R.TOURIÑO | R. ROSSELLO
El férreo dispositivo de seguridad que comenzó a instrumentarse ayer en el hospital Pasteur sorprendió a pacientes y familiares. En el portón de ingreso, cuatro funcionarios de vigilancia interrogaban a cada persona sobre el sector del centro al que se dirigían. Luego, cada acompañante debió dejar en la cabina de recepción su cédula.
Mientras la investigación se intensifica a nivel policial, en el Pasteur se vive una tensión inusitada. A falta de un claro culpable de ambas muertes, las sospechas se dirigen a casi cualquiera que atraviesa los portones del centro.
En el interior del hospital, donde fallecieron extrañamente dos personas, ningún familiar podía permanecer sin la tarjeta de acompañante. Cada paciente sólo puede tener un cuidador a su cargo. Varios familiares consultados por El País comentaron que los enfermeros se presentaban con su nombre y cuando terminaban su turno, presentaban a su relevo. La circulación en el Pasteur se vio drásticamente reducida.
Sin embargo, este tipo de medidas no se tomarán solamente en el Pasteur. Lo sucedido en ese hospital motivó a las autoridades a mejorar las condiciones de seguridad en todos los centros de Salud Pública de la capital. Ayer, se produjo una reunión entre el director general de ASSE, Tabaré González, y los responsables de los principales hospitales con el fin de instrumentar una serie de medidas. Una alta fuente ministerial admitió a El País que más allá de entender que lo sucedido en el Pasteur se trató de un caso "anormal" y sin antecedentes, agilitó la aplicación de una serie de medidas en las que se venía trabajando desde hace varios meses (ver nota aparte).
En el caso del Pasteur, el dispositivo afectó incluso las rutinas de aprendizaje de los estudiantes de Medicina y de la Facultad de Enfermería. Por el momento, los alumnos no podrán tomar contacto con los pacientes y deberán conformarse con las clases teóricas. Los familiares consultados por El País admitieron no recordar tanto celo en la vigilancia. Algunos, incluso, aseguraron que las restricciones se aplicaron hasta en el horario de visita, de 15 a 17 horas.
CAMBIOS. "En todas las salas había enfermeras. Cuando entré salieron en seguida a preguntarme a quien buscaba. Te atajaban entre tres... eso no pasaba cuando había estado por acá hace siete meses", narró un familiar.
En todos los casos las personas entrevistadas resaltaron el buen nivel de atención que recibieron sus familiares internados. Si bien admitieron que se palpaba el nerviosismo y la "presión" sobre el personal, coincidieron en que la atención "es totalmente profesional".
Algunos de los familiares se mostraron más temerosos que otros. María Teresa Martirena, que tiene a su madre internada en grave estado, aseguró que le pregunta a las enfermeras por cada una de las inyecciones que aplican, y que anota absolutamente todo.
"La verdad es que estamos mal por lo que ha pasado y tratamos de cuidar todo lo que podemos a los enfermos", explicó la acompañante a El País.
RUMORES. En la plazoleta que está frente a una de las entradas del Pasteur se escuchan todo tipo de comentarios. Algunos familiares dicen que en realidad hay más muertos que los que se han difundido. Una cuidacoches, con una niña entre brazos, relató que a un vecino suyo también le inyectaron oxígeno.
Los relatos se explican en el contexto de un ambiente revolucionado por los extraños sucesos. Ayer, los rumores de otro fallecimiento circularon incluso por algunos medios de comunicación. Tanto Tabaré González, como el subdirector de hospital Ricardo Ayestarán, negaron una y otra vez la existencia de una nueva muerte de estas características.
"Se están viviendo horas complejas", admitió el dirigente del gremio del Pasteur, Marcelo Espósito. El funcionario remarcó que los hechos ocurridos son "totalmente irracionales" y nada tienen que ver con errores. "Me atrevería a decir que esto que está ocurriendo no tiene antecedentes", apuntó. Espósito admitió que la restricción de un acompañante por paciente existe desde hace mucho tiempo, pero que no había antes un control estricto. Tras lo sucedido, el gremio insistió en la necesidad de tomar medidas de seguridad para asegurarle "garantías" a todas las partes.
La Federación de Funcionarios de Salud Pública está brindando apoyo a los enfermeros indagados, incluso a través de un penalista. "Hasta que su señoría no se expida, nuestros compañeros son inocentes", sentenció Espósito.
El dirigente reconoció que el hospital no tiene el número ideal de funcionarios: dos enfermeras y una nurse por sala. Admitió que la mayor dotación de personal puede contribuir a mejorar el control y la calidad de atención. Pero, a su juicio, más personal no necesariamente habría evitado las muertes. "Ningún procedimiento de enfermería implica que el funcionario tenga que estar parado todo el tiempo al lado de la cama. Lo que pasó sale de las generales de la ley", insistió.
Sindicato
"Hasta que su señoría no se expida, nuestros compañeros son inocentes", dijo un dirigente
Nervios a flor de piel
En la zona de entrada de pacientes, no hubo inconvenientes para que la reportera gráfica de El País retratara el trabajo de los funcionarios y la circulación de personas. Algo muy diferente ocurrió cuando la fotógrafa fue hacia la puerta de ingreso del personal por Larravide. Algunos funcionarios habían salido a fumar. La fotógrafa sacó su cámara para registrar solamente la fachada del hospital. Sin embargo, fue increpada por una funcionaria que la exhortaba a no tomar fotos. Se le explicó que no se estaba retratando ninguna cara e incluso se le mostró la toma en el visor de la cámara. Pero, la empleada tomó fuertemente por el brazo a la reportera e incluso llegó a taparle el lente.