ANTONIO MERCADER
TERMÓMETRO
Ese diario hoy olvidado cuya marca no halló comprador en la subasta de estos días, fue por lejos el de mayor circulación en la historia de la prensa uruguaya, con ediciones cotidianas de más de 100.000 ejemplares. El brillo de "El Diario" -los canillitas lo voceaban "El Diario de la noche"- comenzó en tiempos sin TV cuando era apetecible la prensa vespertina. Salía a la calle a las seis de la tarde para un público que no se iba a la cama sin leerlo y se vendía al golpe de unos titulares cargados de noticias policiales, políticas y deportivas. Lo acusaban de sensacionalista, pero una exitosa trayectoria que abarcó tres cuartas partes del siglo XX debe explicarse por razones más profundas.
Una de esas razones era su ductilidad, su capacidad de volcarse a la noticia del día dejando de lado la rutinaria agenda, la bolsa noticiosa que cada mañana heredan diarios y radios al comenzar su tarea. Le sobraba personalidad como para construir su propia agenda, alterar el orden de sus páginas y eliminar todas las secciones fijas excepto una: la cartelera de pagos a los jubilados. En su época gloriosa era capaz de vaciar la redacción y sacar a sus cronistas a la calle en busca de "hechos distintos" y "notas de interés humano", aptas para pulsar una cuerda sensible del público o, simplemente, sorprenderlo.
Sorpresa era la palabra clave de un diario no burocrático que buscaba que, al desplegar sus entintadas páginas sábana, el lector recibiera un impacto que azuzara su curiosidad y lo impulsara a seguir leyendo. Un diario sin fallas en los grandes episodios. Primero en informar sobre el ingreso del acorazado alemán "Graf Spee" al puerto de Montevideo -y con él un hálito de la Segunda Guerra Mundial-, "El Diario" quedó ligado en el recuerdo a noticias que hicieron historia como el suicidio de Brum, el gol de Ghiggia en Maracaná, las inundaciones del 59, el tesoro de las Massiloti o los pistoleros del Liberaij.
Dato sugestivo, era un diario menos político que sus competidores y por tanto más libre para informar -y opinar, pues tenía una página editorial con grandes firmas- sobre la actualidad. Poderosas fotografías, una presentación gráfica cambiante aunque sin alardes, fuertes secciones deportivas y de turf, predilección por la entrevista breve, notas matizadas con recuadros "de color", una cuidada página de historietas, todo ello ensamblado con la mirada puesta en los gustos del lector. Por encima de ello, con absoluta prioridad, la noticia del día, aquello que fue la sal de la vida de "El Diario", rey de la extinta prensa vespertina en los viejos buenos tiempos.