JAVIER LYONNET
"Cuando un presidente de Estados Unidos viene a Dallas sentimos una presión no dicha, nadie habla de ello, pero nos acordamos de JFK cada vez", reconoce James Curtis, oficial del equipo SWAT y entrenador de guardaespaldas.
Casi dos metros de altura, espalda ancha, bigote, brazos musculosos que escapan de la remera amarilla de manga corta que lleva puesta a pesar del frío del sábado. James Curtis es la viva imagen del guardaespaldas. Si fuera un personaje de una película más de guardaespaldas su papel recaería en Laurence Fishburne o Delroy Lindo. Acaba de terminar el primer día de un curso de entrenamiento para 14 policías, militares y profesionales de seguridad privada uruguayos.
Su especialidad son los "dignatarios y VIP" repite varias veces a lo largo de la entrevista. Entre los alumnos no hay custodios del presidente José Mujica. "Debería haber", dice uno de los directores del Centro de Capacitación en Defensa Personal, donde se desarrolla el curso, aunque inmediatamente dice que Uruguay tiene "algunos policías muy capacitados".
En una casa en Carrasco, a metros de la rambla, un gimnasio de entrenamiento es el escenario de las clases teóricas y prácticas de "protección ejecutiva". Pero no sólo de presidentes se trata: celebridades, ejecutivos, embajadores y deportistas famosos requieren habitualmente custodia especial, vayan adonde vayan.
"Los vi muy receptivos, creo que el primer día fue muy bueno, y se va a poner mejor a lo largo de la semana", confía Curtis a El País.
El programa, que comenzó el sábado pasado, repasa "los diferentes aspectos y facetas de protección de dignatarios: cubre todo, desde caravanas de autos, vigilancia de lugares, protección corporal. Cuando todo eso se complete, lo que la clase va a tener que hacer es un trabajo en la escena; conducir a un dignatario de un lugar a otro, asegurar el traslado, protegerlo en ese lugar y regresar", explica Curtis.
Nació el año que mataron a Kennedy en su ciudad, Dallas (estado de Texas). Hace 26 años que es oficial de Policía y 16 que pertenece al equipo SWAT (Special Weapons and Tactics, traducible como Tácticas y Armamento Especial).
"Desde entonces he trabajado en la protección para los presidentes de Estados Unidos cuando viajan a Dallas, vicepresidentes, jefes de Estado; por lo general les damos la seguridad en su transporte y en los lugares que visitan", explica. La referencia es clara. El presidente John Fitzgerald Kennedy fue asesinado a balazos mientras recorría la ciudad en un auto descapotable el 22 de noviembre de 1963.
"Yo sólo puedo verlo desde una perspectiva histórica, pero sí hubo muchas cosas que se puede decir que se hicieron mal y que se podrían haber hecho mejor; si eso hubiera cambiado las cosas, nadie lo puede saber, pero seguramente las cosas podrían haber sido diferentes. Cada vez que alguien importante viene a Dallas, eso nos hace tratar de prepararnos cada vez mejor", asume el guardaespaldas.
"Lo que trato de enseñar a la clase", dice Curtis, "es planificar, planificar, planificar y practicar. Nada se puede descuidar, siempre hay que planear y practicar los planes".
El curso incluye el diseño y la ejecución de operaciones de seguridad, pero también manejo de armas, técnicas evasivas de conducción de autos, protección cuerpo a cuerpo y tácticas de inmovilización para reducir a oponentes.
Si bien Curtis sigue perteneciendo a la fuerza policial, trabaja como guardaespaldas privado e instructor particular con autorización de sus superiores. La problemática supermodelo Naomi Campbell, Michael Jackson, el político Ross Perot -ex candidato presidencial- son algunas de las personalidades que han requerido sus servicios. "Trabajo solo, tengo algunos muchachos que me ayudan si lo preciso, pero trabajo solo", afirma.
Jaime Marques y Fernando Andión son los responsables del Centro de Capacitación en Defensa Personal. Según ellos, el hecho de que se registraran dos secuestros en un mes -y particularmente el de Ignacio Rospide- fue para algunos ejecutivos y empresas una señal de que "ya no se puede decir que acá no pasa nada".
La seguridad personal y ejecutiva, de todos modos, es un territorio poco desarrollado en Uruguay. Ellos le llaman "generar ambientes seguros", a través de mecanismos defensivos y preventivos.
Curtis entiende que las claves de la seguridad son: tener mucho personal y estar preparado siempre.
"En la protección de cualquier mandatario que ha salido mal -por ejemplo, el balazo que recibió Ronald Reagan el 30 de marzo de 1981- el factor común es que el personal de seguridad se relajó, se confió y permitió que una persona infiltrara el cerco de seguridad; pasa tan rápido que tenés que estar preparado siempre", sostiene.
En su experiencia con presidentes -custodió en visitas a Dallas a Reagan, a George Bush padre e hijo y a Bill Clinton- no tuvieron problemas "porque los planes estaban bien trazados, cada faceta prevista es una operación en sí misma, y si hay un problema nunca debe interferir con la actividad de la persona que estás protegiendo".
