Psicólogo Gustavo Ekroth
El síndrome de déficit atencional (S.D.A.) es hoy en día el problema psicológico de moda que atormenta por igual a padres y educadores. Los niños con S.D.A. poseen un funcionamiento cerebral atípico y una serie de comportamientos problemáticos específicos como por ejemplo, la impulsividad, la distracción crónica y la hiperactividad. Naturalmente el rasgo más distintivo en este síndrome es la incapacidad para prestar atención y mantenerse concentrado incluso por breves períodos de tiempo.
En la infancia este trastorno se manifiesta a través de diversas dificultades en el aprendizaje, dispersión en clase, y mala conducta. Son los típicos niños "eléctricos" que no consiguen estar más de dos minutos sentados y concentrados en algo, siempre repletos de energía y preguntas que ni siquiera dan tiempo a contestar.
Muchos adultos sin siquiera saberlo arrastran este desorden atencional desde su infancia. Su vida es un siempre estar corriendo contra el tiempo sin llegar a ninguna parte y esta actitud puede conducirlos a padecer serios problemas laborales, sociales, familiares e incluso de salud.
Un aspecto sumamente importante que a mi entender se suele dejar de lado, cuando se intenta a través de diversos tratamientos farmacológicos o no sofocar el S.D.A. (Síndrome de Déficit Atencional), es el hecho claramente observable de que generalmente estos niños de mentes inquietas poseen talentos y virtudes especiales y en algunos casos hasta excepcionales. Las biografías de grandes personalidades registran rasgos típicos del S.D.A. algunos ejemplos entre muchos otros son: Albert Einstein, Beethoven, Leonardo Da Vinci, y Van Gogh.
Esto no quiere decir que todos los que padecen este trastorno sean genios ya que se calcula que entre un cinco y siete por ciento de la población general presenta este problema y obviamente genios encontramos uno entre millones de personas. Lo que sí podemos deducir es que quienes padecen el trastorno tienen mucho más talento del que normalmente llegan a desarrollar y expresar. Su universo personal oscila entre la plenitud creativa y el agotamiento de una mente que nunca se detiene y salta de una cosa a la otra sin llegar jamás a ningún lugar en concreto.
Una intervención terapéutica adecuada más que intentar bloquear esas "mentes inquietas" debe poner especial énfasis en dirigir ese caudal descontrolado de energía hacia objetivos concretos u viables.
El S.D.A. es en muchos casos el "Talón de Aquiles" de las mentes brillantes, en este sentido amputar el "Talón" no resulta ser la mejor solución posible.
Intentando suprimir drásticamente por métodos terapéuticos o no la falta de atención y la mala conducta de estos niños no podemos caer inadvertidamente en opacar el brillo de una genialidad potencial que puede encontrarse a un nivel latente.
El S.D.A. es un factor hereditario pero el futuro de una persona no está ciento por ciento determinado por sus genes. Bajo ciertas circunstancias el Déficit Atencional puede llegar a convertirse en una maldición académica, social y afectiva, pero bajo otras condiciones planificadas de antemano puede llegar a transformarse en una verdadera bendición.