Dr. Jorge De Paula / medico intensivista de UCM
Desde el siglo pasado las enfermedades vasculares se reconocen vinculadas a la hipertensión arterial como principales causas de muerte que se relacionan con agravios cardíacos y cerebrales. En las últimas dos décadas del siglo pasado se comprobó que las sustancias que bloqueaban los efectos adrenérgicos causantes de vasoconstricción arteriolar, como los Inhibidores de la Enzima Convertidora de la Angiotensina (IECA), tenían un efecto beneficioso para controlar la hipertensión arterial. Sin embargo nuevos estudios realizados recientemente aportan mayor e interesante información.
Entre ellos se destaca el "Ensayo Europa" aplicado a pacientes con enfermedad coronaria, y el "Estudio Ascot" (Comité del Ensayo Anglo-Escandinavo) que estudió varios tipos de hipertensos. Ambos trabajos coincidieron en el beneficio de asociar amlodipina (un anticalcio) y perindopril (un IECA), como mejor opción a la clásica combinación de betabloqueantes y diuréticos. Estos ensayos clínicos fueron considerados por el Congreso Anual de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) como los más relevantes de los últimos años.
La nueva asociación farmacológica extendía sus efectos beneficiosos no sólo al control aislado de las cifras tensionales, sino al descenso de mortalidad en el grupo de los pacientes estudiados: los enfermos morían menos, tanto por enfermedades coronarias como por hemorragias cerebrales y complicaciones de diabetes.
Se estima que en una población de 50 millones de personas de cualquier país occidental, alrededor de 8 millones recibieron algún tratamiento antihipertensivo. El más habitual es la asociación de betabloqueantes y diuréticos. Para estos pacientes, el Estudio Ascot demostró el beneficio comparativo de la nueva asociación propuesta: la combinación amlodipina/perindopril reducía en 100.000 las muertes producidas por ataques cardíacos; en 40.000 las muertes por hemorragias cerebrales; y en 35.000 las muertes causadas por otras enfermedades cardiovasculares. También disminuiría en unas 90.000 las muertes por complicaciones de diabetes del tipo 2.
El estudio subrayó que las cifras obtenidas podrían incluso duplicarse, teniendo en cuenta que el análisis sólo había considerado a las personas que ya venían recibiendo un tratamiento hipertensivo (atenolol y diuréticos), mientras que una gran parte de la población de hipertensos se mantiene sin diagnóstico ni tratamiento.
COMBINACION DE DROGAS. El Estudio Ascot seleccionó 19.342 pacientes de la población de varias naciones, requiriendo como condición para hacerse el estudio que tuvieran cifras tensionales mayores a 160/100 mmHg sin tratamiento previo, o bien cifras superiores a 140/90 mmHg pese a estar ya bajo tratamiento. Además, esos pacientes debían contar, al menos, con tres de los factores de riesgo vascular prevalente, como tener una edad superior a los 55 años, sexo masculino, tabaquismo y microalbuminuria (presencia de albúmina en la orina). El método estadístico (multicéntrico y randomizado) se realizó a simple ciego y en paralelo-control, dividiendo a los pacientes previamente tratados en dos ramas, comparando la evolución registrada al confrontar los dos grupos: amlodipina vs. atenolol.
Si durante el estudio la presión arterial no se normalizaba, a la rama que estaba recibiendo amlodipina se le agregaba en segunda instancia perindopril. Si ello ocurría en la rama que estaba recibiendo atenolol, se agregaban diuréticos tiazídicos. Si pese a ello la presión no se normalizaba, se agregaba doxazosina. En la estrategia de tratamiento que asociaba un bloqueador del canal de calcio (la amlodipina) con un IECA (el perindopril); los resultados fueron terminantes cuando se confrontaron con la clásica asociación de un betabloqueante (atenolol) y un diurético tiazídico (bendroflumethiazide).
Las cifras estadísticas comprobadas a los cinco años y medio de iniciado el estudio determinaron que éste se interrumpiera antes de alcanzar la duración prevista. El motivo era la importante disminución relativa de mortalidad observada en el grupo medicado con amlodipina respecto a la que utilizaba atenolol.
La ESC comprobó que la nueva asociación reducía en forma significativa el riesgo de fallecimiento por cualquier causa en un 11%; por causa cardiovascular en un 24%; por derrame cerebral en un 23%; y por un evento coronario en un 13%. Además, el descenso en los nuevos casos de diabetes era de un 30% respecto al grupo que utilizaba atenolol/diurético.
Otros grupos de investigación, como el Ensayo Europa que usó perindopril sobre 12.000 pacientes con enfermedad coronaria estable, comprobaron una disminución relativa del riesgo del 20% para las muertes cardiovasculares y para las que sobrevienen luego de una reanimación post paro cardíaco. Se registró, además, una disminución de los accidentes circulatorios no letales. El Estudio Pertinent (un subgrupo del Ensayo Europa) demostró que el perindopril tenía efectos vasculares directos que mejoraban la función de la capa interna de recubrimiento arterial (endotelio), relacionándose con un efecto anti-arteriosclerótico.
Analizando a 6.000 pacientes que ya habían sufrido derrames cerebrales, el Estudio Progress demostró que uno cada 10 de ellos que habían recibido perindopril durante cuatro años había evitado la muerte por nuevas crisis de derrame cerebral o por infarto de miocardio.