Raúl Mernies
En los últimos 70 años sólo dos de los 15 vicepresidentes constitucionales del Uruguay han tenido protagonismo político luego de ejercer el cargo, lo que no constituye un buen antecedente para las aspiraciones futuras de Larrañaga y Astori.
Luis Batlle Berres y Jorge Pacheco Areco fueron los únicos que lograron plasmar su nombre con fuerza en la memoria de los uruguayos y lo consiguieron porque a ambos les tocó suceder en el mando a presidentes constitucionales fallecidos en el ejercicio -Tomás Berreta y Oscar Gestido, respectivamente-, y no por la función específica de vice.
El resto quedó en un plano político discreto, como fueron los casos de Hugo Fernández Faingold (que asumió tras la muerte de Hugo Batalla en octubre de 1998), Gonzalo Aguirre o Luis Hierro López, por nombrar a los más contemporáneos. La mayoría de los que fueron "mano derecha" de presidentes dejó de tener peso político, tanto a nivel nacional como partidario, después de ejercer la vicepresidencia.
Si esa característica de quedar relegado se repitiera en el escenario venidero, las pretensiones políticas a futuro, tanto de Jorge Larrañaga como de Danilo Astori, quedarían disminuidas. Ambos encabezan agrupaciones muy importantes dentro de cada partido y, en caso de ganar el balotaje, cualquiera de los dos sería el líder de la segunda fracción del oficialismo.
Larrañaga, al frente de Alianza Nacional, batalló con todas sus fuerzas contra Lacalle en la última elección interna del Partido Nacional intentando ser el candidato único de esa fuerza política, e incluso había salido victorioso en 2004, año en el que pugnó por la presidencia y perdió en "primera vuelta" ante la fórmula frentista integrada por Tabaré Vázquez y Rodolfo Nin Novoa.
Astori, quien lleva la bandera de Asamblea Uruguay, tuvo un papel político protagónico en el gobierno de Vázquez como Ministro de Economía, además de ser la cabeza visible de la reforma impositiva que introdujo el impuesto a la renta de las personas físicas (IRPF). En la interna del FA Astori fue el rival de Mujica, lo criticó sin pelos en la lengua y las urnas reflejaron que el 39,7% de la coalición de izquierda lo prefería como candidato.
Fórmula. Durante la extensa campaña política que viene atravesando el Uruguay, los dos candidatos a presidente han hecho declaraciones referentes a lo que pretenden de sus compañeros de fórmula, dando señales de que ese rol de "segundón" cambiaría en el próximo gobierno.
"Quiero que mi vicepresidente funcione como un primer ministro y pienso transferirle todo el poder necesario para eso", había afirmado Mujica al semanario Búsqueda el 25 de junio. Además agregaba que "será tan primero" como él y que manejará la economía.
Luis Alberto Lacalle también habló del rol del vicepresidente y advirtió que "puede ser meramente presidente de las sesiones de la Asamblea General y del Senado", o bien, "puede ser una gran ayuda para el presidente", aclarando luego que así "espera" que sea Larrañaga.
Lo cierto es que en estas elecciones los vicepresidentes han sido más protagonistas de lo normal e incluso existe una sensación de que, en caso de que Mujica sea el mandatario, Astori asumirá un papel mucho más preponderante que, por ejemplo, el de Rodolfo Nin Novoa en la actual administración.
En un acto realizado el 30 de julio en Lavalleja, Mujica expresaba: "Le transferimos (a Astori) la responsabilidad de proponer a quien deba representar y monitorear la economía uruguaya en el caso de que sea electo presidente". Pero eso no fue todo. Además agregó: "Quiero que Danilo siga influyendo en la economía del país, por la experiencia que tiene, por lo que ha acumulado; es un economista brillante y además por su gestión Uruguay tiene crecimiento aun en medio de la crisis. Más allá de las atribuciones constitucionales, Danilo, desde la vicepresidencia de la República puede y se dedicará a estar en la diaria, muy cerca del Ministerio de Economía, en la conducción política".
Nin, el antagonista Rodolfo Nin Novoa ha tenido más visibilidad por problemas propios que por el rol de vice, y el papel político que asumirá en el futuro dependerá absolutamente de sí mismo, aunque las últimas elecciones de octubre confirman que el "estigma" continúa, ya que su popularidad ha caído fuertemente.
El sector que lidera, Alianza Progresista, y su lista, la 738, fueron los que más perdieron representación en los comicios de octubre. Perdió las bancas en la Cámara de Diputados correspondientes a Montevideo, Cerro Largo y Salto, y sólo le quedó la de Maldonado. Pero eso no es todo. En Montevideo, departamento frenteamplista por excelencia, la Lista 738 tuvo sólo 11.706 votos, que significan un 2,26% del total de votos que recibió el Frente Amplio.
Nin Novoa accedió al Senado para el próximo período, pero no por los votos de su agrupación, sino gracias al acuerdo que se estableció con el Frente Líber Seregni (FLS). Las tres listas que integran el FLS (la 738 de Nin, la 2121 de Astori y la 99Mil de Rafael Michellini), pactaron que en todas se repetiría el orden de los tres primeros candidatos al Senado. El actual vicepresidente será senador gracias a los votos que obtuvo por la lista de Astori.
Sin embargo, fuentes de la interna frentista ya manejan la versión de que si José Mujica es elegido presidente, Nin Novoa abandonaría su banca de senador y se postularía para una embajada en Argentina o Brasil.
La realidad de su mandato refleja que su papel no fue de gran protagonismo. Participa invitado en el Consejo de Ministros, y la mayoría de sus apariciones y declaraciones en los medios de comunicación han sido en referencia a las causas en defensa del aumento abrupto de su patrimonio, la problemática con sus hermanos y no a tareas propias de la función de vicepresidente.
Otro senador y el suplente presidencial
¿Qué hace el vice? La Constitución uruguaya no le da mucho protagonismo a la figura del vicepresidente y todo lo que dice se resume a dos párrafos de dos artículos. La carta magna hace referencia a las funciones del vicepresidente en el artículo 94, respecto de la Cámara de Senadores, expresando que "será integrada además con el vicepresidente de la República que tendrá voz y voto y ejercerá su presidencia y la de la Asamblea General". Además, en el artículo 150 agrega: "Habrá un vicepresidente que en todos los casos de vacancia temporal o definitiva de la presidencia deberá desempeñarla con sus mismas facultades y atribuciones. Si la vacancia fuese definitiva, la desempeñará hasta el término del período de gobierno". Por lo tanto, la función permanente del vicepresidente es una sola: presidir la cámara alta del Parlamento y el Parlamento en su conjunto. Es la cabeza del Poder Legislativo. No es miembro del Poder Ejecutivo y en circunstancias normales (exceptuando la situación de suplencia en ausencia del presidente) nada tiene que ver con él, formalmente.
Gonzalo Aguirre, vicepresidente de Lacalle entre 1990 y 1995, expresó que el vicepresidente "es un parlamentario con características especiales" y aclaró que "no tiene ni voz ni voto en las resoluciones del Poder Ejecutivo". Sobre su experiencia personal puntualizó: "Yo no me enteraba de la mayoría de las resoluciones". Luis Hierro López, vicepresidente en el período de gobierno de Jorge Batlle (2000-2005), expresó que mientras ejerció el cargo, se "metió en el Poder Ejecutivo".
"Yo integraba el Consejo de Ministros, trabajaba activamente con ellos en muchas áreas, como sociales o educativas; Batlle me daba casi la derecha".