Diferentes estudios estadísticos realizados en el Uruguay coinciden al considerar la fiebre como el síntoma aislado más frecuente de consulta pediátrica llegando al 90% de los requerimientos de las emergencias móviles y al 30% de las salas de urgencias.
Los elevados porcentajes de las consultas pediátricas por fiebre han sido relacionados con un verdadero temor experimentado por los padres, en lo que ha sido catalogado como una especie de "fiebrefobia" cuando la mayor parte de las veces no se justifica esa actitud psicológica que, sin embargo, da lugar a tratamientos injustificados.
El estudio de esta situación, en especial referida a los efectos indeseables de un tratamiento innecesario, determinó que se insistiese en la necesidad de evaluar con mayor precisión el estado del paciente y de la familia. Dicha investigación permitió jerarquizar mejor el vínculo entre el médico y los padres del niño con fiebre, evitando que este síntoma sea sobrevalorado como "un temible enemigo".
CONTROL DE TEMPERATURA. Con frecuencia se comprueba que se consulta por fiebre sin que se haya realizado su registro con termómetro. Ello se debe a desconocer que la fiebre se define por el control de la temperatura corporal por encima de los valores considerados normales. El registro térmico se considera patológico cuando es igual o mayor de 38º C., en términos de temperatura rectal. Pese a ello, la medición más utilizada en pediatría no es rectal sino axilar, aún a sabiendas de que se trata de un registro poco fiable para temperaturas inferiores a 38.5º C. Para que por debajo de 38,5º C la temperatura axilar sea fiable se requieren condiciones termoestables del medio ambiente, y la ausencia de sudoración y elementos inflamatorios en la axila. Además, el termómetro debe permanecer entre 3 y 4 minutos en el sitio de medición.
En especial en lactantes deben tenerse en cuenta los factores señalados para distinguir si padecen verdaderamente fiebre, o sólo se trata de una simple hipertermia, dado que en este segundo caso el tratamiento para que descienda la temperatura corporal solamente consistirá en desarropar al niño.
DIAGNOSTICO. Para realizar una valoración diagnóstica adecuada de la fiebre es imprescindible un correcto interrogatorio y examen clínico.
Para la correcta valoración clínica resulta necesario conocer: el grado de temperatura, su duración y su ritmo horario. Estos detalles importan en la medida que la temperatura corporal sigue un ritmo circadiano, siendo más baja en las primeras horas de la mañana para elevarse 1º C en las últimas horas de la tarde.
Es fundamental determinar si la fiebre se acompaña o no de síntomas o signos clínicos de toxicidad como son el decaimiento, las livideces, acrocianosis (color oscuro-violáceo de las extremidades) con híper o hipoventilación (aumento o disminución de la frecuencia respiratoria). También será importante tener en cuenta la diferente respuesta que tuvo el paciente a las medidas antitérmicas.
Debe consignarse si existen antecedentes personales relacionados con enfermedades pulmonares, cardiovasculares o renales graves, así como antecedentes ambientales que se encuentren relacionados epidemiológicamente con nociones de contacto (contagio).
El examen físico por sectores, que el pediatra siempre realiza en forma sistemática, en este caso se orienta a la búsqueda de posibles signos patológicos que pueden acompañar a la fiebre, y que resultan de valor para establecer las primeras decisiones de manejo terapéutico.
TRATAMIENTO. Para manejar la fiebre en pediatría debe recordarse que el objeto del tratamiento es el niño y no el termómetro. El pediatra debe preguntarse si efectivamente debe bajarle la temperatura, ya que las opiniones al respecto han cambiado considerablemente en los últimos años.
Actualmente se recomienda bajar la temperatura para disminuir el malestar del niño y calmar las tensiones de la familia. Sin embargo, las medidas antitérmicas (físicas y/o medicamentosas) están siempre justificadas en pacientes con enfermedades pulmonares o cardiovasculares en los que el aumento del consumo de oxígeno y del gasto cardíaco podrían descompensarle.
En el caso de las convulsiones febriles, su producción es desencadenada por el ascenso térmico brusco e imprevisible. Dado que no pueden prevenirse, el pediatra debe hacer comprender a los padres que bajar la fiebre no siempre disminuirá la incidencia de convulsiones.
Las medidas antitérmicas se realizarán para temperaturas axilares mayores de 38º C., recomendándose medidas no medicamentosas para temperaturas axilares entre 38-38.5º C., y medicamentosas para las superiores a 38.5º C.
Dra. Loreley GarcIa
MEdica pediatra de UCM
En base a bibliografía médica especializada