Udelar reconoce que sus facultades carecen de una oferta para que los presos puedan estudiar en la cárcel

Solo una carrera se puede iniciar y finalizar estando en prisión, según informe; "o agarrás un cuchillo o un lápiz", graficó un expreso sobre la opción de estudiar, en medio de la "adicción y violencia".

Unidad N° 5 del Instituto Nacional de Rehabilitación, cárcel de mujeres ubicada en Colón
Unidad N° 5 del Instituto Nacional de Rehabilitación, cárcel de mujeres ubicada en Colón.
Foto: Agustín Carballo/Archivo El País.

Un informe de la Universidad de la República (Udelar) presentado esta semana en el Consejo Directivo Central (CDC) arrojó que varios servicios o facultades “no tienen una oferta o trayectos claramente definidos” para los estudiantes privados de libertad (EPL), y que solamente una carrera se puede iniciar y completar desde la cárcel.

El CDC de Udelar resolvió en diciembre pasado relevar la oferta de carreras de la Udelar en contexto de privación de libertad. Para ello pidió a todos los servicios que reporten ese mes las formaciones que se pueden comenzar y finalizar en la cárcel, así como las prácticas se puedan realizar con salidas transitorias, para informarlo a los EPL antes del primer período de inscripción, en febrero de este año.

Sin embargo, este plazo no se cumplió, sino que en junio se elaboró un informe de la oferta educativa para reclusos, que fue presentado esta semana en el CDC. En primer lugar, se marcó que obtener esta información “significó un desafío”, y que si bien “no es un tema ignorado” por los servicios, “es difícil ser concluyentes sobre la oferta” de educación para presos.

“En muchos casos, los servicios no tienen una oferta o trayectos claramente definidos para EPL, lo que implicó relevar el estado de cada unidad curricular, la cual puede variar cada año”, se marcó en el informe del Prorrectorado de Enseñanza, al que accedió El País.

“Del relevamiento y sistematización de la información proporcionada por los servicios surge que las posibilidades de cursado son heterogéneas. De ahí que en su amplia mayoría no se pueden iniciar y finalizar en contexto de privación de libertad, pero incluso iniciando estas formaciones se presenta una importante dificultad para avanzar más allá del cursado de unidades curriculares de los primeros semestres”, se agregó.

El informe indicó que la “única” carrera que se puede comenzar y finalizar en prisión es la Tecnicatura en Administración de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (FCEA), que tiene una duración de cinco semestres.

Si bien se puede cursar toda la formación de tecnólogo en gestión universitaria, se “desalienta” su cursado ya que los requisitos de ingreso al sector público “imposibilitan” la contratación de personas que hayan estado recluidas.

En tanto, es posible iniciar y finalizar el ciclo inicial de la Facultad de Ciencias Sociales (FCS); de las licenciaturas en Archivología, Bibliotecología y Comunicación de la Facultad de Información y Comunicación (FIC); de la Licenciatura en Psicología de Facultad de Psicología; el Ciclo Inicial Optativo (CIO) Área Salud del Cenur Litoral Norte sede Paysandú y los trayectos de Psicología y Turismo del CIO Área Social del Cenur Litoral Norte sede Salto.

También existen servicios que ofrecen materias en modalidad virtual, como por ejemplo en la Facultad de Derecho, donde se podrían cursar las licenciaturas en Relaciones Internacionales y Relaciones Laborales porque “admiten el dictado virtual” en primer año en el turno vespertino y nocturno, de ahí en adelante en el nocturno, acotó el informe.

“Sin embargo, la mayor parte del estudiantado en privación de libertad no tiene acceso al centro universitario de la unidad en horario nocturno ni a conexión a internet fuera de éste (salvo estudiantes de la Unidad Nº 6). Por esta razón se considera que no es por completo viable que estas formaciones se puedan iniciar y culminar en privación de libertad”, se aclaró.

En el último CDC se resolvió que a fines de setiembre cada facultad o servicio deba actualizar la oferta de privación de libertad para que los reclusos interesados en la educación universitaria puedan contar, antes del período del primer período de inscripciones, de febrero, con otro panorama sobre las trayectorias académicas que pueden cursar.

"Estar a la altura"

Por su parte, el orden estudiantil cuestionó el informe citado. “No solo los plazos de entrega en tiempo y forma se incumplieron, si no que la información entregada no es clara, ni cumple con lo solicitado”, destacó la consejera estudiantil Lucía Devincenzi.

“Para poder sostener una educación digna y de calidad en base a la democratización de la educación superior en contexto de encierro (…) los servicios deben a su vez sostener el compromiso de estar a la altura de las demandas de Udelar, y eso es exactamente lo contrario a lo que refleja el informe”, acotó la consejera.

