En los últimos años, el fútbol parece haberse convertido en una válvula de escape para la violencia. Son conocidos los casos en Uruguay —al igual que en el mundo— de episodios de violencia que solamente afectan la imagen de este deporte y contribuyen a alejar cada vez más a las familias de las canchas.
Por eso a veces hay que entender a quienes son violentos (en general y no necesariamente en un escenario deportivo) y los motivos por los cuales su personalidad gira hacia este lado. EL PAÍS digital le realizó algunas preguntas a la licenciada en psicología Adriana Molas, quien también es docente de la Facultad de Psicología.
Según Molas, la violencia es la acción de control y sometimiento del otro generándose algún tipo de daño, siendo además un modo habitual de relacionamiento.
Una característica de los "violentos" es su fragilidad respecto a su autoestima. "El sentimiento de fragilidad conlleva al de inferioridad, por lo cual para vincularse con otras personas necesitan sentir que las pueden controlar", explicó la profesional.
Básicamente, los modos de ejercicio de violencia son el sometimiento físico, el psicológico y el sexual.
DISTINTOS. ¿Existe una diferencia entre la violencia en el fútbol a la que se ejerce en un hogar? Mola afirmó que la violencia en el primer ámbito responde a fenómenos de masa que operan de modo diferente a la violencia en los colectivos más pequeños, como la familia o las instituciones.
"La violencia en el fútbol se vincula más a la expresión más o menos impune de la agresividad que, naturalmente, el sujeto controla a nivel individual, institucional o comunitario", opinó la psicóloga consultada.
Mola entendió que las condiciones sociales de inestabilidad, incertidumbre o miedo a la exclusión son características de nuestra época. Y por ese motivo, estos aspectos potencian la sensación de inferioridad y fragilidad en las personas. "Es probable que la masificación de tantos afectos facilite el desborde de agresividad en actividades tan masivas", agregó.
En el fútbol, el violento estará escudado por un relativo anonimato a raíz de la presencia de muchas personas. Mola explicó que en los casos de violencia familiar es común que la persona violenta sea conciente de su accionar. La masificación por su lado puede operar como un velo que habilita el despliegue de acciones violentas.
IDENTIFICACIÓN. La psicóloga explicó que cuando no se conoce a la persona es difícil determinar o darse cuenta si "va a explotar". Mola dijo que este tipo de desbordes se acompañan en general de acciones previas "más o menos sistemáticas para cada persona pero pueden ser detectables para el entorno inmediato que tiene un conocimiento previo de este proceso", afirmó.
Finalmente, Mola dijo que no se puede afirmar si el uruguayo es una persona violenta. "Tal vez es más adecuado plantearse que las condiciones de vida de los uruguayos y uruguayas generan condiciones para que nos sintamos inseguros, excluidos, temerosos. Estos son factores que operan en el desencadenamiento violento", sentenció.
EL PAÍS digital