Unos 50 policías volvieron a cercar ayer el barrio Marconi, luego que vecinos convocaran a una marcha reclamando justicia por la muerte de Álvaro Sosa, ocurrida el pasado domingo. Se temía lo peor, sin embargo no llegó a concretarse la movida.
"Con una 357 le puedo hacer terrible agujero a esta `chanchita`, ¿no?". La frase no provenía de un experiente delincuente, nada de eso. Fue dicha por un niño de apenas ocho años, uno de los tantos que ayer curioseaban alrededor del cerco policial, montado en Aparicio Saravia y San Martín.
Y lo que el chico pretendía "agujerear" era uno de los tres blindados de la Guardia Republicana que rodeaban el barrio Marconi. La idea del operativo era impedir que vecinos del barrio cortaran el tránsito de la avenida San Martín y prevenir desmanes ante la convocatoria hecha a través de pintadas en muros y paredes del barrio. La consigna era "Todos somos Marconi", casi un grito de guerra con el fin de reclamar justicia por la muerte de Álvaro Sosa, el joven que el domingo murió de un disparo mientras la Policía detenía a ocho sospechosos de la rapiña a una panadería. De algún modo es incidente inicial fue la mecha que encendió a una de las zonas rojas más problemáticas para la Policía capitalina.
CONFIDENCIAL. Los "ojos y oídos" de la Policía habían obtenido un dato preocupante varias horas antes de la anunciada movida.
De acuerdo con la información confidencial manejada por los investigadores de Jefatura y de la Dirección General de Información e Inteligencia que desde el domingo "peinan" toda la zona en busca de datos, se preveía que en la madrugada de ayer los delincuentes propiciarían un "trasiego" de armas y municiones. Esto había puesto a las autoridades ante un escenario alarmante: que alrededor de medio centenar de participantes de la movida estarían armados. El resultado habría sido varias veces peor al del domingo pasado.
Sobre esta base la Jefatura diseñó un importante operativo policial, con el despliegue de efectivos de la Guardia Republicana y del Grupo Especial de Patrullaje Preventivo (GEPP).
Algunos de los efectivos consultados durante la pasada jornada no tenían dudas sobre lo que iba a ocurrir: "hoy arde Marconi". Sin embargo, no pasó nada, aunque el aire se "cortaba con cuchillo".
Efectivos policiales, medios de prensa y curiosos esperaron durante horas ver aparecer a los manifestantes, pero ni siquiera llegaron a juntarse en la esquina de Enrique Castro y Saravia, lugar que los convocantes habían manejado como centro de la manifestación.
Los blindados de la Republicana recorrieron el bulevar Aparicio Saravia desde San Martín hasta Mendoza, varias veces de ida y vuelta.
En la recorrida realizada por El País, se vio a lo largo de toda la avenida varios grupos de jóvenes reunidos, en aparente actitud pacífica. Pero el vehículo ajeno al barrio terminó por despertar las sospechas y pronto los jóvenes comenzaron a echar miradas con caras de pocos amigos.
Pasó la hora marcada para la marcha y nadie apareció. "Habrá que esperar hasta las ocho", comentaron los policías apostados en la esquina. Pero al caer la tarde tampoco pasó nada.
La Policía mantuvo dispositivos de vigilancia.
APOSTADOS. Junto a la Comisaría de la Policía Comunitaria en Aparicio Saravia y San Martín, se apostó la mayoría de los efectivos policiales abocados al operativo, un medio centenar. Los restantes se ubicaron del otro lado del Marconi, por la avenida Pedro de Mendoza.
El Director de Coordinación Ejecutiva de Jefatura de Policía, Miguel Iraola, se hizo presente en el lugar para supervisar los movimientos. Al ver aparecer al jerarca todos los medios de prensa se acercaron a él.
Sin embargo, Iraola se desmarcó enseguida: "No voy a hablar. Si quieren saber algo hay que hablar con el jefe (de Policía, que está en Colombia en este momento) o con el Departamento de Prensa", indicó sin contestar más preguntas.
El número tres en la cadena de mandos de la Jefatura revisó cada uno de los dispositivos, dio instrucciones.
"Acá no va a pasar nada", auguró uno de los efectivos policiales apostados en el lugar, luego que pasó la hora de la convocatoria en las pintadas.
En el correr del día habían surgido otros datos que podían hacer sospechar que, finalmente, la marcha y la quema de cubiertas no se concretarían.
María Teresa Conde, madre del joven fallecido, había dicho a familiares y amigos que no iba a participar en ninguna marcha.
"No quería tener nada que ver con la marcha", dijo una vecina del lugar que había hablado con ella. "Esta destrozada por lo que le pasó al Bebe (apodo del joven fallecido)", agregó la mujer que dialogó brevemente con El País.
Al ser consultada sobre si ella misma u otros vecinos de su conocimiento iban a participar de la marcha, dijo que no, "por respeto a la familia".
Pequeños grupos de jóvenes y adolescentes, empero, se acercaron hasta el epicentro de la marcha. Un grupo de seis chicos pasó primero, hablaban y reían entre ellos. Luego otro similar -todos ellos con las gorritas con visera tan características- pasó sondeando la cuadra y continuó camino. Por último, el grupo más numeroso de jóvenes, alrededor de una decena, hizo lo mismo y al alejarse rumbo a Casavalle dejaron escuchar algún insulto, claramente dirigido a los uniformados, que de todos modos permanecieron impertérritos.
La guardia policial permaneció toda la madrugada patrullando la zona.
Las cifras
50
es la cantidad de efectivos que se desplegó en la zona, con vehículos blindados, para impedir la formación de tumultos.
17.30
es la hora para la que se había convocado la manifestación bajo la consigna "Todos somos Marconi" en las pintadas.