“O agarrás un cuchillo, o un lápiz”

Maicol Zapatta tiene 38 años y estuvo preso entre los años 2014 y 2021. Durante su reclusión en el Penal de Libertad primero terminó el bachillerato, y luego cursó dos carreras universitarias: una tecnicatura en Administración (FCEA) y la licenciatura en Educación Física (ISEF).

Si bien no egresó de ambas carreras, es un asunto que tiene pendiente. El exrecluso dijo que haberse encontrado con el estudio influyó para no reincidir. “O agarrás un cuchillo, o un lápiz, es una de dos”, lo resumió en diálogo con El País.

“Tener la posibilidad de estudiar te hace crecer y alejarte, porque lo que se vive a diario en una cárcel es adicción y violencia”, contó Zapatta, que era visto por sus pares como un “bicho raro” por estar estudiando en un contexto donde “la realidad supera a la ficción”.

“Te ocupa la mente y luego eso te hace nuevas conexiones, nuevos contactos, encaminas la vida por otro lado. Si no le das la posibilidad al individuo de transitar otro camino, va a seguir transitando el mismo. Sin lugar a dudas, la educación es una de las herramientas más fuertes que existe para poder generar un cambio”, agregó.

Martín Baez tiene 53 años y cayó en prisión por última vez en 2019. En ese momento enfrentaba una pena de seis años, y vio el estudio como una manera de rebajar su sanción y “escaparse” de la cárcel de Punta de Rieles.

“A lo primero, no te voy a mentir, yo lo trataba como una manera de redimir pena. Pero después, como que entrás en un círculo, a ponerte metas, a tener un sentido de responsabilidad distinto que te enganchás”, dijo a El País.

“Estaba todo el día en el centro educativo de Punta de Rieles”, recordó Baez, que desde joven tuvo una inclinación por las Ciencias Económicas, e incluso cursó sexto de Economía, pero luego no pudo trasladarse a estudiar a Montevideo por razones económicas.

Baez empezó la tecnicatura en Administración en prisión, que terminó en 2024, a pocos meses de salir de la cárcel. Hoy trabaja en el campo, pero busca un empleo vinculado a su carrera, y prevé retomar pronto los estudios para recibirse de licenciado en Administración (FCEA).

Universitarios recluidos

Desde 2016 rige un acuerdo entre la Udelar y el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) que busca garantizar el derecho a la educación superior de los privados de libertad. La demanda por estudiar en las cárceles ha crecido en los últimos años, y es un asunto ponderado por la universidad en su plan de desarrollo estratégico (Pledur) 2025 – 2029, como en esta Rendición de Cuentas.

“Cada vez son más las personas privadas de libertad que buscan formarse en las carreras que ofrece la institución”, señaló una presentación de Udelar en 2025 durante la discusión de la ley de presupuesto, que adjuntó una gráfica con la suba de inscripciones entre 2020 (32) y 2024 (639), buscando más presupuesto.

El informe citado también reportó que en el primer semestre de 2025 se superaron las 600 solicitudes de inscripción, mientras que sumaron 356 en el primer semestre de 2026. Cabe puntualizar que desde este año se limitó a un máximo de dos carreras por recluso. En el primer semestre del año, la Facultad de Enfermería (FENF) concentró la mayor cifra de inscripciones (78), seguido de la FIC (49), FCEA (31), FCS (26) y FDER (19).

La matrícula estudiantil también crece en las cárceles. Por ende, la propuesta presupuestal contempla el fortalecimiento de la estructura de funcionamiento académico, administrativo y de malla curricular de la Educación en Privación de Libertad”, destacó la propuesta presupuestal 2027 de la universidad que tiene una matrícula de 166.000 estudiantes activos, el doble que en 2007.

La Rendición de Cuentas de Udelar 2025 contabilizó 268 estudiantes universitarios en privación de libertad, distribuidos en la Unidad 6 – Punta de Rieles (89), Unidad 4 – Ex Comcar (77), Unidad 5 – Cárcel de mujeres (48), Unidad 3 – Penal de Libertad (41), Unidad 20 – Cárcel de Salto (11) y la Unidad 9 – Cárcel de mujeres con hijos (2).

Udelar no solo ofrece cursos universitarios a esta población, sino que también extiende su programa de becas. En 2025 se otorgaron 96 becas a reclusos, sobre todo para materiales de estudio (61), pero también hubo becas de apoyo económico (27), de $ 13.728 por mes.

En una población de unos 16.000 reclusos, tal como informó el ministro del Interior Carlos Negro el mes pasado en el Parlamento, la cifra de quienes buscan ser universitarios puede ser tomada como una cifra menor. Sin embargo, debe valorarse el bajo nivel educativo entre los reclusos. Un estudio oficial de 2023 arrojó que el 53,5% son analfabetos funcionales o totales.

En un contexto carcelario donde el 90% son hombres, dicha representación se mantiene entre quienes realizan estudios universitarios tras las rejas. El informe agregó que un 77% de quienes ingresaron a Udelar en prisión culminó sexto año de liceo en la cárcel.

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