Si bien el guardaespaldas estadounidense es reacio a revelar detalles estratégicos, subraya que la flexibilidad para desdoblar los escenarios y para modificar horarios y recorridos es una clave para la planificación correcta. "Algo que le dije a la clase: cuando estás haciendo un plan tenés que considerar todos los elementos y adaptarlos. Hay una cantidad de cosas que se pueden ajustar -la agenda, cuándo nos vamos a mover- y cambiar todo el tiempo, cambiar todos tus movimientos todo el tiempo. Tenés un plan básico que podés variar por la seguridad de tu protegido", expresa.
Tampoco es muy explícito en lo anecdótico. Ante la pregunta de si alguna vez estuvo en tiroteos, situaciones violentas o complejas, frunce la cara, duda en contestar y al final dice: "Un par de veces". ¿Situaciones con rehenes? "Sí, una que no resultó tan bien y otra que sí".
Dejando a un lado su condición de oficial de SWAT, el estadounidense desmitifica la imagen pasiva del guardaespaldas: no es sólo un grandote serio y callado que está pronto para repartir trompadas en caso de que se arme lío. "Si alguien contrata a alguien para protegerlo, debe dejarlo que haga su trabajo", explica. Esto es, analizar y decidir qué es conveniente que la persona en cuestión haga o deje de hacer.
"Tienen que comprender que si trabajo por su seguridad, y ellos quieren hacer algo que yo considero inseguro, ese es mi trabajo. Mantenerlos a salvo. Pueden querer hacer cosas que a mí no me parezcan seguras, y puedo aconsejar que no las hagan. Si la persona insiste, y yo creo que no la puedo proteger en esas circunstancias, entonces no puedo hacer el trabajo", explica Curtis.
La flexibilidad de los planes también se aplica a la formación. El instructor indicó que los alumnos reciben en este curso "las bases, un bosquejo general de cómo se hace el diseño de la protección ejecutiva, y la impronta de que es necesario planear, entrenar y capacitarse; pero la forma en que yo enseño, no es la única que existe. Si tomás algo de aquí, algo de otro lado y lo adaptás a tus necesidades esa es tu propia formación".
Ranking según "el nivel de amenaza"
"Los diferentes presidentes tienen lo que llamamos `niveles de amenaza` distintos, así que tenés que tratar a cada uno de forma distinta. La gente en la calle puede ni saber a quién estás protegiendo, pero a alguien reconocido es necesario tratarlo de una forma diferente", explica James Curtis a El País.
Según su ranking personal, de los últimos presidentes de Estados Unidos, Ronald Reagan estba "en un nivel alto de amenaza, de hecho sufrió un atentado".
Le sigue George W. Bush -"existía un nivel de amenaza pero nunca se concretó, nunca hubo incidentes"- y en el tercer lugar Bill Clinton.
"Todo el mundo lo quería, y cuando alguien es muy popular es necesario trabajar en los detalles de su protección. Cuando esa persona quiere estar cerca de la gente hay una línea, un límite, en el que el personal de seguridad dice: `eso no es seguro`. Allí es donde hay que mantener la distancia. Presenta ciertos problemas, pero es manejable", asegura Curtis.
Para el guardaespaldas estadounidense, la seguridad después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 "cambió mucho".
"Nos replanteamos muchas cosas pero estamos haciendo un buen trabajo, seguimos haciendo un buen trabajo; hay gente que se relaja con la falsa impresión de que nada les puede pasar. Tenés que estar preparado".
Policías se pagan cursos tácticos
Más de 100 los hicieron en Centro de Defensa Personal
El Centro de Capacitación en Defensa Personal (CCDP) ofrece cursos para funcionarios de empresas que pueden estar expuestos a situaciones de violencia.
Por ejemplo, empleados de locales de cobranza. "Son medidas preventivas, cómo no generar un mal mayor", explica Jaime Marques, uno de los directores.
En esta línea se incluye también la preparación para el tratamiento en caso de que ocurra un hecho delictivo: quién se comunica con la Policía, quién habla con la prensa, cómo manejar la afectación del personal. "Hay empresas que están tomando esto en consideración", indicó Marques.
Una de las especialidades del CCDP son las tácticas de inmovilización, que sigue la línea de la escuela creada por el brasileño Marcos Do Val (quien acompañó a Curtis en los dos primeros días del curso en Montevideo).
Esta técnica de defensa personal permite reducir a un agresor sin golpes y es enseñada a policías de todo el mundo.
El Centro Avanzado de Técnicas de Inmovilización fundado por Do Val es, de hecho, instructor de grupos SWAT en Estados Unidos y de fuerzas especiales de la Policía en varios países europeos. En Uruguay han sido capacitados más de 100 policías en esta técnica, afirmó Marques, "todos de su bolsillo".
Además, CCDP enseña tácticas para defensa de ataques urbanos a civiles. Hay un curso especialmente diseñado para mujeres.