Cuento de gallegos

DIEGO FISCHER

Francisco y José son dos gallegos que recalaron en Uruguay hace más de medio siglo.

Como la enorme mayoría de sus compatriotas vinieron en búsqueda de trabajo y de un porvenir que la España de aquellos años no les podía brindar. Siendo niños padecieron la Guerra Civil y ya hechos hombres se dieron cuenta que la esperanza de un futuro mejor estaba cruzando el Atlántico.

El primero en llegar fue Francisco Salgado en 1949; provenía de Orense. Siete años después lo hizo -quien con el tiempo sería su socio- José González, oriundo de Lugo. Aquí fueron recibidos con los brazos abiertos.

Uruguay vivía entonces su larga siesta de prosperidad y daba abrigo y trabajo a quien lo necesitara.

Tanto Francisco como José se dedicaron a trabajar en bares y almacenes. A finales de los cincuenta se conocieron, se asociaron y abrieron La Giraldita en Benito Lamas y Enrique Muñoz.

¿Quién no la conoce? Durante más de tres décadas estuvieron al frente de ese almacén y bar que fue y sigue siendo un punto de referencia. Hicieron historia en Pocitos.

Pero el cometido de hoy no es hablar de La Giraldita, sino de quienes fueron hasta hace poco tiempo sus dueños. ¿Por qué? Porque Paco y Pepe son dos señores que representan lo mejor y más preciado que trajo la inmigración española a este país: el trabajo como forma de ascender socialmente y la honradez como único camino para transitar en la vida.

Paco tiene hoy 79 años y vive -por razones de salud- entre el verano uruguayo y el europeo. Su mayor orgullo es el haberse hecho de la nada. Con emoción cuenta que su primer pequeño comercio en la Aguada lo pagó en mensualidades durante dos años; en ese tiempo no salió nunca a la calle. "Tenía mi habitación pegada al almacén y hasta que no pagué el último centavo, no fui al Centro ni una sola vez".

Hoy se siente tan uruguayo como el mejor de los orientales, aunque admite que España le sigue pesando en el corazón. Pepe tiene 74 años. Se casó ya grande con una uruguaya. Luego de trabajar 40 años sin tener un día entero de descanso, se retiró y ahora se dedica a disfrutar de la vida.

Confiesa que Uruguay le dio todo. Y aunque viaja con frecuencia a Galicia, afirma que su lugar está en Montevideo. El viernes, la Embajada de España celebró el Bicentenario uruguayo con una gran fiesta en la Plaza Matriz.

Muchos hombres y mujeres como Paco y Pepe deben haber estado allí; ellos son los merecedores de un homenaje. ¿Por qué? Porque nunca se apearon de sus principios, la honradez y el trabajo.

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