Casinos en competencia: Diferencias y similitudes

Juego. El surgimiento de las salas de Maroñas Entertainment en Montevideo ha sido señalado como una de las causas del déficit de las salas municipales: ¿Cuáles son mejores? ¿Qué ofrecen?

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Ricardo Figueredo

E. BARRENECHE Y D. FRIEDMANN

Los casinos municipales perdieron U$S 14 millones entre 2000 y 2005. Ahora pierden dinero, pero "menos", según el prosecretario Jorge Rodríguez. ¿En qué se diferencia hoy una sala de juego municipal de una gestionada por un privado?

Una visita de El País dos días de semana a la misma hora al Casino Parque Hotel y a Maroñas Entertainment de 18 de Julio y Yaguarón pueda dar quizás algunos indicios.

Las máquinas son prácticamente iguales. Las diferencias son otras. El local de Maroñas está mejor ambientado: todo luce a nuevo e invita a quedarse. Su personal está impecable y los baños relucientes.

En el Casino Parque Hotel el panorama es distinto. Como una muestra de lo que fue y ya no es, las paredes tienen rayones, la alfombra está gastada, las camisas de algunos de sus funcionarios fueron blancas alguna vez. El baño está limpio pero su mantenimiento deja que desear. Pasen y vean.

MAROÑAS. Son las 20 horas del miércoles y el movimiento en Maroñas Entertainment de 18 de Julio y Yaguarón es intenso. Unas 300 personas juegan y un puñado simplemente mira. Dentro del público hay de todo, pero predominan las personas de más de 30 años. Y las mujeres mayores son una parte importante de los apostadores.

El ambiente está a una temperatura ideal, lo que contrasta con el calor sofocante en la calle. El local es cuidado: la iluminación es intensa pero no molesta, la alfombra está impecable y los residuos son levantados por personal que permanentemente recorre el establecimiento en busca de cualquier cosa que parezca fuera de lugar.

Las máquinas -slots- están limpias y no se observó ninguna fuera de servicio. En español cada slot indica al apostador lo máximo que pagan. "Gane hasta 7.500 créditos", dice una. También hay carteles que informan el monto de los billetes que acepta la máquina para que el apostador los introduzca directamente, sin cambiar plata por fichas.

Además, por el local hay carteles con algunas advertencias. "El empleado pagará los premios que no puedan ser pagados por las máquinas", dice uno. Otro avisa: "El mal funcionamiento de la máquina anula todo su juego. Se pagarán únicamente los premios que estipula la tabla de apuestas y pago de la máquina".

Una mujer anota cuidadosamente el resultado de cada jugada en su slot. Su actitud puede parece extraña, pero ella, sin importar si la miran sin disimulo, sigue inmersa en su planilla.

A su lado pasan dos funcionarias vestidas con uniformes impecables. Se nota que cuidan su aspecto. Lo dice su peinado impecable y el maquillaje: delicado y elegante.

En Maroñas, al menos en el de 18 de Julio, si algo no hay es dificultad para encontrar al personal. Están por todos lados y su actitud es servicial. Quizás eso haga también que uno pueda sentirse observado casi en todo momento.

La ruleta electrónica es definitivamente uno de los juegos preferidos por los apostadores. Mientras juegan algunos toman refrescos. Otros whisky. En el segundo piso hay una cafetería aunque la amplia mayoría utiliza el servicio de mozas que toman los pedidos. En los posavasos de la mesa de ruleta hay algunos papeles, la mayoría de golosinas. Ocho minutos pasa una limpiadora y los levanta.

En la cafetería los precios son accesibles. Café $ 22, un refresco $ 32 y una cerveza $ 35. Los baños, de mármol, están muy limpios. Hay papel higiénico, papeleras en buen estado, jabón y toallas de papel.

