Londres | AP. Los turistas que atraviesan gran parte de Europa continental no necesitan cambiar dinero en ninguna frontera, hasta que atraviesan el canal de la Mancha y llegan a Gran Bretaña. A su arribo en este país, los visitantes deben cambiar sus euros por las libras y los peniques tradicionales británicos.
Y este lunes 9 de junio, el gobierno británico anunciará, según se afirma, que la moneda británica no será abolida de momento para dar paso al euro, en lo que constituirá sin duda un revés para el sueño, largamente acariciado, de la unidad europea.
El gobierno del primer ministro Tony Blair sostiene que favorece en principio sumarse al sistema europeo de monedas, pero Gran Bretaña se mantuvo cautelosa al margen del movimiento de los doce países europeos que adoptaron el euro el primero de enero del 2002.
Ahora, se vaticina que el secretario británico del Tesoro, Gordon Brown, dirá el lunes que no se han cumplido las condiciones económicas fijadas en 1997, que deben materializarse antes de que Gran Bretaña convoque a un referéndum sobre su participación en el sistema del euro.
La cuestión del euro ha dividido al público británico.
Los opositores a la entrada del país en el sistema monetario europeo dicen que el euro debilitará la soberanía nacional, en tanto que los partidarios opinan que si Gran Bretaña no adopta el euro, quedará a la zaga en la creación de una Europa unida con aspiraciones a superpotencia.
Pero el debate podría ser superfluo. Una serie de encuestas de opinión afirman que la mayoría de los súbditos de la reina Isabel votarían contra la incorporación de Gran Bretaña al euro. Pese a que se sumó a la Unión Europea hace 30 años, Gran Bretaña ha sido acusada de mantenerse al margen del proyecto de una Europa unida.
La división llegó al máximo bajo el gobierno de la primera ministra Margaret Thatcher, quien temía que su posición conservadora y favorable a la libertad de mercados, sería socavada por el sistema de seguridad social y la fuerza de los sindicatos en el continente.
Pero incluso después de que los conservadores de la Thatcher fueron reemplazados por los laboristas de Blair, persistió la ambivalencia en la actitud británica hacia el euro.
Gran Bretaña, Dinamarca y Suecia fueron los únicos países que rehusaron incorporarse al sistema del euro cuando la moneda fue lanzada para transacciones financieras el primero de enero de 1999, y cuando fue introducida como moneda de curso legal dos años después.
¿Cuáles serán las consecuencias inmediatas de otro no británico para el euro?
Daniel Gros, director del Centro de Estudios de Política Europea, con sede en Bruselas, dijo que la UE desea incorporar a Gran Bretaña al euro, pero no consideraría su ausencia del sistema como una pérdida irreparable.
El rechazo del euro por parte de Londres será un revés para el prestigio de los impulsores de la nueva Europa. Más aún, según los analistas, podría empeorar las ya tensas relaciones de Gran Bretaña con algunos de sus vecinos continentales y ampliar las grietas que se abrieron con ocasión de la alianza de Blair con el presidente norteamericano George W. Bush para librar la guerra de Irak.
Para Francia, la decisión respecto al euro determinará la verdadera postura británica respecto a Europa.
Blair cree que Gran Bretaña deberá incorporarse eventualmente al euro si desea tener una representación sólida en los principales organismos ejecutivos de Europa.
"No creo que haya nada más perjudicial para la influencia británica, para los puestos de trabajo británicos (y) para la industria británica que un repliegue del país a las márgenes de Europa", dijo el primer ministro en una rueda de prensa reciente.
Pero Blair ha insistido siempre en que, antes de incorporarse a la moneda europea, Gran Bretaña tiene que cumplir ciertas condiciones económicas. Y además tiene que convencer al escéptico electorado británico de que tal incorporación es beneficiosa. De otro modo, se arriesgaría a perder un referéndum al respecto.
Entretanto, el euro ha ganado más de un 30% en su tasa de cambio frente al dólar.
La moneda europea alcanzó su máxima de 1,1932 dólares el 18 de mayo, lo cual podría fortalecer la posición de los enemigos del euro, debido a que una moneda en alza encarece los artículos de producción nacional.
Ese encarecimiento afecta directamente a aquellos países europeos que dependen en gran medida de sus exportaciones para mantener a flote su economía.