El regreso del orgullo de ser alemán

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El orgullo alemán no murió tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial. Más bien sólo cayó en un sueño profundo. Ya despertó el país, listo para celebrar su ingenio económico, sus tesoros culturales y las partes impolutas de su historia. Es que desde que terminó esa guerra, hubo un cambio generacional significativo. Para los alemanes más jóvenes, la guerra en Europa ya no es un recuerdo palpable o un temor tangible. En el gabinete de Angela Merkel, sólo un ministro nació antes del final de la guerra; tres, en los 1970. La familia de Shayan Parvand bien podría representar a la orgullosa pero compleja nueva Alemania. Nació en Irán y su esposa creció en el ex Este; tienen una hija de cuatro años y un hijo de dos. "Hace poco le dije a mi esposa que me gustaría construir una casa", comentó Parvand.

THE NEW YORK TIMES | N. KULISH

Cuando joven en los 1950, el director de cine Volker Schlondorff trató de ocultar sus orígenes alemanes aprendiendo a hablar francés sin acento. Este verano, su hija se pintó banderas alemanas en las mejillas y se unió a multitudes de miles de personas que ondeaban banderas negras, rojas y doradas para celebrar las victorias del país en la Copa Mundial en Kurfurstendamm, una avenida histórica.

Elena Schlondorff confesó que nunca vio la adaptación, ganadora de un premio de la academia estadounidense de cine, de la épica de la Segunda Guerra Mundial el "Tambor de hoja de lata" de Gunter Grass, hasta que se estrenó la versión de un nuevo director a principios de este año. Le interesaba poco la época nazi. "Realmente no siento que me afecte", comentó Schlondorff de 18 años, encogiendo los hombros como adolescente. "Nuestra generación ya lo superó".

A 20 años de la reunificación, Alemania se ha aceptado a sí misma en una forma en la que la generación de la posguerra proclamó que nunca sería posible y que la posterior al muro de Berlín de Schlondorff encuentra totalmente natural.

El cambio es evidente en la radio, donde las canciones alemanas están reapareciendo y desplazando el dominio del pop estadounidense, así como los libros más vendidos sobre Goethe y Schiller o en el descubrimiento de Alemania, desde los Alpes bávaros hasta los viejos puertos en el mar Báltico.

En el Parlamento, los políticos han debatido finalizar la conscripción, amenazando el ideal posnazi de un ejército de ciudadanos comunes, mientras soldados alemanes combaten en Afganistán. A pesar de los temores del aumento en la desigualdad en el ingreso, la maquinaria económica alemana está zumbando y el desempleo ha caído significativamente en lo que fuera Alemania del Este.

Y la canciller Angela Merkel ha liderado un bloque de países que ha esquivado los llamados del presidente estadounidense Barack Obama a los estímulos para el gasto para combatir a la crisis económica, segura de que el mundo debería seguir el ejemplo de austeridad su país.

INQUIETUDES. Diplomáticos y políticos han expresado una creciente inquietud por la dirección de Alemania en los últimos años, ya sea por cerrar un polémico trato sobre un gasoducto con Rusia o por bloquear la membrecía a la OTAN de Georgia y Ucrania.

Los alemanes, para quienes mayoritariamente no han mejorado los salarios y niveles de vida a medida que se ha fortalecido la economía, están más desilusionados que nunca antes con las exigencias financieras de la Unión Europea.

En lo que se encontró una urgencia renovada, fue en las preguntas sobre el compromiso de Alemania hacia el bloque durante la crisis de deuda de Grecia, que amenazaba a la estabilidad del euro. No obstante, habían surgido signos mucho antes de eso.

En la premura por aprobar el Tratado de Lisboa, un acuerdo con el objetivo de incrementar los poderes de la Unión Europea, el Tribunal Constitucional Federal de Alemania en Karlsruhe declaró en junio de 2009 que la identidad constitucional del país "no está abierta a la integración" y que la percepción de la población sigue conectada "a patrones de identificación relacionados con el Estado nación, el idioma, la historia y la cultura".

Aunque el Tribunal aprobó el tratado con condiciones, el tono estridente de la decisión causó alarma entre partidarios de una Europa más unificada. En un análisis confidencial se dice que la decisión significó "hasta aquí y no más lejos" para la integración europea.

La resistencia a nuevas exigencias refleja en parte la transformación que ha tenido Alemania en los últimos años.

El país fusionó una economía dinámica en el Oeste con una en bancarrota en el Este. Los alemanes se vieron obligados a darse cuenta que los trabajadores huéspedes extranjeros nunca regresarían a sus países. El retorno de la capital a Berlín y la construcción de un monumento al Holocausto removieron los recuerdos más oscuros del país.

La inquietud de una Alemania más independiente surgió antes de la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989. En parte para disipar tales temores, las elites políticas del día, como el canciller Helmut Kohl, aceleraron en realidad el compromiso de Alemania con sus vecinos y ayudaron a la Unión Europea a expandirse y crear una moneda común.

Los alemanes no estaban ansiosos por abandonar su querido marco alemán en ese entonces. Su renuencia sólo ha aumentado a medida que se ha llamado a Alemania a ayudar a rescatar a Grecia y quizás a otros países europeos que han administrado mal sus asuntos fiscales. Aunque los socios europeos ven a Alemania como un centro neurálgico de productividad con compañías exportadoras envidiables y competitivas, el debate sobre el futuro en el país se centra en una población que envejece y se reduce, y los crecientes déficits que una más reducida y vieja tendrá que pagar.

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