JOSÉ L. AGUIAR Y RAÚL MERNIES
Envueltos en sábanas de nylon, sobre colchones de polifón o húmedas baldosas, centenares de montevideanos ocupan parques, portales de edificios, comercios o cines: una realidad que desafía las cifras voluptuosas de la bonanza económica .
Son las 14.45 y el "Charly" duerme. Puede ser la siesta, o quizás todavía no amaneció. Su cama está montada sobre cuatro bloques que sostienen una parrilla de madera, y encima de ella un grueso colchón sin funda. El polifón sobresale y varias frazadas lo cobijan.
La pared donde apoya su cama está derruida, pero aún conserva tres huecos que alguna vez fueron ventanas, hoy tapiadas por ladrillos. Los huecos ofician de estantes para las pertenencias del "Charly": un vaso de metal, un plato que fue blanco, un cuchillo y una cuchara con restos de comida llenan el primero. El segundo y el tercero guardan ropa apelotonada y sucia.
La "habitación" del "Charly" quizás no difiera de muchas otras en Montevideo; la diferencia es que está ubicada en pleno barrio Palermo, al aire libre, en la esquina de Gonzalo Ramírez y Eduardo Acevedo, a metros de la puerta de la Facultad de Ciencias Económicas.
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Lucía M. (no quiere que su nombre se publique) vive hace seis años en Palermo, frente a la rambla, en un edificio junto a un parque con juegos infantiles y canchas de baby fútbol, a un par de cuadras de la embajada de Estados Unidos. Cuenta que hace unos tres años se instaló en el parque el primer indigente. Nadie se preocupó porque el hombre parecía "una buena persona", y al poco tiempo, cuando llegó el invierno, se marchó. Pero el lugar quedó "marcado", dice. A partir de entonces comenzaron a turnarse distintos indigentes, "algunos muy problemáticos", ubicándose en diferentes lugares del parque. "Extendían sus trapos, sus mantas y sus bolsitas de plástico". Varios vecinos comenzaron a inquietarse y recurrieron a la Intendencia, a la Policía, al Mides; sin resultado. "El problema es que en el parque hay niños a toda hora, vienen botijas que juegan al fútbol y el sitio está hecho una pocilga".
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"La IMM protege y promueve que los espacios públicos sean derecho de todos y todas", reza un folleto de la comuna montevideana. Hay miles de esos folletos en los centros comunales a disposición de los ciudadanos (porque se imprimieron muchos miles).
La propaganda forma parte de una extendida política para atender a cerca de 1.600 personas en situación de calle (según un relevamiento del Mides): un problema que ha adquirido visibles y dramáticas dimensiones en las zonas céntricas de la capital; que afecta a vecinos, que escandaliza a turistas y que contradice la complacencia del gobierno sobre el éxito de los programas sociales.
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A las 15.40, la esquina del Parque Rodó "chico", sobre Bulevar Artigas, huele a arroz hervido y pollo. Debajo del puente de la Av. Sarmiento cuatro hombres preparan su almuerzo. Del otro lado, dos veteranos duermen sobre un viejo pedazo de polifón, tapados casi hasta la cabeza.
"Yo estoy acá hace un año y medio", dice el más veterano del grupo. "Somos cuatro de este lado y tres allá enfrente. Hay uno que para acá hace como seis años, pero está medio sordo, hay que gritarle para que escuche. Hay otro que está con él hace años pero le falta un dedo, no me acuerdo si en la mano o en el pie, y tienen un pibe con ellos que es medio ciego. No ve mucho. Yo soy pintor", asegura, y deja de hablar por un instante cuando uno de los más jóvenes le avisa que se le está quemando la comida.
Al rato vuelve: "Yo te pinto un osito, las nubes, las flores… lo que quieras. Soy oficial pintor", reitera. "Vos me decís lo que querés, yo voy a Shervin Güiliam, ahí me dan el rodillo y yo te pinto lo que quieras: un osito, las nubes…".
Dos más jóvenes se suman a la charla, aunque no sacan los ojos del calzado del periodista. Llevan solo dos meses "parando" bajo el puente de Sarmiento. "Se rescatan" cuidando autos de noche, y los fines de semana con "la movida" del Parque Rodó.
El Mides tiene claro que ellos "paran" ahí, pero no les "ofrece" nada. "Para poder agarrar lugar en los refugios tenés que hacer una cola tremenda, llegás a la puerta y te dicen que se llenó, te dan una bandejita con dos porquerías y te dejan en la calle", asegura el "pintor".
La Policía los conoce bien. Cuando hay una denuncia se acercan y les piden la cédula. Algunos la tienen, otros no. Pero no hay problema, dicen, porque "acá somos siempre los mismos".
