Alzheimer: una amenaza en el proceso de envejecer

| No todos los trastornos de la memoria significan un comienzo de Alzheimer, pero se deben distinguir los "olvidos" cuyo significado no es banal

DR. EDUARDO CASANOVA

Médico internista de UCM

En el último tercio del siglo pasado había comenzado a advertirse que el progresivo envejecimiento de la población se constituiría en un grave problema de salud pública para el siglo XXI. En 1971 Plum y en 1981 Wells anunciaban los efectos de lo que llamaban una "nueva epidemia".

Plum y Wells se referían al crecimiento exponencial de patologías dependientes de la edad, especialmente la demencia. Se llegaría a este resultado por un doble mecanismo: la mayor expectativa de vida obtenida por una mejor tecnología, y una implosión demográfica dada por el menor número de nacimientos que llevaría a un predominio de los ancianos sobre los jóvenes.

El alerta sanitario comenzó al hacerse evidente durante el siglo pasado la inversión de la pirámide de población con el incremento de los mayores de 65 años.

POLITICAS. Este hecho obligaba a adecuar las políticas económicas y sociales a demandas sanitarias diferentes. Dichos requerimientos derivan de la vulnerabilidad propia del anciano que hace más difícil su adaptación al medio ambiente y le hace más susceptible a las enfermedades.

La geriatría comenzó a desarrollarse como disciplina en los últimos 30 años y debió contemplar el aumento de estas demandas en los siguientes aspectos:

A nivel familiar, la muerte del cónyuge y el alejamiento de los hijos no sólo aisla a la persona sino que le resta apoyos y motivación psicológica.

A nivel social, la persona al envejecer tiende a desinsertarse del medio cuando se jubila y el hecho que ya no tiene que tomar tantas decisiones hace que disminuya su incidencia sobre el entorno. Esto hace que aumente su aislamiento porque quienes lo rodean ya no lo tienen en cuenta a la hora de tomar decisiones.

A nivel personal, la persona percibe que la declinación física y psíquica lallevan a una progresiva limitación muscular y osteoarticular que le dificultan mantenerse autoválido. El hecho de comprobar que "ya no es más el de antes" contribuye a desmotivar su participación social.

EL RELOJ BIOLOGICO. Recientemente se puso de manifiesto que en el ADN de los cromosomas llevamos una especie de "reloj biológico" que determina el proceso de envejecimiento a través de una secuencia cronológica de metilación de bases nitrogenadas. Sin embargo, más allá de la posibilidad de modificar este proceso, parece evidente que actualmente hay como dos maneras diferentes de envejecer: con escaso o nulo deterioro intelectual, o con un compromiso tan grave que llega a la demencia senil.

Cervantes, Goethe, Voltaire, Miguel Angel, Newton, son ejemplos de quienes alcanzaron sus obras maestras entre los 72 y los 89 años, pero parecen un número mucho menor comparado con quienes padecen al envejecer daños cognitivos profundos. Sin embargo, actualmente tiende a considerarse que el de este segundo grupo más numeroso no es un envejecimiento normal porque se haya influido por enfermedades sistémicas cardiovasculares y cerebro vasculares.

Quienes sostienen que los trastornos intelectuales integran parte del proceso de envejecer se apoyan en que entre los 20 y los 90 años se pierde el 10% de las neuronas de la corteza cerebral, y que los mecanismos genéticos del proceso sólo se aceleran o enlentecen por factores del medio ambiente. Sin embargo la tecnología permitió comprobar que no existe una clara correlación entre la pérdida de neuronas y los trastornos cognitivos, porque durante el envejecimiento se mantiene la capacidad plástica regenerativa del cerebro.

LOS OLVIDOS. No todos los autores comparten el concepto de que el anciano padece mayor dificultad para recordar los hechos recientes que los hechos antiguos. Coinciden sin embargo en que las consecuencias más graves para la vida corriente y para el trabajo estan en no recordar lo más reciente.

A la angustia que genera este trastorno, a menudo se agrega el temor que produce considerar que se padece el preludio de una grave enfermedad como es el Alzheimer. Sin embargo, estos olvidos no siempre suponen un carácter patológico pudiéndose considerar "normales" o "benignos" cuando no llegan a comprometer la vida cotidiana con graves contratiempos, ni tienen una evolución progresiva. Si bien este tipo de "olvidos" pueden ser más frecuentes en la ancianidad, pueden superarse mediante el uso de claves o "ayuda memoria". Por el contrario, los olvidos patológicos suelen crear más ansiedad en los familiares que en el propio enfermo pues éste suele quitar trascendencia al episodio, ya sea por amnesia del mismo o por confusión mental. Este tipo de olvido tiene valor de preanuncio de una enfermedad más grave, fundamentalmente, cuando tienen una evolución progresiva.

Para considerar que se trata de un "olvido benigno" se requiere:

que la pérdida de memoria deba ser referida no sólo por el paciente sino por otro testigo;

que se trate de un déficit similar al de otro sujeto de la misma edad y nivel de educación;

que presente una función cognitiva global normal que permita desarrollar una actividad básica sin dificultades. No existe demencia.

Fuente: R.F. Allegri y F. Boller. Tratado de Neurología Clínica. Ed. Panamericana. Buenos Aires 2002.

Trastornos cognitivos graves del anciano

Se comprobó que en un grupo de pacientes entre los 65 y 94 años, el síndrome demencial aumentaba su prevalencia cada 5 años de edad en porcentajes diversos de acuerdo al intervalo de edades: entre 65 y 69 años era del 1,4%, y entre los 90 y 94 años llegaba al 38,6%. En dos tercios de los casos los afectados padecían Alzheimer. El tercio restante se dividía entre demencias vasculares y otras demencias vinculadas al parkinsonismo y al alcoholismo.

En Uruguay, un estudio realizado en Villa del Cerro en 1999 demostró una prevalencia de demencia de un 4% por encima de los 65 años de edad, con un 60% para enfermedad de Alzheimer, un 15% para demencias vasculares y un 17% para otras etiologías.

Los trastornos cognitivos del envejecimiento leves o benignos no suponen una etapa clínica temprana del Alzheimer, pero esta enfermedad es más frecuente entre quienes padecen esos trastornos: del 8 al 15% contra el 1 al 2% respecto a la población general.

En 1993 Katzman encontró un efecto protector de la educación contra la demencia enfrentando especialmente grupos de literatos con grupos de menos de 4 años de escolaridad. Es importante para la salud pública cuando se asocia analfabetismo y tendencia al envejecimiento por implosión demográfica. Este hecho empeoraría la situación de América Latina respecto a Europa, agregado a una peor preparación social y económica para enfrentar el problema.

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