Como en la sociedad de la nieve

DIEGO FISCHER

Según el diccionario de la Real Academia Española, las leyendas, por definición, tienen más de hechos maravillosos e históricos que de realidad. Y los mitos son narraciones situadas fuera del tiempo histórico y protagonizadas por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia, el mito encarna los grandes acontecimientos de la humanidad; y a veces, se entrelaza con la leyenda para conformar leyendas míticas. Es el caso de La Tragedia de los Andes que -como todos sabemos- no fue protagonizada por divinidades, sino por jóvenes uruguayos, que tenían entonces la edad que sus hijos y los míos tienen hoy.

El lunes pasado, asistí a la presentación del libro La sociedad de la nieve en el Colegio Juan Zorrilla de San Martín de los Hermanos Maristas, en Punta Carretas. Allí el autor de la obra, Pablo Vierci y dos de los sobrevivientes que menos exposición pública han tenido: Antonio Vizintin y Daniel Fernández Strauch, se enfrentaron a un auditorio de casi 500 chicas y muchachos que promediaban los 15 años y que desbordaron el salón de actos del colegio. También habían muchos padres cuarentones.

El encuentro en el colegio de la calle Ellauri, no fue un hecho aislado, sino que formó parte de un trabajo que viene realizando la institución, en procura de sembrar y reforzar en sus alumnos los valores que la sociedad uruguaya parece haber perdido.

El silencio, la atención y las preguntas posteriores que siguieron a la exposición de los panelistas y el aplauso estruendoso y prolongado que cerró el acto dejó en claro, una vez más, la vigencia de una historia de la que muchos uruguayos renegaron durante décadas, mientras que el resto del mundo se conmovía y le asignaba el lugar que una leyenda mítica de esa dimensión debe ocupar. Para aquellos que sostienen que Tinelli y sus Intrusos son lo único que les interesa ver y escuchar a los jóvenes uruguayos; y para los que afirman que la droga y el alcohol es lo que los motiva; reconforta comprobar que existen docentes que en repecho y con viento en contra, encuentran eco al trabajar con las nuevas generaciones, mostrándoles que hay un futuro posible. Construirlo depende de cada uno de ellos y de los uruguayos en su conjunto; como en la sociedad de la nieve.

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