Federica Narancio
No había un ambiente de festejo ni señales de que se tratara de una fecha con números redondos. Haciendo caso omiso a tal formalidad, el lunes fue un día como cualquier otro en el Baar Fun Fun, pese a que esa noche cumplió 110 años.
En una esquina, el mozo Mario Remedios se erguía orgulloso con camisa y moña, a sabiendas de que él también ostenta su propio récord: 50 años de servicio como mozo del Fun Fun, y el título de Mozo del Año otorgado hace díez días en los Premios Placer 2005.
Los que frecuentan el bar conocen sus cuentos, pero Remedios se empeña en narrarlos como si fuera la primera vez. Sabe que la antigüedad de su trabajo en uno de los boliches más míticos de Montevideo le otorga la condición de vocero.
"Por aquí pasaron políticos, artistas, extranjeros, periodistas y directores de los diarios, bancarios y gente de la calle", dice Remedios antes que se le haga la pregunta. "¿Cuáles recuerda?", es la continuación más obvia, y la respuesta de Remedios cae como catarata: "Muchísimos. Carlos Gardel, Julio Sosa, Piazzola, Alfredo Barbieri, Mariano Mores, el Manzanero, el Quinteto Real, Alberto Podestá, Juan D’Arienzo, Héctor Mauré, Carlos Solé. Era la bohemia de Montevideo".
Remedios también recuerda con precisión que fue el 8 de abril de 1955 que empezó a trabajar en Fun Fun. "Cuando era joven, quería conocer el mundo", asegura. Y para él, su mundo se ha conformado a lo largo de los años adentro del bar, del que jamás pensó desligarse.
"Conozco a tres generaciones que han sido dueñas del Fun Fun y todos siempre fueron muy buenos conmigo. ¿Y sabés lo que es el orgullo, después de tantos años, ser condecorado por primera vez como mozo del año?"
El Baar Fun Fun fue fundado en 1895 por Augusto López y hoy sigue su trabajo la cuarta generación, precedida por Gonzalo Acosta López.
Desde ese entonces, el bar se ha hecho conocer por características que han permanecido inalterables a lo largo de los años: la bebida La Uvita, mezcla de oporto y vino, la presencia de Remedios, el tango y su espíritu bohemio que le permite prescindir de un festejo por sus 110 años.