D. FRIEDMANN y A. PAIS
Pintura con niveles tóxicos altos, pequeñas partes que se desprenden y elementos filosos, son algunos de los factores de riesgo en los juguetes para niños. ¿Acaso la imaginación es la única salida recreativa segura?
El tema se instaló en la opinión pública luego de que la reconocida empresa Mattel sacara 21,8 millones de juguetes del mercado mundial: habían detectado niveles de plomo superiores a los permitidos y confirmaron que había imanes que se desprendían. De ellos, 1.200 estaban en Uruguay y fueron retirados voluntariamente por la empresa importadora Mabenir.
"La mayoría de los juguetes que se venden son eventualmente inseguros porque se desarman, están compuestos o pintados con sustancias tóxicas, tienen aristas o puntas que pueden lastimar, o porque son muy inflamables", dijo Walter Pérez, secretario del Comité de accidentes de Sociedad Uruguaya de Pediatría (SUP).
Los peligros potenciales se encuentran en todo tipo de tiendas, desde las del estilo "todo por $ 10" hasta grandes jugueterías en los shoppings, pasando por varios supermercado. En una recorrida por 10 de estos locales es posible comprar varios ejemplos que a simple vista se pueden juzgar.
Predominan las piezas de dimensiones tragables, pero también hay artesanías en madera pintadas con barniz, muñecos en estado antihigiénico y mordillos y chupetes sin envasar.
Uno de los pocos juguetes nacionales que se pudo encontrar fue un juego de pequeñas ollas y cucharones. No tenía ninguna indicación. Si cayera en manos de un niño menor de 3 años, tanto las cucharas como la tapa de las ollas podrían ser ingeridas sin problemas.
Los objetos que un niño puede comer en un descuido de sus padres o que tienen piezas que se desprenden con facilidad, son habituales. Las advertencias de muchos de ellos son casi ilegibles o están sólo en inglés. Algunos ni siquiera las tienen.
En Uruguay nadie controla los juguetes que se venden en plaza. Su comercialización hoy está librada a la conciencia del empresario y al sentido común de los padres. En octubre de 2005 el presidente Tabaré Vázquez aprobó un decreto para controlar los juguetes. Recién después de dos años y un par de escándalos internacionales la fiscalización comenzará a ejercerse en noviembre.
Según Ernesto Rodríguez, jefe del departamento de asuntos técnicos del Ministerio de Industria, "las sucesivas prórrogas para su implementación se debieron a distintas dificultades a la hora de cumplir con la normativa: en el LATU para montar la estructura necesaria para los exámenes, en los importadores para conseguir las certificaciones de origen y en la industria nacional para solventar los costos extra por el aumento de las exigencias".
La asociación de pediatras planifica acciones sobre el tema. "Vamos a realizar un planteo, no para intervenir en el mercado regulatorio, pero sí que la SUP le dé una especie de condecoración a determinados juguetes y ropa que cumplen requisitos. La idea es premiar a determinados artículos que contemplan la seguridad de los niños", dijo Pérez.
POCOS PERO SUFICIENTES. Un estudio de la Comisión para la Seguridad de los Productos de Consumo de Estados Unidos, sostiene que en 2002 fueron atendidas 144.240 lesiones asociadas a juguetes en salas de emergencia de hospitales. Mientras el 92,5% de los casos tuvo origen mecánico -lastimaduras, ahogos, etcétera-, sólo el 1% fueron por químicos y menos del 1% estuvieron relacionados con fuego o electricidad. Del total, el 46% eran niños menores de 5 años. Las muertes por el uso de juguetes son excepcionales.
Sin embargo, en Uruguay los accidentes con juguetes se pierden en los consultorios médicos. No existen cifras que los registren, así como tampoco organismos de contralor .
Uno de los principales problemas o por lo menos uno de los de más fácil identificación, se debe al instinto infantil de llevarse todo a la boca. "En los hospitales pediátricos, varias veces por mes aparecen niños que se han aspirado pequeños objetos", afirmó Pérez.
"El sofocón es cuando el cuerpo extraño queda en la parte alta de la vía respiratoria y no pueden respirar hasta que lo tosen o se lo extraen por una maniobra de salvataje. Si el objeto es suficientemente pequeño como para introducirse en la vía respiratoria, hay que extraérselo con una broncoscopía. "Imaginate el peligro que significa eso: hay que anestesiar al niño, hurgar en la vía respiratoria hasta encontrar el pedacito y sacarlo", señaló el pediatra.
En el Hospital Pereira Rossell y en emergencias médicas dijeron que los problemas serios con juguetes son excepcionales. En tanto, en el Hospital Británico, entre enero de 2002 y julio de 2005 seis niños ingresaron con sofocación, cianosis (coloración azulada de la piel por déficit de oxígeno en la sangre) y tos.
Luego de realizarles broncoscopías se encontró que tres habían aspirado un maní, dos inhalaron trozos de plástico de juguetes y el último, un tapón de moco con material degradado no identificable.
INDICACIONES Y ABUSOS. "Lo que constituye un juguete a cierta edad, puede resultar interesante o peligroso a otra edad", comienza el estudio Los Juguetes y la Seguridad Química de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y continúa: "Los juguetes seguros han de estar bien diseñados, han de corresponder a la edad de los usuarios previstos, han de ser duraderos y no tóxicos".