Casi 20 horas más tarde, a las 15 del jueves 19, el aire acondicionado de la sala del ex edificio del diario El Día actúa en el visitante como una refrescante bofetada. Es incesante el ir y venir de público entre las maquinitas. Tratando de ser discretos, en cada sección hay hombres vestidos con impecables trajes negros que controlan la seguridad del local. Hay tantas cámaras como slots en la sala. Es decir, muchas. La seguridad es clave en el casino y cualquiera lo nota.

En la tarde, la mayoría de los apostadores en los slots son mujeres que rondan los 40 años. Algunas, muy pocas, más jóvenes. De cada 10 apostadores, ocho son mujeres. La relación se invierte en las ruletas electrónicas. Los hombres dicen preferirlas por los "buenos dividendos" que otorgan en comparación con los slots.

Desde el punto de vista ergométrico, las salas de Maroñas son a medida. Cada máquina con su apostador. No ocurre lo mismo en el Parque Hotel donde el espacio es una ventaja. En Maroñas, en las horas "pico", los apostadores están casi hombro con hombro.

Aun en horario laboral, el jueves de tarde había unas 400 personas en los slots, ruletas y en la sala de apuestas de carreras de caballos. En las ruletas había que esperar algunos minutos para conseguir un lugar. El juego electrónico es ágil. Entre apuesta y apuesta no pasan más de tres minutos. Mientras la bola corre se escucha un latido rítmico y seco hasta que una voz de mujer metalizada "canta" el número ganador. Segundos más tarde invita a jugar otra vez.

PARQUE HOTEL. El entorno es excelente. Tras descender de un taxi a las 20 horas del miércoles 18, una bocanada de aire de mar señala a cualquier visitante del casino que se encuentra a unos 50 metros de la rambla.

El visitante sube las escaleras del casino. Desde lejos advierte un Fiat Uno de color gris envuelto para regalo. Se trata de una promoción. Casi en la entrada saluda al portero, que luce un uniforme decoroso. Lo saluda. El portero no responde.

Al ingresar a la sala es bien recibido por la funcionaria que guarda los portafolios y carteras de los apostadores. La empleada entrega un numerito mientras le desea "buena suerte" con una sonrisa. La primera impresión que tiene el visitante es la de transportarse a una película norteamericana de los años 70. Dos inmaculadas ruletas de paño con cuatro croupier en cada una atraen como si se tratara de un auto de colección. Intrigado, el visitante camina hacia ellas. A su izquierda observa otras mesas de paño donde funcionan los juegos con cartas. La mayoría de ellas están ocupadas por apostadores.

Al llegar a las ruletas, escucha "No va más" y un funcionario hace girar la bola dentro del cilindro a gran velocidad. Largos segundos más tarde, segundos que para el visitante y cualquier apostador resultan eternos, se oye: "Negro el 12". Con mano hábil, el funcionario deja sobre el paño sólo las fichas colocadas en el número, fila, color y docena del ganador, mientras arrastra hacia un rincón de la mesa el resto de las fichas. Las recoge, las clasifica por color y las apila de acuerdo a su valor.

A unos tres metros de las mesas de paño empiezan las filas de "slots". A las 20 horas, las salas están semivacías. Unas 100 personas apuestan. La mayoría hombres de mediana edad. Muy pocos tienen un vaso de whisky a su costado. La mayoría bebe un refresco.

Es notoria la familiaridad entre apostadores y funcionarios. Se percibe que se trata de una relación de años. El apostador que va al Parque Hotel es fiel. No le importa que en el casino del Victoria Plaza, por ejemplo, se puede jugar $ 500 a un "pleno" y allí hasta $ 200.

A esta hora las salas del Parque Hotel se ven limpias, aunque entre sus puntos débiles están los baños para hombres. No se puede objetar su pulcritud, pero las pías antiguas y un vaso sanitario destruido y tapado en forma improvisada, son señas de decadencia.

Hay una sala que es un verdadero museo: entre 50 maquinitas se encuentran las pioneras de las ruletas electrónicas, que hicieron furor en Uruguay en los primeros años 80.

