El renacer a partir de la basura

Villa del Chancho. Las 28 familias construyen sus casas, pero los recursos no alcanzan

 20090707 600x294

ANDRÉS LÓPEZ REILLY

Son 28 familias que vivían sobre miles de toneladas de basura de un viejo vertedero. Hoy, construyen sus casas -y sus sueños- en otro sitio. Pero los recursos y la ayuda escasean: hay 50 niños que no tienen para tomar un vaso de leche por día.

Hace pocos años la "Villa del Chancho" comenzó a crecer sobre un antiguo vertedero municipal, de la década de 1970, lindero a la protectora de animales "El Refugio", sobre camino Oncativo, muy cerca de la Usina N° 5 de Felipe Cardoso.

Las precarias viviendas, de madera y chapa, fueron construidas sobre un terreno que tiene un relleno de entre 12 y 20 metros de basura, dependiendo del lugar.

No tenían electricidad (estaban "colgadas" a la red de UTE), ni agua potable (que sacaban de un caño de OSE). Tampoco había saneamiento y se las arreglaban como podían para deshacerse de las materias fecales y de las aguas servidas. Allí, se dedicaban a la clasificación de basura y a la crianza de cerdos para la venta, lo que le dio el nombre al asentamiento.

Además de la ausencia de servicios públicos, los pobladores de Villa del Chancho tuvieron que aprender a vivir con los esporádicos incendios que se generan en los vertederos de basura cuando hay altas temperaturas. Y con la plombemia que impactó, sobre todo, entre los niños más pequeños.

Las concentraciones de plomo superiores a 10 microgramos por decilitro de sangre son consideradas "tóxicas" por la Organización Mundial de la Salud. "Mi hijo de 5 años tenía 39, 40", recuerda Silvia Acosta, quien vive con sus cuatro niños en el terreno donde fue realojada en 2007. Con sus propias manos, construye allí su futura casa. Esta sí, de concreto.

"Hace dos años y algo que estoy acá y la contaminación le bajó a 15 y pico. Hago de todo un poco, el trabajo es rotativo. Levantamos paredes, hacemos revoques y otras cosas. Tenemos un capataz que nos supervisa y trabajamos 6 horas por día", dijo la orgullosa integrante de la Cooperativa de Viviendas No Sólo un Sueño (Covinus), integrada por los antiguos habitantes de Villa del Chancho.

"Allá no podían salir a jugar, porque todo era basura. Tenían que ir a la calle y era muy peligroso, porque pasan autos y camiones", agregó Enrique Javier Rivero, sin quitarse el casco con el que trabaja muchas veces ocho horas por día, con la esperanza de tener su casa terminada antes de fin de año.

DIVIDIDOS PERO JUNTOS. La cooperativa se repartió en un terreno "urbano" de unos 7.000 metros y otro "rural" de 11 hectáreas, donados por particulares y por fundaciones.

En realidad, según la clasificación que hace la Intendencia de Montevideo, ambos predios son rurales. Y se encuentran a pocos metros de distancia.

La diferenciación fue hecha por los responsables del proyecto, porque en el segundo poblado las familias se dedican a la cría de animales, esencialmente cerdos.

"En este momento hay luz de obra y conexión de agua sólo para una parte, no ha llegado hasta el área rural. Hay baños aparte, provisorios, para mujeres y hombres, con agua caliente y todos lo servicios", resume Jorge Meoni, un misionero laico que trabaja para el Mides y que dedica su vida a apoyar emprendimientos de personas que se encuentran por debajo de la línea de pobreza.

En el área "urbana" hay cuatro casas prácticamente terminadas. Pero en la "rural", el progreso ha sido diferente.

Aún cuando este segundo grupo se encuentra más rezagado, funciona allí un merendero que atiende a unos 50 niños -de ambos predios-, cuando no van a la escuela o cuando sus padres se encuentran trabajando en la obra.

"Todo son donaciones. En el verano estábamos bien, pero ahora está más restringido, no tenemos leche para los niños. Hay una trabajadora social que está haciendo las gestiones ante el Inda y el Centro Comunal N° 9. Ahora, la cosa está complicada, porque estamos en vacaciones de julio y los gurises vienen más seguido", comenta la responsable del lugar, Claudia Silva.

Como otros vecinos, Claudia se dedica a la crianza de chanchos. "Ahora se venden, en pie, a $ 20 el kilo. A fin de año, se puede sacar $ 250 o $ 300 por lechón, pero algunos no aguantan y los tienen que matar o vender antes, porque no tienen para comer", señala.

Según Meoni, "la idea es mejorar de forma conjunta la crianza, para poder venderle a los mataderos". Pero por ahora, están muy lejos de eso: apenas si tienen para alimentarlos con la basura.

