8 de Octubre y Garibaldi: epicentro de una zona azotada por el delito

Inseguridad y bronca. Vecinos y comerciantes admiten que viven con miedo y que la situación empeora | En seis meses mataron en rapiñas a un guardia y a un empleado en un mismo barrio

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En la zona de 8 de Octubre y Garibaldi cada comerciante tiene su historia de robo. Casi todos cuentan que también los asaltaron, pero coinciden en que el asesinato del sábado fue el golpe más duro en una ola de violencia que ya lleva dos años.

Al recorrer los comercios de la zona el escenario se repite: caras tristes, desconfianza hacia todo el que entra y miedo. Nadie da crédito de cómo mataron a Gastón Hernández, el empleado de La Pasiva muerto el sábado de madrugada.

Ayer de tarde el local de comidas lucía casi vacío. Una familia ocupaba una mesa y dos o tres empleados se movían detrás del mostrador; tenían la cabeza gacha y miraban de reojo hacia la puerta. Uno de ellos no soportó la situación y tuvieron que trasladarlo al hospital: el médico le sugirió que comenzara terapia. Un cartel pegado en la puerta agradecía por las muestras de apoyo y las consultas sobre lo ocurrido, pero también pedía que se evite el tema.

"Queremos cerrar lo que pasó, aunque sabemos que hasta que no los agarren (a los asesinos) esto no se va a acabar", dijo Fabián, un encargado del lugar. Luego, admitió que en realidad no sabe si se va a poder superar lo vivido: "Han sido días duros, por la tensión, el nerviosismo y la inseguridad que tenemos todos los que estamos trabajando acá", contó.

Además, el encargado del local de comidas reclamó para poder trabajar en paz. "Nosotros pedimos seguridad en la calle. Esta zona es muy complicada, hay mucha cara rara, más todavía en la noche o los días de partido (el Centenario y el Parque Central están muy cerca)", explicó. A partir de ahora en el local comenzarán a trancar la puerta en la noche y a elegir a quién dejan ingresar.

En Mera, el restaurante que queda frente a La Pasiva, hicieron una colecta para ayudar a la esposa del fallecido. Reunieron unos $ 2.000, pero prefirieron no hablar. También están consternados por lo ocurrido.

ZONA AZOTADA. Durante el día el movimiento es intenso en la zona de 8 de Octubre y Garibaldi, en el límite entre los barrios La Blanqueada y La Comercial. En pocas manzanas están la Universidad Católica, el colegio Crandon, el supermercado Disco, el banco Santander y el Ministerio de Defensa, entre otras instituciones. Avenida Italia, 8 de Octubre, Garibaldi, Centenario y Bulevar Artigas son las arterias por las que corre el fuerte flujo de personas. Los comerciantes creen que la gran cantidad de locales y de gente circulando por la calle resultan un atractivo para los delincuentes, que ven en esas avenidas una fácil vía de escape.

A pocas cuadras de La Pasiva está ubicado el supermercado en el que el 18 de noviembre del año pasado dos delincuentes mataron a un policía e hirieron a otra persona (ver aparte). Luego, en 8 de Octubre casi Centenario hay un súper donde el sábado otra persona fue baleada. El sujeto salía con dinero del local y lo abordó un ladrón que le disparó sin causarle mayores daños. Además, comercios de todo tipo se suman a la lista de rapiñas: ópticas, kioscos, pañaleras, pollerías, panaderías y una casa de celulares que cerró por los robos. Jorge, que atiende un kiosco próximo a La Pasiva, dice que la semana pasada lo asaltaron a punta de pistola y se llevaron la recaudación del comercio. Carina, que trabaja en una óptica cercana, relata cómo un individuo la redujo a punta de cuchillo y pretendió asaltar el local. Otro comerciante que prefirió no dar su nombre cuenta que observó una escalada de violencia y robos en la zona. Todos coinciden en que la situación viene empeorando y que en un lapso cercano a los últimos dos años se disparó la inseguridad.

En tres cuadras, dos asesinatos

A unas tres cuadras de La Pasiva de 8 de Octubre y Garibaldi se ubica un supermercado que en noviembre de 2011 fue escenario de otro crimen. Dos rapiñeros ingresaron armados al local de Garibaldi y Sambucetti y pidieron el dinero de la caja. Un policía que se desempeñaba como guardia quiso detenerlos y recibió cuatro disparos, uno de ellos le dio en el cuello y terminó por matarlo. Otro empleado también fue baleado, pero no tuvo mayores lesiones. La situación en el supermercado en el día de ayer también parecía ser de dolor. Consultados por El País los empleados dijeron que no podían brindar testimonios. Raúl, un almacenero que trabaja próximo al local, dijo que le asusta ir a su negocio y que la situación en la zona es sumamente difícil. "Si pudiera no vengo más a trabajar, ya me robaron varias veces", explicó el comerciante. Luego, contó que tras esas situaciones de violencia tiene miedo de todo el que entra al local y que duda especialmente de los jóvenes que se acercan. "Veo un pibe joven que se arrima y tiemblo", expresó. Además, y en consonancia con otros comerciantes, dijo que observa "pocos policías" patrullando la zona.

Familia entregó a menor fugado

Es investigado por el asesinato de un panadero

Fue reintegrado ayer al Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (Sirpa) un adolescente fugado del Centro de Medidas Cautelares (Cemec) que era investigado por la Justicia por el homicidio de un panadero de Piedras Blancas.

El viernes 11, este adolescente y un rapiñero se escaparon del Cemec ubicado en General Flores y Bulevar Artigas. El escape se realizó en la madrugada tras reducir y tomar de rehén a un funcionario con "una punta" (corte carcelario).

Ayer, uno de ellos fue reinternado en dependencias del INAU, después que la familia lo entregara a las autoridades, dijo a El País el presidente del Sirpa, Rubén Villaverde.

La entrega se produjo después que la gerente de Sirpa, Paula Cores, y la dirección del Cemec llevaran adelante gestiones con los familiares del menor.

La fuga se había producido luego que uno de los menores pidiera para ir al baño. En cuanto se acercó el funcionario y abrió la puerta, otro menor lo redujo utilizando el arma y lo obligó a abrir la cerradura de las rejas. Sorteado este primer obstáculo, ambos internos y su rehén llegaron a otro portón donde debían estar efectivos en servicio 222.

Finalmente, llegaron hasta el portón del centro y pudieron escapar. El servicio de seguridad policial 222 no se encontraba en su lugar en el momento de la fuga, dijeron autoridades del Sirpa.

El 18 de mayo pasado, 13 menores se fugaron del hogar Sarandí en dos tandas. En la primera tanda, ocurrida a las 2 de la mañana, se fueron cuatro menores. Y en la segunda, sucedida a las 8 de la mañana, nueve internos se escaparon. La Justicia investiga a funcionarios y policías por esta causa.

Seis menores del Sarandí fueron recapturados.

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