Al día siguiente, el jueves a las 15 horas, con más de 30 grados y con la rambla a pocos metros, decenas de personas eligen pasar un par de horas en el Casino Parque Hotel. La mayoría son mayores de 60 años. Son jubilados o parecen. También hay hombres de 40 y mujeres treintañeras solas. En total, 150 personas.

La temperatura en la sala de juegos municipal es agradable. El ambiente no tanto. La iluminación es correcta, aunque quizás demasiado tenue. La alfombra azul está limpia pero un poco deslucida. Hay algunos agujeros, rastros de una época no tan lejana cuando se podía fumar puertas adentro.

La ruleta de paño es el lugar obligado de reunión para decenas de veteranos.

Los juegos están en buen estado. Los uniformes de los empleados no tanto. Uno de los croupier tenía roto uno de sus zapatos, que estaban sin lustrar. La tónica general de los empleados es algo desaliñada. Las camisas son blancas sólo en teoría y los pantalones, gastados y en muchos casos mal planchados. Las mujeres lucen más arregladas, aunque el estado de los uniformes se repite. Algunas faldas podrían ser catalogadas como demasiado cortas. Cuestión de gustos.

La atención es muy buena. Si bien no hay tanto personal dando vueltas como en Maroñas -lo que es considerado por algunos que prefieren jugar "tranquilos" como una ventaja- cuando uno solicita a un funcionario están más que dispuestos a asistir. Por ejemplo, el jueves a una mujer el slot no le aceptaba las fichas y el empleado revisó la máquina y la arregló inmediatamente.

En la cafetería hay una barra con algunas mesas al costado. Los precios son accesibles: una pizzeta y un jugo salen $ 70.

Una particularidad en el Parque Hotel es que hay más de una decena de máquinas que tienen sólo en inglés los premios que otorgan. En las paredes hay carteles que indican que sólo se pagará el premio estipulado por la máquina. La cuestión es que el apostador pueda entender cuál es el máximo pago. Si está en inglés, para muchos eso no es posible. Las máquinas sí poseen carteles en español que informan qué montos de billetes aceptan.

Los baños de damas, apenas correctos, estaban limpios y tienen papel higiénico pero lucen en franca decadencia. El jueves de tarde, una funcionaria -no la encargada del sanitario- hablaba por el teléfono público a un volumen que permitió que más de uno se enterara detalles de su vida personal.

El equilibrio es objetivo 2007

La Justicia está investigando la gestión que hizo la Intendencia de estos negocios durante la segunda administración de Mariano Arana (2000 -2005). La magistrada Fanny Canessa comenzará a estudiar el martes un análisis administrativo del propio municipio que confirmó los vínculos entre las empresas arrendatarias de slots y los ex jerarcas de Casinos municipales.

En ese sentido, constató la existencia de "irregularidades administrativas" y "numerosas situaciones dudosas".

Los casinos municipales estuvieron entre 2000 y 2005 bajo la órbita de Juan Carlos Bengoa, actual Director General de Casinos del Estado.

Cuando asumió, ante la evidencia del déficit de U$S 14 millones en los últimos cinco años, el intendente Ricardo Ehrlich ordenó realizar un plan de negocios para revertir la situación

Para la Intendencia las claves para mejorar el negocio están en el retiro incentivado de 120 funcionarios de casinos en mayo y el cierre de la sala de juego del Hotel Oceanía.

El prosecretario de la IMM, Jorge Rodríguez, señaló que en este 2007 los números de casinos cerrarán "equilibrados".

Intendencia paga U$S 10,2 millones en sueldos

La Intendencia de Montevideo (IMM) tiene afectado a casinos un "costo salarial global" anual de U$S 10.200.000, el costo medio de cada uno de los 470 empleados es U$S 21.700, según un informe oficial de la administración.

Además, por mes pagan a UTE U$S 21.000 por el Parque Hotel y el Casino Carrasco.

