La mayoría de las murgas de Buenos Aires expresan una identidad barrial y hacen un uso casi inconsciente -y hasta renegado- de las tradiciones de celebración afro e indígenas, además de la presencia del tango.
El color que las identifica se vuelca en un vestuario que cambia año a año pero siempre incluye características que no varían, como levita, galera y guantes, evocando a los trajes señoriales de antaño.
De esa forma, durante el alborotado baile logra transformarse en una uniforme masa en movimiento que llena todo el espacio del corso. Sin embargo, si con esfuerzo se hace foco en la individualidad de cada integrante de las comparsas se hace presente en los parches que llevan en sus levitas.
Bordada en rutilantes lentejuelas, esta prenda de raso se transforma en toda una declaración de identidad y principios, construida en base a una iconografía en la que pueden entreverarse sin desentonar desde Jesús hasta la roja y alborotada lengua de los Rollings Stone pasando por el nombre de "la vieja", el cuadro de los amores, la pertenencia político partidaria y algún personaje animado como el ratón Mickey.