COVID-19

Seguir las clases como sea: la pandemia en la campaña

Suben al cerro a buscar señal de internet o mandan deberes en ómnibus.

Cuesta arriba: en la cima de los cerros, estudiantes de zonas rurales encuentran la mejor señal de internet; hasta allí van para hacer las tareas. Foto: Archivo El País
Cuesta arriba: en la cima de los cerros, estudiantes de zonas rurales encuentran la mejor señal de internet; hasta allí van para hacer las tareas. Foto: Archivo El País

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A las cinco de la tarde, José estaba allí, en la cima de uno de los cerros que quedan a cinco kilómetros de su rancho y con el celular apuntando al cielo para asegurarse la señal.

-¿No estás con frío, m’hijo? -preguntó la maestra en una conversación entrecortada por WhatsApp.

-No, maestra. Ando bajo el resguardo de unos romerillos.

La suspensión de las clases, por el nuevo coronavirus, trajo a miles de estudiantes una vida de quietud y encierro. Para otros, como José, devino en el desafío de continuar los cursos a como dé lugar: yendo a captar la señal a un cerro, enviando deberes por el único ómnibus que transita un poblado o haciendo un delivery de tareas escolares, portera por portera.

Tenía que ser a las cinco en punto y no mucho después. Porque la madre de José -auxiliar de servicio de la escuela 30 de Lavalleja, a la que acude su hijo- se había quedado sin luz en la moto. Y los caminos de tierra, a las costas del Cebollatí, no son aliados de las travesías nocturnas.

Tatiana Peña -voz pausada y nítida, como buena maestra rural- había ideado ese encuentro virtual entre los cuatro alumnos de su escuela. Porque, además de sumas y restas, “los gurises tienen que verse, tienen que interactuar, tienen que sentir que la vida sigue”.

El resto de los días -léase de lunes a viernes, aunque el viento de las sierras complique la conectividad- les manda una tarea que cada uno completa a su tiempo. Un ritmo que para José está marcado por ese peregrinaje hasta la cima del cerro, el cobijo entre las ramas y el clic en “enviar”.

Uruguay integra el círculo de diez países que lideran la carrera digital. Pero eso no equivale a que la señal de internet sea perfecta. Menos en campaña.

Por eso, Julio Ibarra, coordinador de las escuelas rurales de Lavalleja, retomó en esta pandemia una herramienta que parecía obsoleta: la radio.

Al aire

“Desde las sierras llega a su hogar: ‘La radio y la escuela, un libro nos une…’”. Una voz gruesa, de esas que caracterizan a los locutores de AM del interior, da paso a un programa que se emite los lunes, miércoles y viernes a las 10.40 horas por CX 54. Luego cede el éter a la reseña de un autor, a un cuento o un poema.

La maestra Leidys Abreu envía un mensaje de texto a cada uno de sus alumnos de Barra de Los Chanchos: “Recuerden escuchar la audición de hoy y redactar cuál es la moraleja”.

En la década que lleva como docente jamás le ha tocado lidiar con una suspensión de clases de tal magnitud. Ni siquiera cuando las cañadas no dan paso. Pero, como en el yin y el yang, Abreu encuentra lo positivo de esta coyuntura: una vuelta al pasado, a su pasado.

Porque cada audición parece un flashback de su propia historia. “Cuando era niña y estaba en lo que entonces era preescolares, teníamos que escuchar la radio y completar una cartilla de actividades que nos daban a comienzos de año”, recuerda con un dejo de nostalgia. “Ahora puedo repetir esa tradición con mis dos hijos, ambos alumnos de la escuela”.

Abreu -que no es nada de Sebastián Abreu, aunque su poblado queda a 40 kilómetros de donde nació el goleador- valora que “se haya recuperado una estrategia que parecía obsoleta: en el 100% de los hogares del poblado hay una radio para seguir conectados”.

En Tacuarembó, el coordinador Jorge Vignoli también ha apostado a la radiodifusión. A través de la emisora Zorrilla interactúan docentes y alumnos bajo el hilo conductor del arcoíris: “siempre después de la tormenta sale el arcoíris”. Alguna vez la consigna es visualizar los siete colores en una ventana, para así comprender las reglas del fenómeno óptico. O redactar un poema, o aprender a hacer masa casera de colores.

O cualquier tarea que quepa para quienes tienen un sintonizador. Porque en La Rosada, 67 kilómetros al sur de la ciudad de Tacuarembó, la electricidad solo llegó al centro educativo.

En los tres hogares de los ocho niños que acuden a la escuela 59, los celulares se cargan con generadores a combustible y no existe el wifi. Los deberes llegan por WhatsApp y se descargan usando los datos móviles que, cada tanto, la maestra María Linlei De Los Santos recarga a las familias.

Pero en la casa de Joseline, la alumna que vive más lejos de la escuela, no hay siquiera un teléfono inteligente. Por eso Nibia, la madre de otros compañeritos, hace cinco kilómetros de ida y cinco de vuelta para alcanzarle los deberes. “Ella no está obligada, pero en momentos difíciles es cuando más aflora la bondad”, dice De Los Santos sin ocultar su emoción.

“El encierro es bravo, incluso para los niños que viven en zonas rurales, que pueden corretear, pero no tienen a nadie con quien jugar”, agrega.

¿Niños, encierro o aprendizaje? De Los Santos pensó en estos tres pilares y recordó El Diario de Ana Frank. Aquel relato que la joven judeoalemana escribió en su escondite en Holanda, durante la Segunda Guerra Mundial, era una idea perfecta para esta cuarentena: cada día los alumnos van completando su diario personal.

“Escribir un diario es una experiencia muy extraña para alguien como yo”, decía Frank. “No sólo porque nunca he escrito nada antes, también porque me parece que más adelante ni yo ni nadie estará interesado en las reflexiones de una niña de trece años de edad”.

Y su diario fue parte de la historia; ¿también lo será lo que los niños escriben hoy?

No hay fecha definida para volver a las clases

El gobierno anunció la semana pasada que las clases están suspendidas en forma indefinida y no se retomarán el lunes 13 de abril tras la finalización de Semana Santa, como estaba previsto inicialmente. El miércoles próximo, dijo el presidente Luis Lacalle Pou, se anunciará un plan para que algunos alumnos con determinadas características retomen los estudios. En tanto, un 97% de los uruguayos apoya la suspensión de clases, según una encuesta que divulgó la consultora Factum.

Una profesora hace delivery portera a portera en Artigas

“Se van a suspender las clases en los centros públicos y privados de todo el país por 14 días. La idea es no generar aglomeraciones. Esto no son vacaciones, es una medida de prevención de primer orden”, había dicho el secretario de Presidencia, Álvaro Delgado, el 14 de marzo.

A Adriana Montes, la profesora de Idioma Español del liceo de Javier de Viana en Artigas, le preocupaba cómo llegar con sus clases a todos los alumnos. Fue entonces que ideó, sin que nadie se lo exigiera, un delivery portera a portera.

“Hace más de ocho kilómetros para un lado y para el otro yendo con las tareas”, cuenta con orgullo y el clásico cantito fronterizo la directora Claudia Freitas. “Aquí estamos con la camiseta puesta, reinventándonos, fundando una nueva escuela por fuera de cuatro paredes”.

Allí lo están haciendo y también en Bernabé Rivera, donde una profesora envía las consignas por el único ómnibus que pasa al día por el poblado y recibe la devolución un día después.

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