EDUARDO BARRENECHE
Muchos padres deberían imitar el ejemplo del director Elbio Martínez. Los internos del Hogar Reisch Sintas del INAU no fuman, no beben alcohol, y no van a bailes. Algunos le dicen papá y los hijos de la primera generación lo llaman abuelo.
"Esos niños llegan con la debilidad generada por la marginalidad donde están acostumbrados a que deben satisfacer sus necesidades. Por eso necesitan orden y valores", explicó Martínez (62 años) a El País.
El director del hogar muestra orgulloso una decena de fotografías de la primera generación del hogar, inaugurado en 1988. El interno más destacado es el abogado Francisco Pírez (30), quien se recibió en la Universidad Católica, estudió una maestría en Estados Unidos y es el novel jefe de la delegación uruguaya en la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Martínez relata que la gran mayoría de los internos de esa generación trabaja. Diez de ellos ocupan puestos de distintas responsabilidades en la Asociación Española. "Alguno de esa generación se descarrió. Pero viene y me dice que actuó mal. Por lo menos reconoce los límites", explica Martínez.
Su filosofía de trabajo es sencilla: creer en los niños que llegan al hogar con diversas problemáticas familiares (abandono, situación de calle, violencia doméstica). Luego, diariamente, les enseña valores como disciplina, la importancia del estudio y del trabajo. En tercer lugar, Martínez apuesta a los deportes como herramienta moldeadora de la personalidad del niño o del joven. "Por el bien de ellos, les recorto un montón de cosas que hoy hacen los jóvenes. Es que los internos deben hacer un proceso intensivo para ponerse a rueda de sus compañeros de escuela o liceo", dice.
Martínez lleva a sus internos todos los veranos a una escuela de la Fortaleza de Santa Teresa. De mañana, acompaña a los niños y adolescentes hasta la playa donde realizan ejercicios. Después del desayuno, comienzan talleres de enseñanza de valores y de oficios, efectuando reparaciones de elementos de la escuela que fueron rotos o sufrieron desgastes durante el año lectivo. Así los alumnos aprenden habilidades como carpintería, pintura, electricidad y sanitaria.
Por la tarde, Martínez y los internos se proponen ir hasta Punta del Diablo y realizan una larga caminata por la playa. Al anochecer, se sientan en la arena conversando debajo de las estrellas. "Les digo que deben ser los mejores como personas", apunta.
El tiempo entre el anochecer y la hora de la cena, los internos lo utilizan charlando entre ellos o jugando juegos de mesa.
AMPLITUD. El Hogar Reisch Sintas (ex Salterain) es una casona de principios del siglo pasado ubicada en la calle Salterain y Charrúa. Afuera no hay un cartel que diga Hogar del INAU. "Los jóvenes no son hijos de la institución. Atenderlos es deber del organismo", advierte.
Antes de ingresar al INAU, Martínez recorrió Europa durante dos años como mochilero. Ya recibido de maestro, aprendió la filosofía de trabajo de la entonces directora del Hogar Laureles, Elena Bergeret.
El Hogar Reisch Sintas es parte de la comunidad del barrio Cordón. Las madres de las compañeras de clase (Liceo Zorrilla) de los internos llaman a Martínez para decirle que quedan más tranquilas si éstos acompañan a sus hijas a un cumpleaños.
Hogares de amparo
La Dirección de Protección a la Infancia y Adolescencia del INAU nuclea 31 hogares que alojan a 482 niños, dijo la directora de esa repartición, Mónica Nicolazzi. Son centros de amparo para niños que sufrieron problemáticas sociales. Sus edades oscilan entre cero y 18 años o más si sufren una discapacidad.