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"Este año, en verano, volvimos a tener habitantes en el parque. Primero llegó uno que se instaló en el mismo sitio donde ya habían estado otros indigentes antes. Se trajo una carpa, uno de esos iglúes que se venden en las tiendas. Colgó una cuerda para tender ropa, desde la reja del edificio hasta la rama de un árbol, y hasta colocó una manta en el pasto con algunas chucherías, tenedores viejos, cadenitas y tornillos que pretendía vender a los vecinos. Luego cayó una pareja que se acomodó en el iglú. Como siempre, llamamos a la Intendencia, a la división de limpieza, a la dirección de parques, al centro comunal. `Llamen al Mides`, nos indicaban. El Mides hacía poco y nada: `Hablen con la Intendencia; les corresponde a ellos`. Llamamos a la comisaría y nos dijeron que si el hombre no estaba cometiendo un delito no podían hacer nada. Nos sugirieron dirigirnos a la Policía Comunitaria, que se ocupaba de esos casos. La Policía Comunitaria estuvo muy atenta: `Eso es del Mides`.
"Una mañana a comienzos de marzo, para mi sorpresa, vi que había una camioneta del Mides estacionada junto al parque, justo frente a esas personas que acampaban. Tenía un letrero del ministerio pintado en el costado. Era una camioneta grande, pintada de rojo, muy reluciente; una camioneta nueva (¿hace falta decirlo?). Adentro iban tres personas: una al volante, muy joven; otro acompañante y un tercero sentado atrás, con una libretita, tomando notas. Yo pensé: "Bueno, al fin han venido a llevarse a estas personas". Pero estuvieron un buen rato parados ahí, escribiendo en la libreta, dentro de la camioneta, mientras los indigentes los miraban. Después de unos quince minutos, más o menos, arrancaron y se fueron, tal como habían llegado. Yo me pregunté: ¿A qué habrán venido? Porque pasaron los días y nunca más aparecieron por aquí".
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En el transitado cruce de Maldonado y Bulevar Artigas, a una cuadra de la plaza José Pedro Varela, "la situación superó todos los límites", afirma uno de los pisteros de la estación de servicio cercana.
La destruida estructura de un viejo centro de salud alberga mendigos, indigentes, animales, mujeres y niños. "El otro día se murió uno ahí adentro, y como no sabían qué hacer lo prendieron fuego. Había llamas y un olor espantoso. Un vecino llamó a los bomberos", contó el empleado de la estación. "Todo el barrio ha denunciado, pero nadie hace nada".
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"Esto debió haber sido unas dos o tres semanas después, no recuerdo con exactitud. Me desperté como siempre, a las 8 de la mañana, miré por la ventana que da al parque y vi que los indigentes ya no estaban. Desperté a mi marido, que todavía dormía porque siempre llega tarde del trabajo, y me dijo: "¿Cómo? ¿No escuchaste anoche el griterío que hubo abajo?" Ninguno de los dos sabía bien qué había ocurrido, así que le pregunté al portero del edificio. Me contó que esa noche alguien había dado aviso a la policía porque la pareja de indigentes se estaba peleando. Parece que el hombre tenía una cuerda y había intentado colgarse de la rama del ombú, un ombú muy grande que hay en el parque. La policía llegó a tiempo y se los llevó. ¡No quiero imaginarme lo que habría ocurrido si se hubiera ahorcado, en un parque que todos los días se llena de madres y chiquilines!"
Abordaje múltiple
Varias oficinas, divisiones y departamentos ministeriales y municipales atienden el problema de las personas en situación de calle. En el Mides está la Dirección Nacional de Asistencia Crítica e Inclusión Social (Dinacis) que tiene a su cargo el Programa de Atención a los Sin Techo (PAST). En la Intendencia de Montevideo está el Departamento de Desarrollo Social, y una de sus dependencias es la Division Politicas Sociales.
Historias de pobreza crónica, conflictos y violencia familiar, inactividad, consumo de alcohol y drogas, patologías y discapacidades psíquicas, e incluso problemas judiciales, están entre las causas de este fenómeno, afirma el Mides.
Servicios de ayuda
La situación en cifras
indigentes y refugios
Según el último conteo que se hizo a fines del 2010, se calcula que hay en Montevideo 1.600 personas en situación de calle. La Dirección Nacional de Integración Social estima que "la mayoría están atendidas por alguno de los programas estatales". Hay aproximadamente 800 cupos en todos los regugios, de los cuales 650 son gestionados a través del Ministerio.
Refugios en Montevideo
tres organismos del estado
En Montevideo hay actualmente 13 refugios que acogen a personas en situación de calle. De ellos, 9 son gestionados por el Ministerio de Desarrollo Social, 2 por el BPS y los otros 2 por el INAU. La forma de ingreso a estos refugios es a través del servicio denominado Puerta de Entrada (Convención 1572), que funciona todos los días, de 15:00 a 22:00 horas.
Intendencia Municipal
residencia de pago
La División de Políticas Sociales cuenta con una residencia especial, en la calle Yi entre Galicia y La Paz. Hay que pagar $ 30 por día. Los residentes, varones exclusivamente, tienen un reglamento de convivencia. Realizan las tareas de mantenimiento, limpieza y cocina. Cuentan con biblioteca. La experiencia ha resultado muy positiva para los residentes.
Refugios nocturnos
450 cupos en nueve centros
Las modalidades de atención de los refugios nocturnos del Mides son: cuatro para hombres solos (210 cupos), uno para familias (50 cupos), tres para mujeres con niños (140 cupos), y uno para mujeres solas (50 cupos). Los del BPS son para adultos mayores y los del INAU para atender situaciones de violencia doméstica y madres con niños.