A algunos metros, también en el área "rural", hay un flamante galpón construido con una donación de US$ 60.000 de la Embajada de Japón, con apoyo de la Fundación Viven, integrada por sobrevivientes de la tragedia de los Andes. Es para la clasificación y acopio de residuos sólidos urbanos, pero todavía está inactivo.

Y cada vez son menos los que se dedican al reciclaje, por los bajos precios que pagan los intermediarios por los metales, el plástico y el cartón.

INSUFICIENTE. Junto a un grupo de instituciones, los pobladores de la ex Villa del Chancho presentaron el proyecto de realojo del asentamiento a la Inter- American Foundation (IAF), de Estados Unidos, que terminó por aportar US$ 200.000 para la iniciativa.

"El proyecto de Covinus fue elegido entre 1.600 de América Latina como prioritario por la situación en la que vivían las familias", explicó Meoni.

"No sólo es la construcción de viviendas, también son proyectos productivos, que se van a orientar a la mejora en las condiciones para la clasificación de residuos, cría de animales y cultivo de hortalizas", apuntó.

También se han recibido fondos del Mides (US$ 25.000 en materiales de construcción) y algunas toneladas de portland Ancap, además de tener el respaldo de la Intendencia Municipal de Montevideo.

Pero la donación de la IAF, que se recibió con un dólar cercano a los $ 30, ya no tiene el mismo rendimiento. "Nos ha dejado con menos fondos de los que inicialmente teníamos. Hoy, nos están faltando como US$ 70.000", dijo el coordinador del proyecto.

La cifra

200.000 Monto en dólares que aportó una fundación de EE.UU. para el proyecto de realojo. Se calcula que aún faltan unos US$ 70.000.

Apoyos que no alcanzan

Son muchos los que han aportado al realojo de la ex Villa del Chancho y a la formación de la cooperativa Covinus. El proyecto fue aprobado y financiado por la IAF de Estados Unidos. También se obtuvo el respaldo del Ministerio de Desarrollo Social, la Intendencia de Montevideo, Ancap, Hormigones Artigas, club Old Christians, colegio Stella Maris, Fundación Viven y Los Tréboles, entre otros.

Un Techo Para Mi País construyó las casas en las que viven las 28 familias, mientras aguardan que el "barrio" sea una realidad.

El terreno fue comprado por la Fundación Don Pedro, que atiende a unos 300 niños en la zona de Cruz de Carrasco, un barrio que ha tenido muchas expresiones solidarias hacia esta iniciativa.

Otros realojos en marcha

En este momento está abierto un llamado internacional a licitación para regularizar un asentamiento de Colón: 25 de Agosto-Santa María. Se ejecutará con presupuesto estatal y financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El objeto del programa es la ejecución de obras de infraestructura: red vial, red de agua potable y saneamiento, drenajes pluviales, red eléctrica y alumbrado público, plazas, reparaciones y otras mejoras. A su vez, está previsto el realojo de 17 viviendas.

En Boix y Merino, Malvín Norte, se están construyendo 68 viviendas. La inversión, de 2007 a 2010, será de unos US$ 10.000.000", dijo la coordinadora de la Comisión Ejecutora de Atención al Piai, Verónica Helbling. Boix y Merino es un asentamiento ubicado en tierras municipales, en las que viven 282 familias, 42% de las cuales trabajan reciclando residuos. En 2007, se hicieron allí distintas obras de infraestructura y un Centro Juvenil del Inau.

Silvia Acosta: "Voy a tener casa en enero"

"Acá hago de todo un poco, es rotativo. Levantamos paredes, hacemos revoques, y otras cosas. Tenemos un capataz que nos supervisa y trabajamos 6 horas por día. En enero voy a tener casa. El cambio fue muy grande. En Villa del Chancho el terreno estaba contaminado y los gurises tenían plomo en la sangre. Uno de los míos tenía 39 (microgramos de plomo por decilitro de sangre) con 5 años."

Yenifer Fonseca: "Son todos muy solidarios"

Estoy sin trabajo, cobro la asignación prenatal y en algo me ayuda mi madre. También nos ayudamos entre los vecinos, siempre alguien te da una mano cuando estás necesitada. Ahora estoy pasando hidrófugo a las paredes. No puedo hacer fuerza porque estoy embarazada, pero también cuido niños", declara. Tiene 22 años, está embarazada, vive con 3 hijos y 4 hermanos menores de edad.

Enrique Rivero: "Acá aprendí a construir"

Estoy aprendiendo el oficio. Y haciendo esto agarré laburo en la construcción. Pero soy clasificador, y cuando no tengo para comer, salgo con la bicicleta y la mochila a buscar algo", señala. Su mujer trabaja empaquetando jabón en polvo. "A veces los gurises se quedan en casa. La más grande tiene 9 años; sabe cuidar a sus hermanos", agrega. Tiene 28 años y vive con su esposa y 4 hijos.

Por donaciones. Los interesados pueden comunicarse al 525 65 76

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar