Educación para el trabajo

Terminar liceo "no hace la diferencia"

Estudio señala que terminar el bachillerato hoy es poco útil para entrar al mercado laboral.

Hace años: investigador dice que los problemas con Secundaria datan de la concepción de 1941 que no daba prioridad a lo laboral. Foto: archivo El País.
Hace años: investigador dice que los problemas con Secundaria datan de la concepción de 1941 que no daba prioridad a lo laboral. Foto: archivo El País.

El adolescente X salió a trabajar ni bien terminó tercero de liceo, y empezó a ganar unos $ 10.000 al mes. El joven Y, sin embargo, prefirió acabar el bachillerato, una inversión que a su familia y al Estado les cuesta entre $ 6.000 y $ 7.000. Cuando por fin culminó sexto año saltó al mercado laboral con un sueldo de $ 15.000. Pero para entonces el adolescente X, quien ya tenía más de tres años de experiencia laboral, ganaba lo mismo.

Pese a que la educación obligatoria llega hasta sexto año del liceo o UTU, acabar este tramo educativo "no hace la diferencia" si el joven no piensa estudiar en una universidad. Dicho de otro modo: "no es significativa" la utilidad de tener o no el título. Y eso vale para los ricos como para los pobres. Esta es la principal conclusión a la que llegó el sociólogo Pablo Menese en la Evaluación racional de la utilidad educativa en Educación Media.

Al académico le importaba entender por qué un país con solo 7% de pobres, tiene un 60% de jóvenes que no terminan la educación obligatoria. Tras la inversión en educación más fuerte de las últimas décadas, dice la investigación, parece insensato pensar que la desigualdad educativa solo se explique por la exclusión social.

De hecho, Menese comprobó que las transferencias monetarias (llámense becas o asignaciones familiares) carecen de peso significativo en el bachillerato. Y si la pobreza no es la explicación directa del abandono de la enseñanza, ¿acaso no será un tema de utilidad?

Desde una mirada racional, seguir estudiando se basa en una ecuación: cuánto me sale estudiar + a qué renuncio por estudiar + qué utilidad obtengo por seguir estudiando. "Si los costos son mayores a la utilidad, que es lo que pasa sobre todo en Secundaria, no hay sentido racional de acabar el bachillerato", explicó el sociólogo de la UdelaR. Esto cambia si se continúa a la universidad, en cuyo caso sí hay un salto salarial y de tasa de empleo.

Para el caso de los jóvenes más pobres, seguir estudiando el bachillerato tiene un costo directo que representa entre el 30% y 35% de los ingresos del hogar. Y, a la vez, existe el costo indirecto de no salir a trabajar que ronda el 40% del ingreso. Sin embargo, "la utilidad de acreditar la educación media superior en relación a la educación media básica no es significativa", sostiene el investigador.

Entre los más ricos los costos tienen menos peso: los directos son el 8% de los ingresos del hogar y los indirectos el 10%. Pero tampoco hay una utilidad significativa. "Es obvio que en Uruguay el bachillerato no haga la diferencia, porque no está pensado para una mejor salida al mercado laboral", explicó Menese. "Es un tema ideológico, un tema vigente desde 1941".

En aquel momento hubo una reforma educativa en la que se entendió que la educación Secundaria no formaba para el trabajo, sino para un conjunto de valores y para la construcción de ciudadanía. Entonces, si el liceo tiene la forma de un tubo, da lo mismo a efectos de las capacidades laborales si uno se sale en una parte o termina toda la tubería. A lo sumo ese tubo que se llama Secundaria es la base para entrar a otro tubo que lleva el nombre de universidad.

Da trabajo.

Entre los jóvenes de 17 a 25 años que tienen la Secundaria completa, la tasa de empleo es del 43%. Entre los que acabaron la UTU, la tasa trepa al 58%; según la Encuesta Continua de Hogares 2017. Esta es otra muestra, dice el sociólogo Menese, de que la utilidad de la formación técnica es mayor que la del liceo clásico (donde estudia la mayoría del alumnado uruguayo).

En los países con mayor tradición en educación media, como Alemania y Japón, acreditar los distintos niveles de la enseñanza sí suele hacer la diferencia. En Alemania, de hecho, la tasa de desocupación de los jóvenes es casi idéntica a la de los adultos; en Uruguay, en cambio, la juvenil "casi triplica a la de los adultos", dijo el investigador Javier Lasida, de la Universidad Católica.

"La desocupación juvenil es un problema de flujo y no de stock", señaló Lasida, quien explicó que lo que facilita la transición "es el sistema dual", o sea la mezcla de las competencias laborales con el academicismo.

Tanto Lasida como el colectivo Eduy21 que él integra, entienden que no se trata de dividir a la educación media entre técnica y académica sino de combinar habilidades prácticas y más teóricas en el mismo sistema. "Se unifica la forma de gobernanza, pero se diversifica la oferta para que el estudiante elija su propio recorrido", dijo.

En su investigación, Menese concluye que es necesario "revisar las políticas de combate a la desigualdad educativa". Por un lado, "incrementar los montos de las transferencias". Por otro, cuidar la relación utilidad y costo indirecto. Y, por último, pensar políticas que no solo tengan que ver con la pobreza, sino con las habilidades para el trabajo.

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