LEONEL GARCIA
Luego de un año de viajar por América del Sur, Joshua (33) pisó Valizas el 5 de enero. Pocos días antes había llegado por primera vez a Uruguay. Pese a que no debe haber nada más distinto en el mundo a su natal ciudad de Madison, en el estado de Wisconsin, le duele solo pensar cuando le toque abandonar el balneario.
"La playa es preciosa y la gente también. Enseguida hacés amigos. Es increíble el ‘feeling’ y el ‘swing’ de este lugar. De noche me encanta la feria de los artesanos, los fogones, y esa música que ustedes escuchan, ¿cómo es que le llaman? Ah, sí. ‘Múgga’", señala el estadounidense en un español sorprendentemente correcto. No estará familiarizado con la expresión más característica del carnaval uruguayo, pero le bastaron pocos días para enamorarse de Valizas. "Vine acá porque me interesaba saber cómo es el veraneo típico de la gente de mi edad en este país.".
Si La Paloma es el "clásico", La Pedrera el "top" y Cabo Polonio el "místico", Valizas es el "gasolero" dentro de los balnearios de la costa atlántica rochense. Hay familias con hijos, pero el grueso de su público va de los 15 a los 30 años. Entre campings, cabañas y fincas —cuyos alquileres diarios oscilan entre 300 y 800 pesos— la ocupación ronda el 90% totalizando 3.600 veraneantes (4.500 el pasado fin de semana).
AMBIENTE. Mucho "¿sale una vaquita pa’l vino?", "loco, conseguí un rancho alucinante y en cuenta", y "vamo’ a armar ese fasito". Valizas se respira distinto ni bien se pone pie. Flota en el aire un ambiente de extrema sencillez y despreocupación por todo, como ser la escasez de servicios eléctricos y de agua corriente. Mucho "hippie", pero a la uruguaya y versión siglo XXI. La calma más bien pachorrienta y el buen clima es total. Como el Cabo Polonio —con la diferencia que los "reventados" que veranean en Valizas suelen ser reventados en serio—, solo que se puede llegar desde la ruta 10. Por ende, mucho más accesible incluso económicamente.
Claudio Cabrera es pescador de la zona. Uno de los aproximadamente 400 residentes permanentes. Además de lamentarse que este año hay poca corvina y ningún tiburón, es encargado de las embarcaciones que por diez pesos por cabeza cruzan a los turistas por el arroyo Valizas. Tampoco tuvo suerte estos días. El arroyo está bajo y se puede cruzar caminando. "De gente, está más o menos igual que el año pasado. Pero creo que el ambiente es mejor. Hay mucha botijada, pero botijada sana, que no molesta a nadie y está en la suya".
La playa es el atractivo principal del balneario como en todo Rocha. Si de "agite" se habla, este se produce sobre la calle "principal" —cuyo nombre, casi desconocido, es Aladino Veiga— en la feria de artesanos, con malabaristas, murguistas y candomberos. De todas formas, la diversión nocturna surge espontáneamente en forma de fogones sobre la arena.
EL ULTIMO. La desconexión tiene sus fundamentalistas. No falta quien duerma bajo los árboles durante toda su estadía, se haga amigo de una barra bien "equipada" y solucione, al menos, el tema comida. Otros son más afortunados. "Tuve terrible suerte, me vine casi sin nada y me metí en un rancho abandonado", afirma Emilce (18).
José Pedro (19) "lidera" un grupo compuesto por cinco mujeres. Afortunado, lo único que busca es un rancho que cumpla su función primordial. O sea, un lugar donde dejar los bolsos. "Todos las demás playas ya se llenaron de gente, incluso el Polonio. Si te querés desenchufar en serio, tenés que venir acá. ¿Sabés qué es Valizas? El último de los mohicanos en materia de balnearios".
Postales de la costa atlantica
Entre Valizas y Aguas Dulces superan los 15 mil veraneantes. Si en la costa rochense el porcentaje de uruguayos llega hasta el 80%, el índice es superior en estos balnearios alcanzando el 90%.
A Valizas se accede por el camino rumbo al Océano Atlántico del kilómetro 271 de ruta 10.
Valizas tiene el 98% de ocupación. El camping tiene un precio de 20 pesos por día y por persona. Los alquileres de las viviendas oscilan entre 300 y 800 pesos diarios.
En Valizas funciona uno de los seis albergues uruguayos pertenecientes al Hostelling International (HI). Su capacidad (56 camas) está colmada. Este lugar ha albergado la mayoría de los extranjeros (argentinos, ingleses, suecos y estadounidenses) que pisaron las dunas del balneario. Para socios uruguayos de HI, la noche cuesta $ 115.
En las viviendas ubicadas sobre la costa de Valizas no hay agua corriente (de hecho, solo hay siete conexiones a OSE) ni luz eléctrica. Aunque algunas poseen generadores y sistemas de bombeo propios.
Pescadores del lugar ofrecen a los turistas cruzar el arroyo Valizas por diez pesos. Si bien muchos lo hacen caminando o nadando, los residentes realizan hasta 130 viajes por día.
Gustavo Núñez, propietario del restaurant "La Proa" de Valizas, sostiene que si bien el número de turistas es mayor que el año pasado, el ritmo de trabajo de su local es "el mismo, unos 200 cubiertos por día". Los puestos que venden comida al paso, cuyo "menú completo"no pasa de 50 pesos, son los reyes de la temporada. Esta es una constante señalada por los operadores turísticos del ramo gastronómico de toda Rocha.
A Aguas Dulces se puede acceder tanto por la ruta 10 como por la 16 desde Castillos. Esta ciudad es a este balneario, lo que Rocha a La Paloma.
En Aguas Dulces el precio de alquileres de casas por día se mueve en una franja que va de 25 a 40 dólares. Una habitación en la posada Gainford, dentro del complejo "El Cuento" en pleno centro del balneario, cuesta 300 pesos.
Un plato de especialidades marinas tiene un precio aproximado de 100 pesos. Por "Gorlerito" se pueden comprar variantes más económicas: baurú a $ 35, panchos a $ 13 y milanesas a $ 20. Algunos comercios ofrecen "combos" con chivitos o milanesas al pan más papas y refresco a $ 70. Las tortas fritas de Aguas Dulces, orgullosamente definidas por los locales como "las mejores de Rocha", cuestan cuatro pesos cada una.
Gorlerito también es el epicentro de la movida noctura de Aguas Dulces. Pool (ficha a diez pesos) y cerveza en los numerosos pubs hasta las dos o tres de la mañana. Luego, el "agite" lleva a su punto máximo en "La Terraza", discoteca que ya tiene más de treinta años en el balneario y que sobrevivió a la fiebre disco, el punk—rock de los ’80 y el auge de la cumbia.
En Aguas Dulces una plazoleta lleva el nombre de Agosto Alvarez. El fue un policía local ya fallecido que se encargó de rescatar a toda una tripulación de una embarcación argentina que encalló cerca de las costas del balneario. Los residentes recuerdan con emoción el hecho pero no se ponen de acuerdo sobre la cantidad de personas salvadas por el agente. Las diferentes versiones van... de dos a cuarenta. Tampoco recuerdan con precisión cuándo ocurrió el hecho, si fue en la década del ’60 o ’70.