GUSTAVO TRINIDAD
Los grupos arrancaron la recta final del Concurso Oficial. Actuaron la comparsa C 1080, la murga Diablos Verdes, los humoristas Cyranos y la murga A Contramano.
C 1080, la comparsa de Waldemar "Cachila" Silva, mejoró algunos problemas que había tenido en las dos actuaciones anteriores, referidas al sonido.
La orquesta sonó menos avasallante y al coro se le entendió mejor al igual que a algunos solistas.
La cuerda de tambores a cargo de Mathias y Wellington Silva junto a Guillermo Díaz, volvió a ser atrapante. Mantuvo una gran trabajo en él tocando en la madera del tambor y a pesar que el nivel de cuerdas de tambores es muy parejo, tuvo cortes originales y potencia cuando lo buscó. El cuerpo de baile femenino resultó tan ajustado en las coreografías como grácil y sensual. La idea del espectáculo que traslada La Divina Comedia a la Divina Comparsa, de Sebastián Bednarik, aparece mejor que su forma de plasmarla en escena.
Este año C 1080 no alcanza el nivel de espectáculos de otros años, como "El Circo C 1080", para citar alguno. Es lógico que el trabajo de creadores que compiten consigo mismos no todos los años pueda superar a lo que ya han realizado en producciones anteriores.
diablos. La murga Diablos Verdes tiene su eje en una kermesse visitada por un abuelo y su nieto. De fondo siempre corre el tema generacional y una crítica a saludables costumbres perdidas entre la vorágine de computadoras y celulares.
Los juegos, como el tiro con pelota para bajar a los ministros, o el tiro al blanco donde repasan el episodio entre Pedro Bordaberry y Rafael Michelini cuando aquel grabó al senador y, por supuesto, la cárcel de la kermesse, donde están los militares procesados por violaciones a los derechos humanos encabezados por Gilberto Vázquez. Esta es la secuencia donde aparece la risa en la platea, faltando menos de 20 minutos para finalizar el show.
El canto de Los Diablos, como no podía ser de otra forma, es sólido, inteligible y los arreglos corales de Jorge "Cocina" Márquez dotan a la murga de gran musicalidad. Los Diablos este año dicen cosas y repasan in extenso la realidad nacional pero el espectáculo no termina de atrapar y le falta mucho humor.
Los humoristas Cyranos presentan la ciudad de Cyranolandia que es atacada por misteriosos vientos, lo que da paso a dos detectives que averiguarán quienes los provocan. El espectáculo es ágil pero recurre a demasiados chistes viejos. Bromear con que son viejos no repara la falta de creatividad de algunos pasajes.
La historia de Celestino, que despierta luego de 27 años, también tiene recurrentes chistes sobre enfermeros y hospitales. Las humoradas están bien actuadas, las coreografías son correctas y el final del espectáculo es a todo color.
La producción es despareja por sus textos aunque en general este año la categoría adolece de ellos.
MURGUEARTE. A Contramano conjuga su espectáculo con la palabra "arte", así "criticarte"; un popurrí que repasa la actualidad nacional, "aburguesarte"; que advierte sobre "los que se aburguesan sin darse cuenta", "amarte"; un viaje en un cigarrillo de marihuana y el arte del "quejarte", una de las mejores secuencias que aborda una critica a la "uruguayez". Sobre el final aparece el gusano que quiere nacer a mariposa, muy similar al "hombre nuevo" del año pasado no solo conceptual sino escénicamente. Es un momento de una estética sugestiva. La murga cantó fuerte, arriba y fue contundente en sus bajos. La batería sonó espectacular. A Contramano debería tener una buena posición en el concurso.