Devuelven a una mujer su beba robada 6 meses atrás

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Terminó la pesadilla

Para Sandra, la pesadilla duró seis meses. Comenzó en septiembre de 2010 cuando engañada con una oferta de trabajo, llegó a Buenos Aires donde la convencieron de hacer revisar a su beba de dos meses, Lis Sebastiana, en una clínica de Wilde. La atendió una doctora, le dijo que tenía asma y que debía quedar internada. En realidad, ese día se la robaron para entregársela a una pareja argentina que había aceptado comprarla, y que había adelantado a cuenta 5.000 pesos argentinos para los gastos de traslado. La banda de delincuentes que estaba integrada por argentinos y paraguayos, cayó luego de una investigación que duró lo mismo que la pesadilla de Sandra. "El reencuentro fue impresionante... el llanto, el abrazo. La alzó y no la soltó más. Nos quebramos todos, el juez, la secretaria...", dijo el comisario Arancedo, a cargo de la investigación.

FERNANDO MASSA | LA NACIÓN / GDA

Sandra quiere decir algo, pero no puede. Se muerde los labios, levanta la vista, mira al cielo, llora en silencio, también sonríe. Con fuerza, aprieta contra su pecho a la beba de siete meses que lleva en brazos y le da un beso en la cabeza. Es su hija, Lis Sebastiana. No la veía desde aquella tarde de septiembre del año pasado cuando le fue sustraída en una clínica médica de Wilde.

A Sandra se la llevaron sin más explicaciones a un hotel de Constitución y, después, a una pieza en Ciudad Oculta, donde la mantuvieron privada de la libertad durante dos semanas, hasta que logró escapar. Pero todo eso ya es parte de un mal recuerdo: su hija está ahora en sus brazos, perfectamente sana.

El Juzgado de Instrucción N° 11 se la entregó ayer después de que la Policía Federal desbaratara la organización criminal que la había sustraído y vendido a una pareja de argentinos.

"La verdad es que yo no esperaba esto. Cuando me llamaron y me dijeron que la habían encontrado no lo podía creer. Está más grande...", dice Sandra en voz muy baja, parada sobre las escalinatas del Palacio de Justicia, junto al comisario Ricardo Arancedo, de la División de Delitos Contra Menores de la Superintendencia de Investigaciones de la Policía Federal.

Hasta septiembre del año pasado, Sandra Portillo, de 19 años, vivía con su hija de dos meses en un barrio de bajos recursos cerca de Asunción, en Paraguay. A ella, madre soltera, se le había acercado un vecino, también paraguayo, con una oferta de trabajo en la Argentina: realizar tareas domésticas en casas de familia. Sandra accedió y, junto a su beba y su vecino, se embarcó en un ómnibus rumbo a la Capital Federal.

engañada. Apenas llegados a la terminal de ómnibus de Liniers, el vecino, junto con otras personas que los recibieron, convenció a Sandra de pasar por una clínica para revisar a la beba.

La médica que le realizó el examen físico le comunicó a la madre que su hija tenía asma y que debía quedar internada. "La mamá accedió y, entonces, se la llevaron a un hotel de Constitución. La médica que la examinó resultó ser la dueña del establecimiento, una mujer que atendía el sector de pediatría y a mujeres embarazadas, y quien luego se encargó de hacer el certificado de nacimiento para que la familia que se iba a quedar con la beba pudiera inscribir a la criatura en la Argentina", explicó a La Nación el comisario Arancedo.

Una sola noche pasó Sandra en el hotel de Constitución. A la mañana siguiente se la llevaron a la villa 15 de Lugano, más conocida como Ciudad Oculta. Pasó los días encerrada en una pieza, bajo el cuidado de una mujer que se encargaba de darle de comer, pero sin noticias de su hija.

No tardó mucho en darse cuenta de que se encontraba cautiva. "La chica estaba desesperada, sin contacto con la beba, sin contacto con la persona que la había traído. Estaba encerrada en una habitación y no conocía nada de la Argentina", precisó el comisario. A las dos semanas de estar secuestrada, logró escaparse. Un vecino de Ciudad Oculta le consiguió un celular. "Llamé a mi cuñado y le conté todo", relató escuetamente Sandra, quien, poco después de recuperar la libertad, hizo la denuncia en la policía.

MESES DE BÚSQUEDA. Según el comisario Arancedo, a partir de ahí fueron varios meses de intervenciones telefónicas y seguimientos.

"No teníamos muchos datos: sólo sabíamos de una persona de nacionalidad paraguaya con la que ella no tuvo más contacto -dijo-; además, estaba el número del celular que le habían dado a ella para recibir llamadas. Con eso empezamos, hasta que logramos dar con toda la organización."

Con la investigación se pudo comprobar que la organización delictiva que había sustraído a Lis Sebastiana en la clínica ya había pactado una venta con una pareja argentina, de clase media, residente en Wilde. La policía aún no sabía el monto, pero sí que el pago era en dólares y que hubo un adelanto de 5000 pesos para los gastos del viaje desde Paraguay.

CON NUEVA IDENTIDAD. En febrero pasado, los investigadores lograron dar con la nena, que ya contaba con DNI argentino y una nueva identidad. Semanas después, por requerimiento del juzgado de instrucción, se le realizó un estudio de ADN a la beba, que arrojó una identidad del 99,9 por ciento compatible con Sandra Portillo.

"El reencuentro fue impresionante... el llanto, el abrazo. La alzó y no la soltó más. Nos quebramos todos, el juez, la secretaria...", dijo Arancedo, minutos después de que le fuera entregada la menor, tras estar unos seis meses separadas.

Hasta ayer, cuando le devolvieron a su hija, Sandra estaba residiendo en la casa de un pariente en González Catán, partido de La Matanza. No sabía si se quedaría en Argentina o volvería a Paraguay. Eso sí: estaba feliz y agradecida, y no dejaba de repetirlo.

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