Durazno es la patria del rock: llegaron unos 700 ómnibus con fanáticos

| La selección, el cambio de hora, la gran organización y la primavera fueron el marco para un día ideal de rock

¿TODO BIEN? Uno de los tantos roqueros prontos para disfrutar del mega recital del año. Llegó a Durazno en un camión cargado de gallinas. 200x123
¿TODO BIEN? Uno de los tantos roqueros prontos para disfrutar del mega recital del año. Llegó a Durazno en un camión cargado de gallinas.

DURAZNO | J. LYONNET Y F.MURO

Desde la caja de los camiones salen las banderas de La Trampa, de Trostky y La Vela Puerca. Es lo que se ve de lejos. Desde cerca las caras de los que van a Durazno. Saludan a todos los autos que los pasan, que responden con bocinazos. Un camión de gallinas. Ya paró y levantó a tres personas. Las llevan en la cabina. Vuelven a parar. Se suben cuatro más en la caja, y sus risas se entreveran con los cacareos. "Voy hasta Florida", les dice el conductor.

"Vení al rock. Durazno te espera". La frase estaba impresa en los ómnibus que recorrían la Ruta 5 llevando a los jóvenes que iban para la tercera edición del festival Pilsen Rock. "Andrea, te veo en el Pilsen", escrito en la parte de atrás de los carteles se repite durante un par de kilómetros. Alguna camiseta celeste trae a la mente que un rato más tarde, además del festival, la selección se jugaba la clasificación al mundial de Alemania.

"Yo vengo por La Trampa y Graffolitas", dice Cecilia Castro, de 17 años en su primer Pilsen Rock. Su pareja, Fabricio González, con dos festivales encima, esperaba una mejora: "Me gustó más el primero que el segundo. Espero que éste sea mejor que el del año pasado".

Analía y Valeria, de 21 años, fans de Buitres y La Trampa venían en la cabina del camión de gallinas. Llegaron al parque de la Hispanidad cuatro horas antes de que empezara el show.

Por todos lados las carpas germinan. En los camping más o menos organizados, en las banquinas o a campo nomás. Algunos se conforman con poner un toldo al lado del auto, aguantado con dos palos.

"En este momento está llegando otro tren", dice el intendente Carmelo Vidalín del otro lado del teléfono. A las cuatro de la tarde, acababa de llegar al Parque. "Yo ando medio disfrazado de rockero, todo vestido de negro, chiveando en una moto", anuncia. Vidalín reitera su estimación. Espera 100.000 personas y el día soleado, agradable, refuerza su convicción. En los festivales anteriores la concurrencia se estimó en 40.000 personas (2003) y 70.000 (2004).

Los 780 ómnibus que la Intendencia tiene registrados llegan uno atrás de otro. Tres por minuto, desde media mañana. A las 16.30, el Centro de Durazno es un hervidero. Caravanas embanderadas peregrinan hacia el lugar del festival.

(Producción: V. Rodríguez)

54.000

Son los litros de cerveza que prevén vender en Durazno. El año pasado se comercializaron 36.000

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar