suministro, pero parte del complejo arreglo con Argentina es cómo Uruguay asegura que no habrá perturbaciones en esos envíos.

Semejante proyecto no está al acceso de las arcas públicas, al menos de las uruguayas. Por eso este esquema energético sólo funcionará con el protagonismo privado. "Diversas empresas han realizado presentaciones a la Comisión Mixta manifestando su interés en participar en el emprendimiento", confía Martínez. "Una de las metas de la subcomisión mixta es realizar un llamado lo más amplio posible a todas las empresas interesadas en participar, en diferentes maneras (suministro de gas natural licuado, construcción de la planta, operación de la misma, etc.)".

La reserva propia del cargo de Martínez le impide decir que para este proyecto ya están haciendo cola empresas como BritishGas (copropietaria del Gasoducto Cruz del Sur) y la brasileña Petrobras. "Ya están prontas las bases para un primer llamado a consultores internacionales sobre los temas de ingeniería conceptual y temas comerciales", dijo Martínez.

Las cifras

34% Es el peso del precio del gas en pozo en el precio final. El resto es transporte y distribución.

250 trillones de pies cúbicos son las reservas probadas de gas natural en América del Sur y Central según datos de 2004.

2% Es la incidencia del gas natural en el consumo energético de Uruguay según datos de la Olade para el año 2004.

El gas, la respuesta económica

El gas natural está dejando de ser una reserva hiperregulada de los países que lo poseen para transformarse en una commodity como el petróleo. La merma de las reservas de crudo tradicional, la necesidad de combustibles alternativos menos contaminantes y la irrupción de buques metaneros, plantas de licuefacción (que compriman el gas para bajar costos de flete) y plantas de regasificación, lo han trasformado en la esperanza energética del mundo, muy por delante de la energía eólica, la de biomasa o la nuclear.

La distancia entre el consumidor y el proveedor es fundamental para la ecuación económica. "Los proveedores de gas natural licuado, en principio, son los que se encuentran más próximos al Río de la Plata, ya que el transporte marítimo pesa en el costo final del producto", señaló Daniel Martínez. Así están Nigeria, Guinea Ecuatorial, Angola, Perú y Venezuela, aunque este último carece de planta de licuefacción. Otros proveedores son Argelia, Egipto, Qatar, Dubai y Omán, pero más lejos.

Para medir la relevancia del gas licuado bastan unos pocos números: un millón de BTU de gas, que equivale a un megavatio de electricidad costaría entre US$ 9 y US$ 10. Un megavatio/hora en una central de ciclo combinado cuesta unos U$$ 60 y si se produce en la Central Batlle a fueloil trepa a U$S 100.

Son 10.000 millones de m3 diarios

La planta binacional de regasificación que se planea tendría una capacidad de producción inicial de 10 millones de metros cúbicos diarios. Uruguay necesita hoy apenas 3,5 millones, pero la demanda potencial es muy superior.

En el acuerdo con Argentina se establece que cada país tiene derecho a destinar a su territorio hasta el 50% de la producción, señaló el presidente de Ancap. "Los contratos iniciales de suministro de GNL abarcarán una parte de esa capacidad, según las necesidades de cada país y de cada empresa que participe en este emprendimiento, dijo Daniel Martínez. "Estos contratos tendrán en parte una base firme, cuando los usuarios así lo requieran, como por ejemplo una usina térmica trabajando. También podrán ser flexibles", agregó.

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