El fervor historicista

Dejó una fuerte impronta en Montevideo el francés Víctor Rabu, natural de Agen (Lot et Garonne), que llegó a estas playas en 1856, con los humos de la Guerra Grande todavía flotando sobre la bahía. Esta página ya se ha ocupado de él llamándolo El Señor de las Iglesias, y eso tiene una razón: a Rabu se le deben la iglesia de San Francisco (1864), la de los Conventuales en Canelones e Ibicuy (1868-1870), la de la Inmaculada Concepción o de los Vascos en Julio Herrera casi Colonia (1870), la Capilla de la Sagrada Familia, mejor conocida como de Jackson en la Avenida Luis Alberto de Herrera y Vaz Ferreira (1871), pero hay otras obras emblemáticas firmadas por él además de los templos cristianos.

Por lo pronto, es el autor de los dos polémicos hemiciclos que abrazan el cañón central del Teatro Solís (1856), agregados al Gran Teatro entre 1863-1869, para desvelo de más de un historiador de la arquitectura vernácula (Lucchini, Claret), que jamás deben de haber pisado el Museo de Antropología o el Restaurant del Aguila.

DEJA VU. Siempre fiel a su amor por los estilos del pasado remoto, con especial énfasis en los toques orientales y/o exóticos, el técnico francés levantó el Teatro Alcázar (atención al nombre) en 1867 en Treinta y Tres entre Sarandí y Rincón, la casa quinta de la familia Fynn (1872), ambos demolidos pero felizmente rescatados por fotografías y grabados que revelan grandes delirios orientales y chinescos. Queda en pie, sin embargo, la casaquinta de la familia Eastman (1880) en la Avenida Agraciada, hoy sede del Comando de la Región Militar N‚ 1. Basta mirar con atención esta antigua residencia para descubrir los vanos lobulados, al mejor estilo morisco, esperando la aparición en cualquier momento de la dulce Sulamita.

Sin abandonar los postulados historicistas mamados en las fuentes de Viollet-le-Duc y de l’Ecole des Beaux Arts, el agrimensor Rabu homenajea al neo-gótico en la Capilla Jackson y en varios de sus campanarios, pero en el caso de San Francisco se atiene a valores neo-románicos y el resultado es más tranquilo. También fue autor del Asilo de Huérfanos y Expósitos en la Avenida Gonzalo Ramírez, mejor conocido como Dámaso Antonio Larrañaga (1865) donde se produce una paradoja: en ese asilo hay una capilla, pero no la hizo él, sino Juan Tosi. En la calle Zabala, había levantado en 1867 la Bolsa de Comercio, demolida para dejar paso al Banco de la República.

Monsieur Rabu volvió a Francia en 1878 (se dice que estuvo de paso otra vez en Montevideo en 1890 o 1891), donde disfrutó ampliamente durante treinta años de los generosos dineros cosechados en el Plata durante su gestión. Murió en París el 24 de marzo de 1907.

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