Aquí no vale todo

DIEGO FISCHER

Me hubiera gustado comenzar mi primera columna del 2012 comentando algún hecho alentador. Pero lo que había pensado escribir para hoy tendrá que esperar unos días.

En la madrugada del jueves pasado un chico de 17 años, hijo de un amigo mío, caminaba rumbo a un boliche de La Barra con su novia cuando fue interceptado por un grupo de ocho jóvenes de entre 19 y 21 años que - tras insultarlo- manosearon a su novia.

Cuando el chico intentó reaccionar lanzando una trompada, el mayor de los agresores le partió una botella de cerveza en la cabeza a la altura de la frente.

No conforme con esto, siguieron pegándole en el piso. Su novia pensó que lo mataban y gracias a que comenzó a gritar se apersonaron integrantes del grupo GEO que se encontraban en la zona y escucharon los alaridos.

Es importante destacar la celeridad y eficacia con que actuó en todo momento la Policía de la seccional 12 de La Barra.

El resultado puede usted imaginárselo: una herida importante en la cabeza a la altura de la frente que fue suturada con varios puntos en el Sanatorio Cantegril, luego de que los médicos dictaminaron -tomografía computada mediante y otros estudios- que no había lesiones cerebrales.

La pesadilla del menor y su novia no terminó con la revisación del forense y posterior alta médica; sino que continuó en el Juzgado de turno donde ambos debieron declarar ante la jueza Adriana Navarro.

En el caso también intervino el fiscal Luis Pacheco. La jueza no dispuso que el menor atacado identificara al agresor; pese a que este, de nacionalidad argentina, se encontraba detenido.

A esa altura eran las cuatro de la tarde del jueves y el agredido además de las puntadas en la cabeza y todos los golpes recibidos en el resto del cuerpo, llevaba un día entero sin dormir. Poco después la jueza dispuso la libertad del heridor.

Resulta difícil calificar la actuación de la Justicia en este caso y quizá sea apresurado hacerlo. Dicen en el ámbito judicial que los jueces hablan a través de sus resoluciones y sus sentencias. Y quizá sea buena cosa. Pero también sería muy bueno que cualquier extranjero, sea cual sea su origen, que venga al Uruguay tenga claro que aquí hay normas que se respetan y quien las transgrede es sancionado. En momentos en que muchos jóvenes creen que el alcohol y las drogas dan patente de corso, es imprescindible que entiendan que no todo vale. También los padres de estos jóvenes deberían tenerlo claro. Porque aquellas preguntas que nuestros padres nos hacían a nosotros cuando éramos muchachos : ¿adónde vas?, ¿con quién vas?, ¿qué vas a hacer? y ¿ a qué hora volvés?, siguen tan vigentes como hace tres o cuatro décadas. Claro que para preguntar hay que estar antes presente.

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