Eduardo Casanova
Médico de UCM
La dificultad respiratoria o disnea es el síntoma más precoz de la insuficiencia cardíaca y/o respiratoria. A veces se le reconoce como "fatiga", aunque este término sea más apropiado para la limitación del esfuerzo por cansancio, y no para la dificultad para respirar. La llamada "disnea de esfuerzo", es la que también limita el ejercicio físico y se cataloga, según su gravedad, en disnea de grado I, II, o III, según el límite de esfuerzos grandes, medianos o leves.
Según el tipo de enfermedad que la cause, la falla cardíaca o respiratoria, y consecuentemente la disnea puede ser de instalación súbita (aguda) o progresiva (crónica). En las insuficiencias cardíacas o respiratorias crónicas, en sus etapas iniciales, la dificultad respiratoria aparece ante esfuerzos importantes, pudiendo incluso no ser percibida por el paciente detectándose sólo a través de un aumento de la frecuencia respiratoria (polipnea), por encima de 16 o 20 respiraciones por minuto. En el grado III, en cambio, se padece disnea incluso en el reposo, y hasta dificulta el hablar.
Aunque la dificultad para respirar depende directamente de la función pulmonar, el corazón está íntimamente vinculado con ella pues el intercambio gaseoso entre los alvéolos y capilares pulmonares depende de que el corazón lleve al pulmón, y recoja de él, el volumen de sangre adecuado. El ventrículo derecho eyecta sangre al pulmón, y el ventrículo izquierdo la recoge para eyectarla a los tejidos.
La insuficiencia ventricular izquierda causa un "encharcamiento" de sangre en el pulmón, y la falla ventricular derecha impide la perfusión capilar pulmonar que requiere el intercambio gaseoso a nivel de los alvéolos.
Desde luego, las enfermedades originalmente pulmonares también causan disnea de esfuerzo al comprometer el intercambio gaseoso, debido a una deficiencia en el volumen de aire que ventila los alvéolos pulmonares.
Disnea por falta de entrenamiento y obesidad:
No debe confundirse la disnea de esfuerzo, propia de la insuficiencia cardio-rrespiratoria, con la que ocurre en una persona desentrenada o con excesivo sobrepeso. En estos casos la dificultad respiratoria que ocurre luego del esfuerzo no es tan intensa y se recupera rápidamente con el reposo. Por el contrario, si existe una lesión cardíaca o pulmonar, es mayor la polipnea (por encima de 30 o 35 inspiraciones por minuto), y el tiempo de recuperación en reposo, al cesar el esfuerzo, es también mayor.
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José Mazzini 2957
La dificultad para respirar en obesos.
En personas que padecen obesidad, la limitación respiratoria puede llegar a ser severa dado que a una habitual falta de entrenamiento, se agrega la dificultad para movilizar el diafragma cuyo descenso en la inspiración se encuentra limitado por la masa de grasa abdominal.
Efectos del sedentarismo.
El sedentarismo prolongado lleva a sustituir masa muscular por tejido adiposo, limitando la capacidad muscular no sólo de los músculos esqueléticos sino de la musculatura cardíaca y respiratoria: todos los tejidos han de contar con el adecuado aporte de oxígeno y glucosa.