El buen diseño abarca el embalaje, la estructura, la composición interna y su funcionamiento. Por ejemplo, la música en los juguetes no puede ser superior a los 110 decibeles, la electricidad no debe exceder los 24 volts, aquellos que dan movilidad deben tener los frenos adecuados y los que sean para usar en el agua deben impedir la pérdida de flotabilidad.
En cuanto a la contaminación, el Centro de Información de Asesoría Toxicológica (CIAT) tampoco registra los casos por contacto con juguetes.
La directora Amalia Laborde evaluó el tema como "anecdótico": "Si cuento los casos de toxicología, la interpretación podría ser `aquí no hay problemas para los niños` y eso sería una falacia. Que no lo detectemos, no quiere decir que sea inexistente. Aunque no tenemos la impresión de que sea la principal problemática de salud ambiental en nuestro país", afirmó.
"El nivel de contaminación por juguetes, por más de que no respete los valores máximos admitidos, difícilmente sea suficiente como para que una parte ingrese al organismo y transmita la dosis suficiente como para que lo veamos en la clínica", añadió Laborde.
No obstante, la convivencia con estos compuestos en la infancia puede contribuir a la aparición de enfermedades crónicas como las alergias, o puede tener algún impacto en el desarrollo normal. El plomo, es el más nocivo. Entonces, ¿para qué someterlos al riesgo?
Se consiguen en jugueterías y otros comercios: no tienen la información adecuada
Piezas para encastrar
El juego de madera carece de indicaciones de cualquier tipo: origen, composición, edad recomendada. La pintura tiene barniz.
Autito
Se vende en una bolsa sin ningún tipo de instrucciones sobre la edad y su uso. Puede desarmarse fácilmente y llegar a ser peligroso.
Arma con proyectiles
El arma simula ser real y lanza proyectiles con una fuerza que puede ser peligrosa, suficiente para lastimar a un niño.
Caballito
En inglés dice que puede ser utilizado sólo por mayores de tres años. A simple vista se ve que la cuerda puede ser peligrosa.
Sonajeros
Tienen en el empaque a un bebé, pero su envoltorio dice en inglés que pueden ser utilizados por mayores de tres años.
Bolitas
Las venden en una red, pero sin ningún tipo de indicación sobre la edad, cuando deben evitarse en niños menores de 3 años.
El aplazado decreto para juguetes
El decreto 388/005 del 7 de octubre de 2005 comenzará a regir a partir de noviembre. La autoridad encargada de regular y emitir los certificados de comercialización será la Dirección Nacional de Industrias del Ministerio de Industria, Energía y Minería.
El objetivo es "asegurar la protección eficaz de los niños, contra riesgos derivados de juguetes que no cumplan exigencias técnicas esenciales".
Hay tres procedimientos para obtener el certificado: presentar el documento original de autorización expedido por un organismo nacional acreditado o designado (como el LATU), exhibir el certificado de un ente competente del país de origen de la mercadería, o una declaración jurada del importador o fabricante uruguayo. El titular del mismo es quien tendrá responsabilidad técnica, civil y penal.
En el caso de los juguetes fabricados en Uruguay el certificado deberá presentarse antes de la venta al público. Para los importados será en la Aduana.
Los requisitos no sólo abarcan el diseño y los materiales, sino también el empleo de etiquetas con las advertencias, indicaciones e instrucciones de uso necesarias. La especificación de la edad mínima del usuario es obligatoria.
Cuando se trate de familias de juguetes, (o sea, producidos con los mismos materiales, dimensiones, funcionalidad, etc.) el decreto establece que sólo se controlará que el "padre" cumpla con las normas de seguridad. Y ejemplifica: "En una familia de vehículos, el `padre` es el que tiene más componentes en la carrocería". Si los integrantes de la familia son más de 10, los "padres" serán el 20% del total.
Importan 50% de "chiches" de China
Casi el 50% de las importaciones de juguetes en Uruguay provienen de China, informó a El País la Cámara Nacional de Comercio y Servicios del Uruguay. Le sigue Estados Unidos con el 22%.
La industria nacional es escasa debido a la competencia con estos productos y no se consiguen cifras comparativas. Según la International Council of Toy Industries, en 2003 el mercado mundial de juguetes (no incluye videojuegos) movió U$S 59.400 millones.
El retiro de un producto defectuoso del mercado es una situación muy difícil para una empresa. Se calcula que por cada juguete que se retira, hay por lo menos otros cinco en que los fabricantes detectan a tiempo una falla y la reparan sin que se note, publicó el 26 de agosto el diario Clarín. Mattel reconoció costos de U$S 28,8 millones, pero varios medios estimaron pérdidas de U$S 80 millones.
Cuidados a la hora de elegir y jugar
La Sociedad Uruguaya de Pediatría realizó varias recomendaciones a los padres, para evitar accidentes con los juguetes.
Por ejemplo, a los niños de hasta un año no se les deben ofrecer ni dejar a su alcance objetos que pueda llevar a la boca. Además, hay que verificar que los juguetes sean adecuados para su edad y evitar los que puedan ser desarmados en pequeñas partes.
Para los que tienen entre 1 y 3 años es conveniente verificar que mientras corre o juega no coma ni tenga objetos en su boca. Evite también que juegue con bolitas, pilas, chapitas y otros objetos pequeños.
Cuando llegan a los 3 años y hasta los 6 debe prestarse especial atención a las piscinas y mantener una supervisión permanente. En la playa, siempre debe haber un adulto por niño que juega en el agua.