DIEGO FISCHER
Todos deberíamos vivir la experiencia de llevar a una persona en sillas de ruedas por Montevideo, aunque fuese una sola vez. Pocas situaciones generan tanta bronca e impotencia a quien traslada como al trasladado. Lo he vivido en carne propia por segunda vez en pocos años y con mis familiares más cercanos.
Hace varias semanas mi mujer se fracturó un pie, nada grave; pero sí doloroso y muy incómodo. El médico le aconsejó que mientras estuviera enyesada se movilizara con un andador, o bien -para trayectos largos- en silla de ruedas. Montevideo debe ser de las ciudades del mundo que más barreras arquitectónicas tiene. Parece que los obstáculos hubiesen sido puestos deliberadamente. Las rampas son casi inexistentes; cuando las hay están mal calculadas. El ejemplo más elocuente es la propia Intendencia de Montevideo cuya rampa de ingreso, por Ejido, tiene una pendiente que hace imposible que una persona sola, en silla de ruedas, pueda subirla. Y eso que por 10 años tuvimos un arquitecto como intendente.
El problema no se circunscribe a los edificios públicos, sino a la ciudad toda. Salvo las veredas de 18 de Julio, no hay ninguna otra avenida que tenga bajada en las esquinas. Ni hablar de los cines y teatros. Los primeros -los que funcionan en los shoppings- cuentan con accesos adecuados, pero la mayoría de sus salas son escalonadas; lo que exige recurrir a la ayuda de los acomodadores que -es justo decirlo- siempre colaboran. La situación se repite en los teatros, en los bancos, en los restoranes, en las plazas públicas… Podría llenar la página del diario con ejemplos. Si usted forma parte de ese 10 por ciento de uruguayos que sufre algún tipo de discapacidad física o si tiene un familiar en esa situación, entenderá de lo que hablo.
La semana pasada el Parlamento sancionó una nueva ley de apoyo integral a los discapacitados. Allí se hace responsable al Estado de generar un sistema de atención a dichas personas ¿Quién nos asegura que la nueva norma se aplicará y no pasará a formar parte del país del discurso y el papel? Ese, cuya Constitución obliga a que todos los niños y jóvenes deben cursar Primaria y Secundaria y en el que todos los uruguayos tenemos derecho a una vivienda digna. Sé que lo mejor es enemigo de lo bueno y que -tal vez- sería peor si esta ley no hubiese sido aprobada. De todas maneras, no estaría de más que cada uruguayo viviera la experiencia de llevar a una persona discapacitada en silla de ruedas por Montevideo. Seguro que entonces las cosas sí comenzarían a cambiar.