Cuartos de pánico: en un año se construyeron cuatro en Uruguay

Expertos. Aseguran que lo que frena la adquisición es el desconocimiento

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Atrás de una biblioteca, o camuflados detrás de una falsa pared: los cuartos de pánico, con pisos de plomo y paredes blindadas aparecen poco en Uruguay. Algunas empresas ofrecen la herramienta que, por su alto costo, casi no se demanda.

En Estados Unidos la moda comenzó a fines de los `90 y a nivel mundial se popularizó en 2002, cuando Jodie Foster y Kirsten Stewart protagonizaron la película estadounidense El cuarto de pánico que divulgaba algo que pocos conocían: hay casas con cuartos secretos, blindados y equipados para proteger a sus dueños ante la amenaza de intrusos.

PARA QUÉ. "Un cuarto de pánico es un mecanismo de demora, porque no existen cuartos de pánico inviolables. Lo que se busca es dar el entorno seguro y la demora suficiente para que el delincuente no pueda ingresar hasta que la respuesta de seguridad llegue", comenta Fernando Andión, Director de Ketlark High Urban Security.

Esta empresa de seguridad, instalada desde hace un año en Uruguay, ofrece el servicio y ya lleva instalados tres cuartos de pánico.

PARA QUIÉN. En Uruguay, la empresa de seguridad Corporación Platense los ofreció en 2001, cuenta su dueño Tabaré Alentorn. "Cuando sucedió lo del ántrax en Estados Unidos, la gente compró muchas máscaras de gas y nosotros vendimos muchas. También preguntaban por estos cuartos".

Los altos costos, sin embargo, desestimularon el interés por la herramienta. "No colocamos ninguno. Es un producto que no tuvo éxito", afirma Alentorn, quien tras un tiempo retiró sus cuartos del mercado.

"Hoy las consultas por habitaciones de pánico son para hacer frente a la delincuencia, para generar demora hasta que el equipo de reacción de seguridad llegue. Se apunta a un blindaje básico", asegura Andión.

Los cuartos con un blindaje básico, clase tres en balística, resistentes a armas cortas hasta 3.57 magnum, con sistemas de luz y comunicación, cuestan entre 15.000 y 20.000 dólares, según estimó Andión.

CÓMO. "Para la instalación no es necesario que la casa esté en construcción ya que los cuartos de pánico, si no requieren gran blindaje, pueden adaptarse a todo tipo de construcción", comenta Andión.

En cambio, sí se debe evaluar la amenaza a la que se enfrenta el cliente para, en función de eso, generar las estructuras de demora necesarias.

Si el riesgo del cliente es enfrentarse a un criminal básico, es suficiente que el cuarto se construya con paredes de concreto y ladrillo reforzado.

En casos más complejos, se pueden usar placas de acero o de kevlar. Determinadas circunstancias pueden llegar a requerir paredes de ladrillo o concreto, reforzadas con hierro y puertas blindadas de tal espesor que resistan altos calibres balísticos o explosiones de materiales de baja proporción.

Las ventanas pueden reforzarse con láminas antimpacto y cortinas de acero, y el cuarto puede tener un sistema de ventilación con filtros de aire para ataques con gases tóxicos.

"En Uruguay eso no se aplica", explica Andión. "Sí es condición obligada que tengan un sistema de comunicación independiente, monitoreo de cámaras y, según las personas interesadas, medicamentos, agua y máscaras de oxígeno".

Nada de esto se nota porque en el proceso participan arquitectos y diseñadores para garantizar el mayor nivel de discreción en la construcción.

"Queda camuflado. Desde el punto de vista de la estética no se ve. Solo sabe el interesado. El equipo conjuga yeso, iluminación y muebles para que nada sea visible", asegura el experto.

POR QUÉ. "En Uruguay hay un concepto instalado de que `nunca me va a pasar`", afirma Andión. Y aventura que, además de los costos, lo que frena la demanda dentro del sector de alto poder adquisitivo es el desconocimiento. "Se sabe de blindajes, pero no de esto. Y esto es una medida más, porque en materia de seguridad la garantía nunca es total", agrega.

Y es cierto que incluso dentro de esos sectores, los cuartos de pánico son una herramienta poco demandada.

"No es algo común y no hemos tenido demanda", asegura Santiago Pereira, responsable de compras de la empresa de seguridad Grupo Gamma. "Lo que la gente pide mucho son pulseras de pánico y botones de pulso incluso inalámbricos".

En Securitas, el servicio tampoco se ofrece generalmente. Sin embargo, en este momento están instalando un cuarto de pánico por primera vez. Es para un empresario extranjero que se radicará en Uruguay y actualmente construye su casa.

"El producto no forma parte de nuestra cartera habitual de servicios", explica Fabiana Arias, gerente de Marketing de la empresa. "Este surgió del asesoramiento particular a este cliente. Pero en general no hay mucha demanda".

Antel lanza pulseras con GPS

"Son pulseras con GPS", explica Tabaré Alentorn, dueño de Corporación Platense. La empresa desarrolló para Antel una pulsera con un transmisor que permite localizar a quien la porta, e incluso escucharlo, en el momento que es activado para que alguien más reciba la señal. "Te pueden monitorear y ver en el mapa de la computadora", explica Alentorn. El rastreador puede programarse para enviar una o dos señales, según los destinatarios a los que se pretenda enviar la localización. "Puede ser útil para mujeres víctimas de violencia doméstica, que pueden programar la señal para que vaya directo al 911 si lo requieren", explica Alentorn. El dispositivo permite establecer un radio de circulación para que la señal se active automáticamente si el mismo se transgrede. "La pulsera tiene muchos usos. Ese específico creemos que es útil para enfermos de alzheimer, o para familias con hijos con síndrome de Down". El lanzamiento del producto será el 18 de agosto.

LAS CIFRAS

20.000

dólares es el costo aproximado de instalar estas habitaciones en nuestro país. Incluye un blindaje básico, comunicación y energía.

4

son los cuartos de pánico que las empresas de seguridad llevan construidos en Uruguay en el transcurso del último año.

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