Belgrado | AP. Decenas de miles de personas marcharon hoy tras el cortejo que llevó al cementerio el ataúd del primer ministro serbio Zoran Djindjic, asesinado el miércoles por francotiradores en el centro de Belgrado.
Los dolientes pasaron por las calles donde el líder encabezara otrora a los manifestantes que ayudaron a derrocar al ex presidente Slobodan Milosevic.
Antes de que el féretro fuese bajado a la fosa en el principal cementerio de Belgrado, miembros de su familia besaron, llorando, una cruz de madera sobre el ataúd.
George Papandreou, el ministro griego de Relaciones Exteriores que cuyo gobierno detenta actualmente la presidencia temporal de la Unión Europea, dijo ante la tumba de Djindjic que "prometo solemnemente a ti Zoran y a Serbia... que ustedes serán una parte de nuestra Europa. Nos comprometemos a hacer realidad su deseo. Adiós amigo mío".
Con anterioridad, decenas de miles de personas se habían reunido en la mayor iglesia cristiana ortodoxa de los Balcanes para asistir al servicio funerario en honor al primer ministro pro-occidental, mientras continúa la búsqueda de sus asesinos.
El público, otros líderes prodemocráticos y dignatarios extranjeros guardaron silencio durante la ceremonia en el templo de San Sava.
La esposa de Djindjic, Rizica y sus hijos Luka, de 10 años y Jovana, de 13, permanecieron de pie frente al ataúd envuelto en la bandera roja, azul y blanca de Serbia, y con una cruz ortodoxa dorada. El féretro estaba en el centro de la iglesia, rodeado de flores, bajo el enorme domo de concreto.
Numerosos funcionarios extranjeros asistieron al servicio antes del funeral. Entre ellos, el ministro alemán de Relaciones Exteriores Joschka Fischer, El presidente de la Comisión Europea Romano Prodi, el Canciller austriaco Wolfgang Schuessel y el ex secretario de Estado norteamericano Lawrence Eagleburger.
Djindjic desempeñó un papel significativo en el derrocamiento de Slobodan Milosevic y en su extradición al tribunal de la ONU en La Haya. Debido a ello, su posición pro-occidental y la declaración de una guerra abierta contra el crimen organizado y la corrupción, le ganaron muchos enemigos.
"Será recordado por muchas cosas, pero más que nada... por la apertura a Europa y al mundo", dijo el obispo Amfilohije Radovic durante su sermón. "Murió a manos de un serbio. Quién a hierro mata, a hierro muere".
Fuerzas policiales armadas rodearon el templo de San Sava y patrullaron las calles de Belgrado. Policías de civil fueron desplegados en el interior de la iglesia.
Después de la ceremonia religiosa, miles de personas, muchas de ellas llorando, caminaron silenciosamente en procesión unas llevaban velas, otras depositaban flores en la calle guiadas por una banda militar hasta el cementerio.
Fue la mayor procesión funeraria que se ha visto en Belgrado desde la muerte del líder comunista Josip Broz Tito, en 1980.
El gobierno ha acusado a un clan del crimen organizado y a otros aliados de Milosevic de tramar y realizar la emboscada que costó la vida a Djindjic, de 50 años, frente a la sede del gobierno.