El dolor de una madre que adoptó un niñito haitiano

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Lo esperaba para febrero, pero el trámite se complicó por la pérdida de papeles tras el derrumbe de las oficinas ocurrida durante el sismo; La persona que iba a firmar los permisos falleció en la tragedia, y la única opción para agilizar el proceso de adopción es que el gobierno del país del que son oriundos los futuros padres sea el que gestione la documentación. Por eso, Mabel apela a la sensibilidad de las autoridades argentinas, pues países como Estados Unidos y Holanda ya han flexibilizado estos trámites. La mujer vio por la CNN cómo se derrumbaba parte del vecindario donde se encuentra alojado su hijo, y ruega que la catástrofe no aniquile su deseo de convertirse en madre.

Hace seis días que no duerme y vive pegada al teléfono e Internet para recibir información sobre su hijo, un niño haitiano de tres años, que sobrevivió al terrible sismo. Espera que el trámite de adopción se acelere para tenerlo en sus brazos cuanto antes.

La situación de Mabel García, argentina, de 44 años, cantante lírica y radicada en Corea del Sur por trabajo, es similar a la de varias familias que anhelan reencontrarse pronto con los niños que adoptaron en Haití años atrás, un proceso que hoy se ve dilatado por la pérdida de papeles y demoras en la entrega de los pasaportes a menores, luego de que las oficinas del juzgado a cargo se derrumbaran por el impacto del terremoto.

"Estoy desesperada. Mi hijo es lo único que tengo. No me importa nada más. Necesito que el gobierno argentino me provea una documentación de viaje para que el niño pueda salir", relata angustiada.

Ocurre que la persona encargada de firmar los permisos para salir de la isla falleció en la tragedia, y la única opción habilitada para agilizar el proceso es que el gobierno del país del que son oriundos los futuros padres sea el que gestione la documentación pendiente para completar la adopción.

Estados Unidos y Holanda comenzaron a flexibilizar el ingreso al territorio de algunos de los 380.000 niños abandonados, según cifras de Unicef.

"For his Glory", el orfanato donde se encuentra mi hijo fue saqueado y los chicos ya no están seguros", expresa entre lágrimas.

En las últimas horas, Mabel pudo hablar con su hijo y algunos compañeritos por teléfono.

"El director del hogar me dijo que tienen algo de agua y comida, pero que los más bebitos se están enfermando y van contagiando al resto", comenta la mujer con preocupación.

FORJAR LAZOS. Mabel conoció a su pequeño hijo en octubre pasado cuando fue a firmar unos papeles para poder avanzar con la tramitación que inició en julio del 2008. Estuvo una semana entera con él, conociendo de cerca su vida y lugar de origen, al tiempo que se esforzaba por entender algunas palabras sueltas del creole, la principal lengua de los isleños.

Volvió a viajar en diciembre porque, teóricamente, su hijo ya tenía el pasaporte sellado por el gobierno haitiano, pero un problema administrativo de último momento cambió los planes y el niño no pudo salir. Todo indicaba que para febrero de 2010, el niño viajaría hacia la Argentina para luego comenzar una nueva etapa en Corea del Sur junto a su mamá.

Decidió entonces aprovechar esos días para fortalecer el vínculo con el pequeño y compartir más experiencias.

"Durante esa semana estuve ayudando en el orfanato donde viven mi hijo y otros cientos de niños. Imprimí fotos de muchas familias que esperaban en la Argentina y las puse en una pared. Algunos, incluso, me preguntaban "Do you know my mom?" (¿conocés a mi mamá?), porque pensaban que yo conocía a todas las madres".

Mientras repasa su historia, cuenta que permaneció en Haití hasta las vísperas de Nochebuena, y regresó a Corea del Sur un día antes de que el desastre sucumbiera a la isla.

"Me levanté justo cuando se había producido el terremoto en Puerto Príncipe. Acá en Corea eran las 7.40 de la mañana y allá las 17.40. Intenté llamar a Haití, pero fue imposible comunicarme. Hablé con mi abogada para ver cómo podíamos sacar rápido a mi hijo, mientras miraba por la CNN cómo levantaban cadáveres a la vuelta de la esquina del hogar donde él vive", describe.

"Enseguida empecé a recibir comunicados de la directora del asilo para avisarme que se encontraban casi todos bien y que el hogar no había sido totalmente destruido por el sismo".

Su hijo está a la espera de que su situación se normalice para encontrarse con su mamá.

EXTRACTO LA NACIÓN

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