JANE E. BRODY | THE NEW YORK TIMES
A medida que sube la expectativa de vida y más gente vive para celebrar su cumpleaños número 100, hay que esforzarse por postergar el momento en que ya no se pueda mantener la independencia física.
Las capacidades físicas sufren cambios a medida que envejecemos. En el libro "Treat me, Not My Age" (Atiéndame a mí, no a mi edad), el Dr. Mark Lachs, director de geriatría en el Sistema de Cuidado de Salud Nueva York-Presbiteriano, habla sobre lo bien que las personas mayores son capaces de funcionar.
La reserva fisiológica, que se refiere a la capacidad excedente en los órganos y sistemas biológicos, se recibe al momento de nacer y tiende a disminuir con el paso del tiempo. En una entrevista, Lachs dijo que a medida que las células se deterioran o mueren con el paso de la edad, ese exceso se pierde a tasas diferentes en sistemas diferentes.
Los efectos pueden llegarle furtivamente a la persona, dijo, ya que incluso cuando la mayoría de la capacidad excedente ha desaparecido, podemos experimentar poca o ninguna declinación en la función. Un secreto para envejecer exitosamente consiste en desacelerar la pérdida de la reserva fisiológica.
"Usted puede perder hasta 90% de la función renal que tenía en la infancia y nunca experimentar síntoma alguno relacionado con la falla de la función renal", dijo Lachs.
De manera similar, nacemos con miles de millones neuronas que nunca usaremos, y muchas de ellas, si no es que la mayoría, se pueden perder o pueden enfermar antes de que la persona experimente innegables déficits de tipo cognitivo.
La fuerza muscular también baja con la edad, incluso en la ausencia de una enfermedad muscular. La mayoría de la gente (exceptuando a los fisicoculturistas) alcanza la cúspide de su fuerza muscular entre los 20 y 30 años de edad, con variaciones dependiendo del grupo muscular. Después de eso, la fuerza declina lentamente, dando como resultado reveladores síntomas de debilidad muscular, como caídas, aunado a dificultades con esenciales tareas de la vida cotidiana, como levantarse de una silla o entrar y salir de la tina de baño.
La mayoría de la gente por lo demás saludable no queda incapacitada por la pérdida de fuerza muscular sino hasta los 80 o 90 años de edad. Pero, gracias a avances en la medicina y en las condiciones de vida en general, mucha más gente está llegando a esas edades, escribe Lachs: "En la actualidad, millones de personas han sobrevivido suficiente tiempo para tener una cita con la inmovilidad".
La buena noticia es que se puede modificar la edad de la inmovilidad. A medida que sube la expectativa de vida y más gente vive para celebrar su cumpleaños 100, vale la pena esforzarse por postergar el momento en que ya no se pueda mantener la independencia física.
Los gerontólogos han demostrado que la tasa de declinación "puede ser torcida a su favor mediante una variedad de intervenciones, y, a menudo, no tiene importancia si usted ronda por los 50 ó 90 años de edad cuando empieza a torcerla", notó Lachs. "Tan sólo necesita empezar. Las brasas de la discapacidad empiezan a arder mucho antes de que le den una caminadora".
Los estilos de vida que se toman a media vida pueden tener un considerable impacto sobre su capacidad funcional en etapas ya avanzadas de la vida, destacó. Si empieza con un programa de caminata diario a los 45 años, dijo, podría demorar la inmovilidad hasta los 90 años y más allá. Si se la pasa echado en el sillón a los 45 y permanece así, la inmovilidad puede envolverlo apenas a los 60 años.
"No es como si estuviéramos prescribiendo quimioterapia; es caminar", dijo el especialista. "Incluso las intervenciones más pequeñas pueden generar beneficios sustanciales" y demorar considerablemente su cita con la discapacidad. "Nunca es demasiado tarde para un rumbo correctivo", destacó.
En un estudio publicado en la Revista de la Asociación de Medicina de Estados Unidos en 2004, hombres y mujeres de edad avanzada que empezaron con ejercicios de fortalecimiento después de una fractura de cadera incrementaron su velocidad al caminar, al tiempo que mejoraron su equilibrio y fuerza muscular, reduciendo su riesgo de caídas y fracturas repetitivas.
"Intervenciones menores que pudieran parecer triviales, como levantar pequeños pesos con múltiples repeticiones, puede conducir a drásticas mejoras en la calidad de vida", dijo Lachs.
ENTORNO. El entorno también puede ser manipulado para mejorar la vida en las décadas posteriores. Usted puede hacer ajustes en casa para anticipar problemas médicos que probablemente enfrente a medida que vaya envejeciendo; lo cual le permite conservar su independencia, permanecer en un ambiente familiar y reducir al mínimo el riesgo de lesiones.
Rosemary Bakker, diseñadora de interiores con una maestría en gerontología, dice que la mayoría de las viviendas y equipamiento de hoy día fueron diseñados para gente de 21 años de edad, y enumera una serie de temas que pueden poner en peligro la capacidad de la gente mayor para funcionar de manera segura por cuenta propia, como ventanas o puertas que cuesta trabajo abrir; mal alumbrado, particularmente en áreas cruciales como el baño o la cocina; alfombras y suelos irregulares; bañeras que causan dificultades para la persona con artritis; y espacios o alturas en las escaleras que presentan un desafío si la persona tiene limitada destreza manual.
CUIDADOS
Ventanas y puertas
Ajustarlas para que no cueste trabajo abrirlas.
Alumbrado del hogar
Sobre todo, en áreas cruciales, como el baño y la cocina.
Alfombras y suelos
Que no sean irregulares, para evitar tropiezos.
Instalaciones en el baño
Las bañeras no pueden causar dificultades a personas con artritis.
Espacios y alturas
Que no representen un desafío si la persona tiene limitada destreza manual.
Distribución de habitaciones
Si el baño está lejos de la habitación, puede representar un problema cuando se camina con lentitud.
Ejercicio físico diario
Comenzar a practicar una caminata diaria a partir de los 45 años, podría demorar la inmovilidad hasta los 90 años o más. Llevar una vida sedentaria adelantaría la inmovilidad a los 60 años.