Los servicios de agua tienen un costo "aproximado" de U$S 3.000 ($ 74.500) en el Parque Hotel y de U$S 1.500 ($ 37.275) en el Carrasco. Además, la cuenta de teléfono es de U$S 2.000 ($ 49.700).

Por día, concurren al Parque Hotel 2.000 personas, número que se duplica en los fines de semana. La sala del Carrasco, en tanto, recibe por día unas 800 personas.

El documento fechado en enero y destinado a los inversores señaló además que se realizaría un plan de incentivos para retiro de personal. Esta iniciativa se concretará en mayo, con el abandono de 120 trabajadores del área, por lo que el costo salarial anual bajará a U$S 2.604.000.

De los 470 empleados hay 190 profesionales, 160 empleados de fiscalización y vigilancia, 50 funcionarios de recaudación, 50 de conserjería y servicios y otros 20 de otros servicios administrativos.

"La pirámide salarial es muy estrecha, y entre un portero y un gerente, hay una apertura de 1,6 en los ingresos reales", indicó el informe que fue elaborado para los "potenciales inversores" en los casinos municipales. El personal tiene "bajo dominio en segundas lenguas".

Como información general el documento indica que los casinos municipales fueron los primeros en operar en Uruguay y en Sudamérica a partir de 1916. Hay 220 máquinas de propiedad municipal. Además, operan contratadas 350 máquinas en el Parque Hotel y otras 150 en el Casino Carrasco.

"Los porcentajes de arrendamiento que paga la administración, oscilan entre el 23% y el 30% del ingreso bruto de cada máquina, siendo el mantenimiento de las mismas y el desarrollo de las campañas de promoción de cargo del arrendatario", sostuvo el informe.

A esos porcentajes hay que sumarles el IVA, por lo que el costo promedio total pagado efectivamente a los arrendatarios es de 34,5% sobre la ganancia de las máquinas. Los contratos vencen en 2009.

Las ganancias de las máquinas oscilan entre U$S 15 y U$S 180 por día. Depende de su "atractivo" y de su antigüedad. En particular, para los 390 slots que operan en el Parque Hotel la ganancia diaria está en el entorno de U$S 75. Los rangos varían desde un conjunto de 25 máquinas que dan mínimas ganancias por su "obsolescencia", a aquellas con tecnologías de juego actualizadas que superan los U$S 140 diarios.

Con referencia a los juegos de paño, los porcentajes generales de ganancia son: 19,12% para la ruleta; 17,20% para el punto y banca y 29,75% para el black jack. Respecto a la gestión, el documento señaló que los sistemas de apoyo son "elementales" y "se opera con muy baja informatización".

"Algunos arrendatarios de slots han realizado por su cuenta inversiones tendientes a la obtención de información de sus máquinas en tiempo real. Pero son los menos.

La introducción de tecnología informática para el seguimiento de la gestión es una inversión imprescindible a realizar", según consideró la administración.

"Debilidades" Contables

El Tribunal de Cuentas objetó a la Dirección Nacional de Casinos no haber realizado licitaciones por un monto de $ 13.644.349. El organismo de contralor también señaló que no se publicaron contrataciones directas en el sitio comprasestatales.gub.uy por un monto de $ 24.984 y no se dio intervención preventiva al Tribunal por $ 5.747.000, según el dictamen sobre los estados contables al 31 de diciembre de 2005 emitido el 27 de diciembre de 2006. El organismo señaló además como "incumplimientos" a las normas legales gastos por $ 148.364 que no cuentan con norma habilitante. También señaló que no se cumplió con pliegos licitatorios por $ 200.160. Por otra pare, el Tribunal indicó que el sistema de contabilidad patrimonial que utiliza la Dirección General de Casinos presenta "debilidades" y "limitaciones" en su operativa e instó a la institución a continuar con las acciones para mejorarlo.

En el caso de las salas de explotación mixta le recomienda "cumplir con el sistema de control online previsto en el contrato suscrito".

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